sábado, 21 de enero de 2017

Atascos


Análisis. Dedicamos miles de horas a discutir asuntos sobre los que nosotros, ciudadanos de a pie, no tenemos información suficiente ni capacitación técnica que nos permita discernir con conocimiento de causa. Nada grave sino fuera que, con todo ese rebumbio, se conforma la "opinión pública", un compendio de creencias, suposiciones y entelequias con muy escaso fundamento. Tampoco tendría mayor importancia si esas voces no fueran escuchadas ni tenidas en cuenta por quienes deben tomar las decisiones, pero lo hacen, por deferencia, por exquisito respeto a sus votantes como-no-podía-ser-de-otra-manera. Se azuza el debate político mediante conjeturas, qué fatalidad, y se pierde el tiempo, no se avanza en resolver los problemas ni se detecta sus causas. El debate, para que fuera productivo, exigiría un exhaustivo análisis técnico, una exposición de alternativas con su valoración económica, sopesados sus efectos y el detalle de pros y contras. Entonces, con sólidos argumentos, que quien corresponda decida, busque las perras y actúe.


Tertulia. Cada aficionado es un entrenador en potencia, propone su alineación y plantea su propia estrategia, combustible para una buena discusión deportiva. Imagínese que la grada eligiera la táctica de juego, quién debe ocupar el medio volante o cómo plantear la defensa, por aclamación o a mano alzada, igual da. Imagínese, bastaría hacer la prueba para acabar con el espectáculo. En analogía, las paridas para tratar los problemas del tráfico o de la sanidad o de la economía -cuestiones trascendentes para preservar nuestra calidad de vida- son en realidad materia de nuestra tertulia futbolera, legítimas, en el ejercicio de nuestra libertad individual, pero no aptas para mucho más.

Acción. La participación ciudadana a todas horas y para todo, tan de moda, se convierte en tertulia futbolera. Los elegidos para gobernar traían un plan, pues que lo cumplan, que estén dispuestos a aguantar la presión. Reivindico la eficacia de las urnas, súmmum de la democracia: que no resuelven, pues andando, pongamos a otros.

Concreción. Salvadas las obviedades, no tengo ni idea de cómo acabar con los atascos que sufrimos en Tenerife, un asunto con absoluta prioridad del que derivan otro montón de problemas. Será un túnel entre La Orotava y Güímar, la olvidada Vía Exterior, un nuevo enlace en Las Chafiras, una autovía entre Los Realejos y Santiago del Teide o la implantación de un carril VAO, ni idea, confieso que no sé cual es la mejor opción. Decida usted que para eso se presentó en la lista, mire a ver, estudie las opciones, decida lo que sea, pero hágalo ya. Y si alguien piensa que cualquiera de esas obras pudiera ser un disparate que haga un "canario conoce tu tierra" y constate cómo se resolvió este asunto en Gran Canaria con sus quilómetros de circunvalación, sus túneles, sus viaductos y sus tres carriles hasta donde hizo falta; ¿que todo eso costó un dinero? Pues claro. ¿Que ahora no hay? Pues que lo pinten.

Intereses. Todo este episodio de las cláusulas suelo es muy lamentable. Qué desfachatez del Tribunal Europeo que llama idiota al común de los consumidores. Las hipotecas, un servicio voluntario, ¡vaya esnobismo hoy en día!, amnesia colectiva, olvidamos que éramos expertos en especular sobre plano: las de tipo fijo, las más caras, y las de tipo variable con suelo o sin él, cada una con su precio. Cambiarán las condiciones, no habrá descuento por compartir el riesgo y subirán los préstamos; qué más da, pensarán quienes reclaman ahora, a los más jóvenes que les den. Error descargar en los bancos nuestra frustración, como piezas básicas del engranaje socializan el acceso al capital, primer escalón hacia la igualdad, conclusión que explica muchas cosas.

(Publicado en el periódico El Día el 21 de enero de 2017)


domingo, 15 de enero de 2017

El turismo y la elección del modelo económico

Siempre hay un pero. Los resultados de la actividad turística en Canarias del pasado año son
impresionantes en número de visitantes (clientes) y volumen de dinero (facturación)... pero, pero. La bonanza se interpreta con matices: sí, pero, ¡cómo nos gusta buscar pegas y encontrarlas!
El mérito de esta situación favorable no es de los operadores que ofrecen servicios adecuados a precios asequibles en un entorno apetecible, no, sino la consecuencia de conflictos de toda índole en los destinos turísticos competidores, vaya. Además, no es que el turismo genere una importantísima cantidad de dinero, que sí, pero, es que ese dinero no tributa en las Islas lo que debiera y que una parte importante se queda en los países emisores. Por si fuera poco, no es que se hayan incorporado no sé cuántas miles de personas al mercado de trabajo como consecuencia de esa pujanza, sino que los contratos laborales son temporales, que hay precariedad laboral y que se crean puestos de escasa capacitación. Y para rematar, nos han convencido de que no es bueno que vengan tantos turistas, que sería mucho mejor que vinieran menos que pagaran más. Incluso están identificados los culpables: nuestra política local -ayuntamientos, cabildos y gobierno autonómico- que son unos rebenques y han decidido un modelo económico indeseable. Herencia de otros tiempos, será, esta creencia, cuando la vida del pueblo estaba en las manos del cacique.
La política no tiene capacidad para dictar un nuevo modelo económico. Los Estados y sus órganos descentralizados pueden -y así lo hacen- establecer condiciones legales que favorezcan o que impidan determinadas actividades y los impuestos que se aplican a cada una de ellas. No es un efecto directo y a veces decisiones bienintencionadas tiene resultados no deseados. Se quiso mejorar la "calidad" de los turistas y se prohibió por ley construir hoteles que no fueran de cinco estrellas (la famosa moratoria, tumbada por el Constitucional, sea dicho de paso), frenazo a la construcción de nuevas plazas aunque hubiera suelo y clientes disponibles, precio que quisieron pagar, pero supuso un incentivo para no rehabilitar la planta hotelera obsoleta al desaparecer la amenaza de nuevos competidores, consecuencia no pretendida.
Casi todas las propuestas en el ámbito de la política económica ya están probadas, se sabe qué ha pasado y por qué, las que escuchamos desde la izquierda o desde la derecha, por eso es tan importante que quienes gestionen lo público tengan una potente preparación técnica. Se basan en incentivos básicos -invertir, subvencionar, prohibir, regular, gravar- para impedir los abusos inherentes a los mecanismos básicos del mercado: equilibrio entre la oferta y la demanda, libertad del consumidor y libertad de competencia. Totalmente de acuerdo, es prioritario impedir los abusos, pero sin renunciar a esas libertades. Lo del modelo, en fin, siempre acaba por imponerlo el mercado.

sábado, 7 de enero de 2017

Gobierno de CC en minoría

(Publicado en el periódico El Día el 7 de enero de 2017)

La teoría. Es lógica la confusión. Difícil distinguir entre las funciones del legislativo y las del ejecutivo. Confusión en las palabras. Quienes gobiernan imaginan un futuro, tratan de responder a preguntas generales del estilo ¿qué hacemos?, ¿qué queremos ofrecer para mejorar el bienestar de los ciudadanos?, ¿con qué prioridad? El Parlamento -o cualquier pleno municipal- conformado por personas de la calle que aportan su punto de vista y procuran (en teoría) alcanzar consensos: gobernar es una tarea compleja, trabajo en equipo, precisa diálogo y, además, no se puede delegar. Tomadas las decisiones toca gestionar, actuar, responder preguntas más concretas: ¿cómo lo hacemos?, ¿quién lo hace?, ¿con qué medios? o ¿cuánto cuesta? Gestionar una administración pública es un trabajo profesional que exige alta cualificación. Mientras que para ser elegido y gobernar solo se requiere prudencia, sentido común y algo de imaginación, para gestionar se necesita experiencia, formación específica y habilidad para dirigir equipos. El gobierno está en el ámbito de la política, mientras que la gestión es una cuestión técnica.

La práctica. Hay confusión. La gestión engancha, es activa, ocupa, exige plena dedicación, va de hacer planes y ponerlos en marcha, establecer control, procurar transparencia. Por el contrario, el ejercicio del gobierno tiene otros plazos y es mucho más aburrido: reflexión, visión, paciencia, capacidad de abstracción y de análisis. Gobernar y gestionar, ambas facetas imprescindibles, juntas pero no revueltas. Por tanto, en Canarias, Gobierno de CC en minoría -lógica confusión en el uso del término, porque el ejecutivo no gobierna, gestiona- mientras no se articule otra mayoría, nada que objetar, un Gobierno atado por mandato parlamentario, el que sea. Que se apliquen sus señorías en estudiar cada partida de gasto e inversión y en pedir las explicaciones de cada euro empleado. Que el presidente nombra a algún consejero con experiencia en la empresa privada, pues muy bien, seguro que aporta algo nuevo a la gestión de lo público.

El resultado. Impredecible. En cualquier caso, con la configuración actual de la cámara regional -obligados a entenderse- la responsabilidad será compartida. Votamos a los diputados, no a un gobierno. A quienes son designados a dedo exijamos menos política. A los sesenta elegidos que ocupan el hemiciclo de Teobaldo Power reclamemos precisión, que se percaten de la gravedad de su misión y de quién ostenta el poder, el poder del pueblo, para usarlo por delegación expresa.

El poder. Equilibrio entre los cuatro poderes del Estado para una democracia sana y próspera. Ni se debe confundir el ejecutivo con el legislativo, como hemos comentado, ni estos deben influir sobre el poder judicial. Y luego la prensa. En la aldea global de la internet, las redes sociales consiguen sustituir a la prensa, un ente etéreo mueve los hilos en la era de la postverdad y goza de impunidad para difundir ficción como realidad con fines inconfesables. Socavado el poder de la prensa, peligro para la democracia, poder que también emana del pueblo, por cierto, pueblo que se vendió por dinero: consumimos información gratis a tutiplén, no debe sorprender que venga adulterada. Aprendizaje con consecuencias, veremos cómo se resuelve; habrá que buscar un prescriptor fiable que contraste la noticia, como sugieren los expertos; volver a poner en valor el trabajo periodístico en la extensión amplia del término.

La maldición. El concepto isla es una abstracción terrible. Una premisa falsa que da lugar al injusto planteamiento del equilibrio basado en el territorio sin tener en cuenta a las personas, a su bienestar, objetivo último de la política. El reto para el futuro cercano obliga a pensar Canarias como un todo y actuar en consecuencia con voluntad y ganas.

domingo, 1 de enero de 2017

2017

La única realidad es que nos hacemos más viejos, circunstancia que no es mala en sentido estricto,
efecto ineludible de la vida. Me gusta el tiempo dividido en hitos, ayuda a enfocar. No fue especialmente memorable este 2016, un año raro, por bisiesto, confabulación astral o por pura casualidad. Ahora empezamos otra vez, primero a reflexionar qué queremos y después nos pondremos a ello, en dos pasos, porque sin análisis previo, sin destino, la cosa no funciona; al que no sabe a dónde va ningún viento le es favorable, que decían los clásicos. Pues eso. Propósitos, claro, los que conforman la ruta. Me quiero aplicar, sobre todo en la toma de decisiones, pensar más con el corazón y menos con la cabeza: no siempre lo que parece mejor resulta lo más conveniente. Allí donde mandan las circunstancias anticipar lo menos posible, buscar la solución en el momento, resignación.
Año nuevo, misma vida, dicta la experiencia. Que sí que algo cambiará, por supuesto, como siempre, pero no debemos esperar la hecatombe, esa que se anuncia de forma recurrente. Ni Trump es lo peor que podría pasar -acuérdese de George W. Bush- ni la UE se va a desmoronar por el Brexit, lo hará, en su caso, por su ineficaz deriva burocrática y proteccionista. Ni los catalanes independentistas se saldrán con la suya, que no tienen cómo pagar la fiesta, ni el Rajoy de ahora será peor que el de antes. Y puede que no, que no se repita elecciones en breve, que se produzca el pretendido pacto de estado PP-PSOE pero encubierto, acuerdo a acuerdo, para que todo siga como está. Inercia, se llama.
Ya nos enteraremos cuál pretendía ser la estrategia del grupo socialista en Canarias. Que hubiera discrepancia, por qué no, pero no entiendo bien los desplantes. A ver. Mientras, el gobierno en minoría funcionará hasta que no se conforme una mayoría alternativa; perdón por la perogrullada, pero no parece que tal posibilidad exista a priori. Se acabó el pacto y el pacto en cascada, aun así veremos muy pocos cambios en la política municipal. Quedan dos años y medio de legislatura, lo que no se mueva ya quedará en el aire... empieza la cuenta atrás. Vaya, la vida que se repite.