sábado, 24 de junio de 2017

De Primera

El Tenerife es un equipo,
con sus cinco delanteros,
tres de media y dos defensas,
y Abelito de portero.

Autoestima. No es solo fútbol. Lo de estar en Primera no es una cuestión estrictamente deportiva ni económica ni atañe solo a los aficionados. El hecho trasciende a lo social, a la apreciación colectiva del estado de ánimo. Ser de Primera, usted me entiende, de primera. Con una alta dosis de autoestima todo funciona mejor. También hay quien sostiene que es justo al revés, que cuando las cosas marchan bien se crea el ambiente y aparecen los recursos para conseguir un ascenso. No sé yo, primero es la gallina o el huevo, vaya dilema, aunque poco importa.

Euforia. En la antigua grada de General, ir al fútbol era otra cosa. Aquel no era un espectáculo deportivo; más bien un evento social, casi una experiencia sensorial. El partido en sí mismo, lo que son los jugadores con el balón, se veía muy mal; solo cabezas y banderas, sin profundidad, imposible distinguir una táctica, un desmarque, una combinación. A falta de perspectiva dominaba la emoción, emoción a flor de piel cuando el Tenerife se acercaba al área contraria, cuando Paco Buyo la dejó muerta en el área para que Pier Luigi Cherubino le arrebatara la Liga a todo un Real Madrid. Euforia con intensidad descontrolada, primitiva, una especie de conexión colectiva más allá de un mero estado de felicidad transitorio; un chute de adrenalina difícil de explicar e imposible de imaginar para quien contempla la misma jugada y aplaude desde Tribuna. No sé si ahora, en el nuevo Heliodoro, en Popular, en el rincón del Frente Blanquiazul, donde siguen de pie, las sensaciones serán las mismas, debería probar, aunque no sé yo... Quizás mejor me quedo con el recuerdo.

Evolución. Desde Herradura aquello era otro deporte y otras sensaciones; más fútbol, claro, con la posibilidad de ver a Chano en la banda para que Pizzi marcara más de treinta goles en una temporada. Desde arriba, el campo enorme para las galopadas de Felipe Miñambres y de Oliver Neuville, antes de que triunfara en la Bundesliga. Y en Tribuna, que es otra cosa, todo muy comedido y formal, con algún exaltado aislado empeñado en insultar al árbitro y otros tan sobrados acostumbrados a Primera: "Fernando Redondo está bien para el fútbol sala", se escuchaba en la grada. Qué tiempos. Como anfitriones, acuérdese de Romário da Souza, quizás el mejor jugador que yo haya visto en vivo, y de tantas otras estrellas mundiales.

Gol. Descubrimos de casualidad que Abel fue portero del CD Tenerife en los años treinta del siglo pasado, y cobró sentido ese estribillo que apareció entre los recuerdos antiguos de mi padre. Él iba al Estadio en aquella época a ver al Marino de Las Palmas con mi abuelo. Entonces el fútbol era mucho más rudimentario, pero tenían claro que el espectáculo requería ir al ataque (cinco delanteros, ¡ay, Martí!). Ahora viene conmigo. Le encanta, y eso que le cuesta seguir el partido; "¿cuál es el Tenerife?", me pregunta a cada poco, y yo le voy contando las faltas, los fueras de juego y los córners, "que son medio gol", como siempre puntualiza. Lo mejor es cuando el Tenerife marca y el Heliodoro ruge. Reacciona eufórico, feliz, cantamos el riqui-raca y pienso que igual le pasa como a mí en aquella vieja grada de General. Me encanta.

De Primera. Celebraremos hoy el ascenso del CD Tenerife. No sé por qué. Ahí lo dejo. Llámelo intuición. Por eso soy el optimista nato.


sábado, 10 de junio de 2017

Vivir o morir

Vivir. El problema de morir es que usted no sabe cuándo va a ocurrir. Si supiera la fecha podría
administrar el tiempo y el dinero disponibles para un aprovechamiento óptimo: mantener bienestar, buscar la felicidad y tratar de no dejar nada pendiente. Pero no lo sabe. Y tampoco querría, créame, saberlo sería un sinvivir en sí mismo. Tal incertidumbre, el futuro, la esperanza nos sostiene.

Certeza. Usted no conoce el momento ni el estado en que llegará a sus últimos años, yo tampoco. Por encima de los 85 tendrá -tendremos- una probabilidad del 50% de padecer una demencia, no porque lo lea usted aquí sino porque así lo indica la estadística. No hay escapatoria y si no es a usted le tocará a su pareja, que es soltero, a su amigo. Y no es una cuestión menor porque no se dará cuenta de que esos despistes son el principio de algo más grave que le impedirá a medio plazo vivir con autonomía, luchará para negarlo, hasta que llega el día. Terrible sí, pero no exagero. En el último episodio de la serie usted será dependiente; yo también.

Sorteo. Podrá obviar la evidencia y jugársela. Quien piensa que mañana le caerá un rayo o que será atropellado por un camión se quita un tremendo peso de encima, quien esté convencido de que pertenece al otro 50% vivirá aliviado y quien afirme que cuando llegue al río cruzará ese puente no entiende lo delicado del fenómeno: no te enteras hasta que es demasiado tarde. Puede que a usted le dé igual, qué más da, que ocurra lo que tenga que ocurrir, que se cumpla la divina providencia y que llegado el momento Dios proveerá; y no es mal plan si usted ha cultivado un círculo familiar que sea capaz y esté en disposición de hacerse cargo. A mí no me da igual, no quiero trasladar un problema mío a mi familia por mucho que me quieran y yo sepa a ciencia cierta qué tal sacrifico lo harán sin titubeo; no, yo los quiero más. También puede que usted sea de los que no tiene familia. O de los que no se fía. O de los que se resigna a ponerse en manos de la Administración Pública competente.

Trance. Lo suyo sería que usted pudiera planificar los últimos años de su vida -y yo de la mía-, dejar escrito cómo quiere ser atendido en el caso de que sobrevenga la dependencia y no estuviera ya en situación de tomar decisiones. Dónde, en qué condiciones y cómo debe ser administrado su patrimonio -propiedades y ahorros- para que su vejez no resulte una carga para nadie, sin comprometer bienestar ni dignidad. La cosa tiene tela. Imagínese a sí mismo, en plenas facultades, en el trance de elegir la residencia donde le gustaría ser atendido. Nada fácil.

La idea. Que la sociedad civil se movilice para dar respuesta a esta realidad. Que quienes dispongan de recurso económico puedan destinarlo con garantías a sufragar una digna calidad de vida. Que los recursos excedentes se utilicen para que otras personas puedan optar también a unas condiciones igualmente dignas. Enorme misión. Y para ello crearemos el instrumento legal que permita tutelar a quienes en su vejez no tengan soporte familiar y también para atender a los que elijan liberar a sus seres queridos de las obligaciones meramente asistenciales; construiremos y explotaremos residencias con altos estándares de calidad, sin renunciar a vivir, donde usted iría encantado si le dieran la opción. Le invito a participar en el proyecto, a que aporte sugerencias, a que comparta esta inquietud, que la haga suya.

(Le animo a que deje su comentario. Los comentarios en este blog se moderan antes de publicar)

(Publicado en el periódico El Día el 10 de junio de 2017