sábado, 5 de agosto de 2017

La ficción aumentada

Descubrir. Acostumbro a comentar con usted esas cosas que ocurren a nuestro alrededor que carecen del mínimo sentido común. Me encanta revelar "puntos ciegos" tal y como los describe el escritor libanés Amin Maalouf, esos matices de la realidad que la sociedad no es capaz de ver, injusticias y dogmas de fe que una vez superados nos avergüenzan porque destapan el abuso, la estupidez o ambas conductas tan frecuentes. La desconsideración de las leyes hacia las mujeres, por ejemplo, a las que hace apenas cuarenta años no permitían abrir una simple cuenta bancaria o el empleo masivo de la energía atómica sin sopesar sus riesgos reales, inherentes y persistentes -vaya enseñanza Chernóbil o Fukushima, qué necesidad-. Cuántos otros tan cerca de saltar por los aires como la práctica masiva de la economía sumergida o la insistencia en los nacionalismos con sus predecibles consecuencias de conflicto e insolidaridad.

Distinguir. La revolución de los dispositivos móviles, qué pasada, y sobre todo la capacidad y velocidad de las redes de datos que permiten ver vídeos que se descargan sobre la marcha o participar en complejas partidas multijugador. Fantástico, aunque no confundamos la herramienta. Las cinco pulgadas de nuestro "smartphone" están muy bien para chatear en WhatsApp y para las bobadas del Rubius, pero se quedan cortas para el último estreno de Marvel. Si no existiera el cine veríamos las películas de acción en el telefonillo, de acuerdo, pero no es el caso. Que el cine es caro, dirán en su descargo quienes sacan chepa y entrenan presbicia. Y es verdad, puede que sea caro -las cotufas especialmente-, cuestión de oferta y demanda quiero entender, y es que los cines están vacíos a pesar del espectáculo insuperable, la emoción, la música envolvente y la pantalla gigante que nos sumerge sin escapatoria en la ficción.

Sentir. No hay color, no es lo mismo reproducir la lista de Spotify que ver a U2 en el Olímpico de Barcelona. El rock no solo se oye, empapa.

Liberar. Que en la ciudad de San Francisco se ponga de moda ir al gimnasio a caminar en la cinta con vistas al océano Pacífico está muy bien, permite quemar estrés y contemplar la bruma; invento del hombre blanco al oeste de las Rocosas. Que en Santa Cruz emulemos al gringo tiene otro nombre: no habrá ramblas, avenidas, parques y playa para caminar sobre el terreno a la sombra de los laureles de Indias o bajo el sol primaveral. Que nos tragamos el humo de los coches, dirán en su defensa quienes han hecho la inversión en la maquinita. Y también llevan razón. He ahí otro punto ciego: la ciudad organizada para los coches, para que aparquen y circulen, en vez de considerar a las personas. Un asunto inaplazable para las próximas décadas: más espacio para caminar, menos humo y más vida en la calle. No tengo remedio, me sale el rejo, y eso que me propuse no hablar de política.

Disfrutar. Que en la vieja Italia añoren el Adriático de finales del verano lo podemos entender, qué maravilla. Que nos quieran vender un jacuzzi como experiencia sublime, en fin, habrá gente que no ha experimentado la espuma de nuestro mar en la batiente. La corriente nos arrastra al ámbito privado para contemplar el mundo; reivindico participar en él. Interactuar en las redes sociales es el presente, pero sin olvidar cómo entablar conversación en el bar. Somos seres relacionales que disfrutamos con la interacción en directo. Téngalo presente. En nada la tecnología permitirá producir alimentos para todos y los robots acapararán el trabajo manual: solo nos quedará el ocio. Quién lo diría.

(Publicado en el periódico El Día el 5 de agosto de 2017)

viernes, 4 de agosto de 2017

La cooperativa


Qué pena. Participar en una cooperativa supone un ejercicio de confianza que no siempre todos están dispuestos a realizar. Porque la cooperativa no es un ente abstracto ni una organización anónima de la que nos podemos aprovechar. La cooperativa es la suma de los muchos productores individuales, esa es su fuerza. Una marca potente en sí misma que identifica riesgo y esfuerzo de partes iguales, que se defiende bien en el mercado gracias al aprecio del consumidor que entiende el beneficio colectivo y compartido.
Tampoco es una sociedad recreativa a la que vamos a pasarlo bien. La cooperativa es un instrumento para planificar cultivos, para empaquetar y sobre todo para comercializar. La economía de escala aporta valor y permite conseguir un mejor precio de venta. Porque el fin último es vender y cobrar, claro está, vender mucho, para que el volumen compense los costes fijos. La cooperativa hace de regulador y permite vender producto agrícola de manera continua, tal y como lo demanda el mercado. La única manera de ser proveedores fiables de las grandes superficies y las cadenas de supermercados que les importa poco el origen de la verdura o de la fruta, buscan precio, calidad y continuidad de suministro. Y eso se lo ofrecen los importadores, que ya se ocupan con eficacia de buscar de dónde traer cada cosa. O las cooperativas, si consiguieran organizar a sus agricultores.
La supervivencia de la cooperativa precisa confianza y respeto de los socios a unas normas básicas de funcionamiento. La tentación del dinero es muy grande y acecha en cada esquina: ¿por qué llevar mis tomates a la cooperativa si el gangochero me los paga de contado? Una decisión individual que perjudica a todos, también al pecador, que además de traicionar esa confianza no calcula que lo que saca de más lo acabará pagando por el otro lado. Porque los gangocheros, con menos costes, venden más barato, muchas veces sin declarar, botan el precio, obligan a la cooperativa a colocar incurriendo en pérdidas -tiene una estructura que pagar-, pérdidas que se reparten y se sufragan también a partes iguales. Qué pena: las cooperativas mueren asesinadas por sus socios desleales.
Sin canal para comercializar el agricultor se enfrenta solo al mercado. O atrapado en manos del gangochero -de sus propios intereses y de su manera poco ortodoxa de trabajar-, o bien enredado en atender su cultivo y buscar clientes, lanzar el córner y rematar a gol. El agricultor huérfano: solo para decidir qué plantar y cuándo, para presentar el producto en el embalaje adecuado, para el transporte, para la gestión comercial, para la venta, para facturar, para cobrar, para llevar los libros y liquidar los impuestos. Titánico esfuerzo. El agricultor de forma individual no puede garantizar continuidad de suministro ni variedad ni cantidad. Queda a la merced de la corriente: pequeño pez en un mercado competitivo y oscuro que alberga horrores. Y así, desconsolados, descubrimos que la cooperativa no era tan mala idea.
El presente. No volveremos a ver aquellas cooperativas con enormes almacenes ni tantísimo personal. El desarrollo tecnológico actual permite organizar productores y gestionar la comercialización de otra manera. Producciones ajustadas a la demanda de una agricultura moderna -la que podemos desarrollar en Canarias-, intensiva, de explotaciones de pequeño tamaño, con productos de alta calidad, fuera de temporada, exóticos. No solo vegetales sino también productos ganaderos y elaborados con carácter que incorporen el valor de nuestro acervo. Sistemas inteligentes que interactúan con el cliente final que ya no solo está en las Islas, sino también en Península y en Europa.
Nuevos escaparates on-line que ya funcionan capaces de exponer productos en mercados geográficos antes descartados que pedirán abastecerse en pequeñas partidas, que por fin son visibles y accesibles para un nuevo consumidor exigente. Una nueva oportunidad, distinta, mucho más rentable para agricultores profesionales que tendrán sus cosechas pre-compradas a un precio más atractivo, capaz de dinamizar nuestros campos y de atraer talento, iniciativa e inversión a nuestro agro.
Estos sistemas, este nuevo concepto de plataforma de comercialización, necesita también del compromiso y la confianza del agricultor, como individuo y como colectivo. La experiencia del pasado, ese fracaso del cooperativismo clásico, debe servir de enseñanza. No hablamos solo de innovación, de software y de procedimiento, sino de personas y de sus comportamientos responsables. La innovación nos traslada a un futuro deseable para el sector primario con mayor profesionalización, con protagonistas enfocados al negocio, al que se incorporen los jóvenes, donde la emprendiduría rural cobra especial sentido como nicho de generación de trabajo y de riqueza.

(Colaboración para el libro "Tejina 2017. Fiestas en honor a san Bartolomé", pág. 40)

domingo, 23 de julio de 2017

Nosotros íbamos a Ten-Bel

El club. En Ten-Bel aprendí a nadar, montar en bicicleta y andar en pandilla; esas cosas que no se
olvidan. Un sitio de veraneo de verdad. Repetíamos. Libertad total con una rutina en evolución constate: desde pequeñitos hasta adultos, fueron muchos años, todos los veranos. Éramos tribu. Por la mañana a La Ballena, por la tarde a la piscina a Géminis, a Frontera o a Maravilla. Nos movíamos por todo aquello como peces en el agua. El ping-pong que servía de excusa para romper el hielo. El mar. Madrugar para salir a correr. Mi padre en el muellito con la caña de pescar, su gorra y una mano atrás. Y las olas... Podríamos hacer un club quienes, como a mí, al recordar la felicidad de aquellos momentos, nos embarga cierta nostalgia treinta años después. Me atreví y fuimos con los niños hace doce; estuvo bien, curiosa experiencia, aunque afloraba ya cierta decadencia. Dicen que ahora el abandono es total, qué pena; no he vuelto.

El negocio. De cómo funcionaba el modelo no entendía nada, claro, me contaron después. Ten-Bel nació como una lucrativa operación inmobiliaria bien organizada para un sólido proyecto turístico. Los apartamentos se vendieron desde el principio a inversores particulares, uno a uno, casi todos belgas, por una pequeña fortuna de la época. Los promotores explotaban y con los beneficios se pagaba el mantenimiento de piscinas, jardines y zonas comunes; gran negocio y bien financiado. No sé cómo se retribuía al propietario ni cómo podía disfrutarlo para su uso privado ni si el acuerdo de compra-venta incluía el compromiso de aprovechamiento y sus condiciones; quizás alguien pueda aportar luz en este extremo. Un caso de estudio, sin duda, para una escuela de negocios o para la Cátedra de Turismo, que permitirá esclarecer el origen del problema actual, aprender y evitar que vuelva a ocurrir en cualquier otro sitio.

La solución. Lo que ocurrió se puede intuir: con el paso del tiempo, a medida que los propietarios dedicaron sus apartamentos al uso particular, al alquiler vacacional o al residencial -fenómeno paulatino e imparable-, la actividad turística pierde fuelle hasta que deja de ser rentable y desaparece. Y entonces, sin recursos extra, son los dueños quienes deben hacerse cargo de todo. Y ya se sabe lo complejo de las comunidades de propietarios. Lo difícil que debe ser manejar "esta, nuestra comunidad" en tantos idiomas, con herederos perdidos por Europa, con residentes y turistas, para sufragar unos gastos muy altos tan poco habituales por la propia naturaleza de la urbanización. Ahí está el reto para el futuro, que alguien lidere, ponga orden y haga cumplir la ley de la propiedad horizontal (de la que soy fan, que conste, por bien pensada). Con un poco de arrojo y la ayuda del juzgado, la comunidad se quedaría con los apartamentos de los morosos, apartamentos que podría explotar para generar ingresos, bajar las aportaciones y recuperar esplendor.

La culpa. Dicen también que hubo irregularidades en el cese de la actividad por parte de la empresa explotadora e inacción municipal. Ahora que la justicia española se ha puesto a desmontar chiringuitos que parecían bastiones inexpugnables hay esperanza, que investigue y acote responsabilidades.

La enseñanza. Tengo por costumbre consumir en los sitios que me gustan y cuando no voy los recomiendo. Puro egoísmo porque mientras tengan éxito seguirán abiertos y podré disfrutar de ellos. No quiero descuento, que ganen dinero por idéntico razonamiento, que para llegar a ser adepto acepté sin peros la calidad, el precio y el atendimiento. Acuérdese, que luego nos pasa como con Ten-Bel, que ya no es lo que era y nos entra la llantina.

(Publicado en el periódico El Día el 23 de julio de 2017)

sábado, 8 de julio de 2017

Futuro

Sin destino. Me fascina el futuro. Por incierto. No piense que renuncio a vivir el presente o que reniego del pasado, en absoluto. Como epicúreo practicante disfruto la vida con inmediatez y los recuerdos, ¡ay!, jamás imaginé su importancia hasta que el fantasma del Alzheimer entró en casa. Somos una acumulación de momentos, buenos y malos, felicidad, tristeza y arrepentimiento, todo sirve para ser mejores personas, material de relleno donde cimentar el futuro. Me encanta, decía, me he vuelto no determinista, es decir, que no creo que el destino esté escrito. Haga la prueba, tome una decisión, una cualquiera, una grande -cambie de trabajo- o una pequeña -cruce de acera-, y observe como se desencadena una nueva realidad. El efecto mariposa, ¿se acuerda?: el aleteo de una mariposa en París provoca un ciclón en Tahití.

Voluntad. "Podría escribir el futuro de cada uno de ustedes en un sobre y no me equivocaré", sentenciaba don Cándido Gutiérrez y Gutiérrez en primero de carrera. No lo entendíamos entonces, ahora sí. Nunca supe si lo hizo ni el resultado, en su caso. En realidad tanto da, hablaba de actitud y nos enseñó una lección impagable. Su historia personal es un testimonio al que recurrir cuando no se ve la luz al final del túnel: aprendiz en una mina asturiana se vino a Tenerife a trabajar en la construcción, estudiaba por las noches, sacó su bachillerato, su título universitario y su plaza de profesor titular; uno de los buenos. Perseverancia, esfuerzo y tenacidad: el futuro se modela a voluntad. Claro, hay que tenerla.

El timón. Salvo hecatombe natural o guerra nuclear, que entonces nos importará bien poco, el paso de los años nos ofrece algunas certidumbres que no debemos obviar. Que vamos a morir, por ejemplo, que se verán mermadas nuestras facultades físicas y mentales o que llegará el día en el que no tendremos las ganas ni el cuerpo para ganarnos el sustento. No soy pesimista, ¡eh!, no me lo permito, es la pura realidad. Por tanto, salvo que renunciemos a llevar el timón de nuestra mundana existencia que incluya el traspaso de poderes a un tercero, resulta inteligente tener pensado un plan de contingencia. En lo material: ahorros, una vivienda con ascensor o cambiar la bañera por plato de ducha; en lo espiritual alguien que te quiera y que te cuide. Enfrascados en este debate una amiga me dice que nada de eso, que ella, cuando perciba el deterioro, optará por el suicidio; ilusa, le respondo, no sabrá encontrar el día, querrá disfrutar uno más y después otro, hasta que se olvide de que esa fue su opción. Estamos programados para sobrevivir, a cualquier precio.

Pistas. "No hables de futuro es una ilusión cuando el rock&roll conquistó tu corazón". Loquillo y Trogloditas tocan magistrales la poesía de Sabino. Porque el rock tiene eso, que se mete dentro, -la batería, las guitarras eléctricas y la puesta en escena- atrapados en letras inmortales con la emoción del espectáculo, no hay nada igual. La Internet, con todo el contenido a un click, no puede competir con la adrenalina de la música en vivo: tonifica, rejuvenece y da esplendor. Las experiencias desbancarán a lo material en nuestra escala de valores: la música, el cine, el deporte, el entretenimiento en general.

Aguardo impaciente. No sé si será un robot o una forma nueva de concebir lo cotidiano, no lo sé porque no está inventado, pero estoy seguro de que dejaremos de hacer las labores domésticas, son una lata y alguien habrá que se ponga a ello. La tecnología al servicio de las personas. Mola el futuro.

(Publicado en el periódico El Día el 8 de julio de 2017)

(La entrevista a don Cándido en La Gaceta de Canarias es de 1990, me la envía su nuera María Jesús Díaz González)

sábado, 24 de junio de 2017

De Primera

El Tenerife es un equipo,
con sus cinco delanteros,
tres de media y dos defensas,
y Abelito de portero.

Autoestima. No es solo fútbol. Lo de estar en Primera no es una cuestión estrictamente deportiva ni económica ni atañe solo a los aficionados. El hecho trasciende a lo social, a la apreciación colectiva del estado de ánimo. Ser de Primera, usted me entiende, de primera. Con una alta dosis de autoestima todo funciona mejor. También hay quien sostiene que es justo al revés, que cuando las cosas marchan bien se crea el ambiente y aparecen los recursos para conseguir un ascenso. No sé yo, primero es la gallina o el huevo, vaya dilema, aunque poco importa.

Euforia. En la antigua grada de General, ir al fútbol era otra cosa. Aquel no era un espectáculo deportivo; más bien un evento social, casi una experiencia sensorial. El partido en sí mismo, lo que son los jugadores con el balón, se veía muy mal; solo cabezas y banderas, sin profundidad, imposible distinguir una táctica, un desmarque, una combinación. A falta de perspectiva dominaba la emoción, emoción a flor de piel cuando el Tenerife se acercaba al área contraria, cuando Paco Buyo la dejó muerta en el área para que Pier Luigi Cherubino le arrebatara la Liga a todo un Real Madrid. Euforia con intensidad descontrolada, primitiva, una especie de conexión colectiva más allá de un mero estado de felicidad transitorio; un chute de adrenalina difícil de explicar e imposible de imaginar para quien contempla la misma jugada y aplaude desde Tribuna. No sé si ahora, en el nuevo Heliodoro, en Popular, en el rincón del Frente Blanquiazul, donde siguen de pie, las sensaciones serán las mismas, debería probar, aunque no sé yo... Quizás mejor me quedo con el recuerdo.

Evolución. Desde Herradura aquello era otro deporte y otras sensaciones; más fútbol, claro, con la posibilidad de ver a Chano en la banda para que Pizzi marcara más de treinta goles en una temporada. Desde arriba, el campo enorme para las galopadas de Felipe Miñambres y de Oliver Neuville, antes de que triunfara en la Bundesliga. Y en Tribuna, que es otra cosa, todo muy comedido y formal, con algún exaltado aislado empeñado en insultar al árbitro y otros tan sobrados acostumbrados a Primera: "Fernando Redondo está bien para el fútbol sala", se escuchaba en la grada. Qué tiempos. Como anfitriones, acuérdese de Romário da Souza, quizás el mejor jugador que yo haya visto en vivo, y de tantas otras estrellas mundiales.

Gol. Descubrimos de casualidad que Abel fue portero del CD Tenerife en los años treinta del siglo pasado, y cobró sentido ese estribillo que apareció entre los recuerdos antiguos de mi padre. Él iba al Estadio en aquella época a ver al Marino de Las Palmas con mi abuelo. Entonces el fútbol era mucho más rudimentario, pero tenían claro que el espectáculo requería ir al ataque (cinco delanteros, ¡ay, Martí!). Ahora viene conmigo. Le encanta, y eso que le cuesta seguir el partido; "¿cuál es el Tenerife?", me pregunta a cada poco, y yo le voy contando las faltas, los fueras de juego y los córners, "que son medio gol", como siempre puntualiza. Lo mejor es cuando el Tenerife marca y el Heliodoro ruge. Reacciona eufórico, feliz, cantamos el riqui-raca y pienso que igual le pasa como a mí en aquella vieja grada de General. Me encanta.

De Primera. Celebraremos hoy el ascenso del CD Tenerife. No sé por qué. Ahí lo dejo. Llámelo intuición. Por eso soy el optimista nato.


sábado, 10 de junio de 2017

Vivir o morir

Vivir. El problema de morir es que usted no sabe cuándo va a ocurrir. Si supiera la fecha podría
administrar el tiempo y el dinero disponibles para un aprovechamiento óptimo: mantener bienestar, buscar la felicidad y tratar de no dejar nada pendiente. Pero no lo sabe. Y tampoco quer​r​ía, créame, saberlo sería un sinvivir en sí mismo. Tal incertidumbre, el futuro, la esperanza nos sostiene.

Certeza. Usted no conoce el momento ni el estado en que llegará a sus últimos años, yo tampoco. Por encima de los 85 tendrá -tendremos- una probabilidad del 50% de padecer una demencia, no porque lo lea usted aquí sino porque así lo indica la estadística. No hay escapatoria y si no es a usted le tocará a su pareja, que es soltero, a su amigo. Y no es una cuestión menor porque no se dará cuenta de que esos despistes son el principio de algo más grave que le impedirá a medio plazo vivir con autonomía, luchará para negarlo, hasta que llega el día. Terrible sí, pero no exagero. En el último episodio de la serie usted será dependiente; yo también.

Sorteo. Podrá obviar la evidencia y jugársela. Quien piensa que mañana le caerá un rayo o que será atropellado por un camión se quita un tremendo peso de encima, quien esté convencido de que pertenece al otro 50% vivirá aliviado y quien afirme que cuando llegue al río cruzará ese puente no entiende lo delicado del fenómeno: no te enteras hasta que es demasiado tarde. Puede que a usted le dé igual, qué más da, que ocurra lo que tenga que ocurrir, que se cumpla la divina providencia y que llegado el momento Dios proveerá; y no es mal plan si usted ha cultivado un círculo familiar que sea capaz y esté en disposición de hacerse cargo. A mí no me da igual, no quiero trasladar un problema mío a mi familia por mucho que me quieran y yo sepa a ciencia cierta qué tal sacrifico lo harán sin titubeo; no, yo los quiero más. También puede que usted sea de los que no tiene familia. O de los que no se fía. O de los que se resigna a ponerse en manos de la Administración Pública competente.

Trance. Lo suyo sería que usted pudiera planificar los últimos años de su vida -y yo de la mía-, dejar escrito cómo quiere ser atendido en el caso de que sobrevenga la dependencia y no estuviera ya en situación de tomar decisiones. Dónde, en qué condiciones y cómo debe ser administrado su patrimonio -propiedades y ahorros- para que su vejez no resulte una carga para nadie, sin comprometer bienestar ni dignidad. La cosa tiene tela. Imagínese a sí mismo, en plenas facultades, en el trance de elegir la residencia donde le gustaría ser atendido. Nada fácil.

La idea. Que la sociedad civil se movilice para dar respuesta a esta realidad. Que quienes dispongan de recurso económico puedan destinarlo con garantías a sufragar una digna calidad de vida. Que los recursos excedentes se utilicen para que otras personas puedan optar también a unas condiciones igualmente dignas. Enorme misión. Y para ello crearemos el instrumento legal que permita tutelar a quienes en su vejez no tengan soporte familiar y también para atender a los que elijan liberar a sus seres queridos de las obligaciones meramente asistenciales; construiremos y explotaremos residencias con altos estándares de calidad, sin renunciar a vivir, donde usted iría encantado si le dieran la opción. Le invito a participar en el proyecto, a que aporte sugerencias, a que comparta esta inquietud, que la haga suya.

(Le animo a que deje su comentario. Los comentarios en este blog se moderan antes de publicar)

(Publicado en el periódico El Día el 10 de junio de 2017

sábado, 27 de mayo de 2017

Manifiesto pro playa

Interés. Que en Las Teresitas un soleado domingo de mayo dispongamos de abundante sitio para aparcar es muy sospechoso. Será que la gente acudía atraída por los quioscos ahora precintados o que el paisanaje pierde interés por el persistente estado de abandono y la carencia de servicios básicos, o quizás el humilde veraneante teme verse implicado en el lío judicial, no vaya a ser que le caiga algo por simpatía. A lo mejor subyace una justificación mucho más peregrina y lo de ir a la playa ha dejado de tener interés para la ciudadanía, que prefiere seguir conectada a la wifi, salir a pasear al monte o vaya usted a saber qué. Sorprendente porque siempre entendí que el mar, la playa y la arena eran un potente desestresante fuente de bienestar, un regreso a nuestra condición ancestral de seres vivos acuáticos.

Distorsión. En qué momento el edificio de aparcamientos de Las Teresitas dejó de ser una infraestructura esencial para convertirse en mamotreto. Habría que indagar, pedir explicaciones y pasar la cuenta por colaborador necesario. Su demolición no puede ser consecuencia de esos pocos metros de invasión del dominio público costero; tiene que haber algo más, porque tantos millones en hormigón no se dilapidan por quítame de ahí un mojón. Y mucho menos si el Plan Especial de la playa -aprobado ya inicialmente- prevé ese mismo equipamiento en ese mismo sitio.

Suscripción. El coronel no tiene quien le escriba y la playa no tiene quien la defienda. Pero ahí va: cien años después de aquella plataforma ciudadana pro parque que recaudó el dinero para la construcción del actual García Sanabria, lanzaremos la campaña pro playa para conseguir fondos para el desarrollo y ejecución del proyecto que recoge el Plan Especial de Las Teresitas con sus nuevos paseos, sus jardines y sus servicios complementarios. Y como estamos en el siglo XXI se hará mediante "crowfunding" por internet. Pagada (directamente) por el pueblo, será de verdad la playa del pueblo para el disfrute del pueblo. Todo por interés propio, que quede claro.

Día de África. Fue el jueves, pero no estuvieron atentos para instaurarlo como festivo y empatarlo con el de Canarias: tremendo acueducto de exaltación patria; un puente no laborable para hermanarnos con el continente; días libres que tan buenos son para nuestra salud y para el negocio de la hostelería. La España africana tan lejos de África. En nada, cuando la tecnología derribe la barrera del idioma, descubriremos las posibilidades de esa relación para nuestro enriquecimiento personal, social y económico, oportunidad para nosotros y para ellos en idéntica proporción. Queda camino por recorrer para tomar consciencia de quiénes somos y cómo funciona el mundo. Me refiero a dotar a nuestras decisiones de cierto enfoque mercantil, no ya por afán egoísta de amasar dinero, que tendrá sus adeptos, sino porque las actividades empresarial y laboral son infinitamente más entretenidas que la vida contemplativa del prejubilado.

Fraude. No me puedo imaginar a Leo Messi ni a Cristiano Ronaldo como promotores de una estrategia para defraudar con empresas interpuestas y fundaciones de presunta dudosa reputación. Su gran talento se exhibe en otro ámbito. Ni entiendo qué necesidad. La libertad para interpretar que tal o cual práctica o deducción es aplicable a según qué cuestiones llega hasta donde dice Hacienda. Y si no estás conforme, reclama. Y si te condenan, al trullo. Ni la fiesta de primera comunión computa como gasto ni las entradas para el "playoff" son deducibles, diga lo que diga tu asesor fiscal. Hazlo y atente a las consecuencias. En España somos así. Qué cruz. Muy listos hasta que nos trancan.

sábado, 13 de mayo de 2017

Gerontocracia

Prejubilaciones. A cargo del erario. Tela. Nadie discrepa. Cuántos ajustes en las extintas cajas de
ahorros sufragados por el FROB, por poner un ejemplo, con indemnización, el cien por cien hasta la edad reglamentaria y aportación al plan de pensiones. Ahora, la propuesta de patronal y sindicatos para las camareras de piso en los hoteles es tremenda, pobres, no admite comparación, pero que pague Mariano, que a mí me da la risa. El engaño es monumental porque en todos los casos apoquina el que viene detrás -los jóvenes, para entendernos-, compromisos planteados sin rubor, vergüenza ni anestesia. La pensión de jubilación en nuestro país se calcula en proporción a las cotizaciones de los últimos quince años, pero no es un sistema piramidal, y cuando faltan perras se mete la mano en la lata del gofio. Pues nos vamos a reír también cuando nos toque a nosotros, con ganas pero de pena, al descubrir que no hemos cotizado lo suficiente para mantener cierta dignidad y que nos inflaron a impuestos para sostener el sistema, este sistema de pensiones máximas pagadas con salarios mínimos, triste e indecente realidad.

Austeridad.
De la intervención de esta semana de Miguel Cardoso, economista jefe para España de BBVA Research, me quedé con dos cuestiones. La primera: las economías mundiales, española y canaria, van bien y seguirán bien, crecimiento que ya tiene descontado el efecto negativo del "brexit", la desconexión de Reino Unido, y de la política del presidente Trump, sea la que sea, en su caso; sorprendente y esperanzador. La segunda: la constatación de que los jóvenes en la actualidad gastan como si no hubiera un mañana y que los mayores ahorran como si fueran a vivir eternamente; desobediencia civil que carece de lógica económica y que identifica el fin de una época. "No hay futuro, por delante solo hay tiempo", que decía El Roto, pensarán los jóvenes y ya veremos. Los viejos guardan la pasta, sacrifican la posibilidad de bienestar presente y sufren hasta el final, hasta que necesiten de alguien que los cuide, vaya plan.

Conductas. Impacientes estamos por ver si Jordi Pujol tira de la manta, que lo prometido es deuda. Y conocer qué pasará con Marta Ferrusola, la esposa del "ex molt honorable", que ejerce como jefa del clan, ideóloga del "prucés" desde sus inicios e inspiradora de tantos otros movimientos nacionalistas. Vaya chasco si se descubre que el nacionalismo era esto.

En lo público. Para participar en política monta tu propio partido. Y así lo han hecho. Explica el declive de los partidos "tradicionales", la pérdida de votos y su falta de ideas. Las estructuras están copadas; son impermeables al talento, al empuje y a la osadía de la juventud. La antigüedad no debe ser un mérito. Tampoco en la propia Administración, en donde sube la edad media de los funcionarios, porque no se cubren las jubilaciones y la falta de rendimiento o el pasotismo no se castiga. Así hasta que el mecanismo colapse, se detenga del todo y resolvamos las dudas razonables sobre su conveniencia y justa dimensión; unos departamentos sobran y otros no.

Contratos. Los antiguos más blindados y los nuevos más precarios. Todo muy legal e injusto. La revolución del mercado laboral es conflictiva e inaplazable. El trabajo y no las ayudas como mejor fórmula para la distribución de la riqueza. Porque esta parodia no se sostiene: derechos inalienables de otra época, eventualidad y tiempo parcial de toda una clase de pobres que trabaja y la resignación de quienes solo esperan recibir un subsidio. No puede ser. El cambio vendrá de mano de los jóvenes, apuesto, por el bien común.

(Publicado en el periódico El Día el 13 de mayo de 2017)

sábado, 29 de abril de 2017

La punta del iceberg


Corrupción. Infundado descrédito de la clase política. No se deje engañar, los titulares son interesados. Ni un presidente de comunidad autónoma ni un ilustre diputado ni un concejal de urbanismo tienen capacidad por sí mismos de sisar un duro de dinero público. El saqueo de cualquier administración requiere de varios colaboradores necesarios. Y es que el tesoro dispone de guardianes responsables de su custodia, de férreos procedimientos y de mecanismos de control. Por tanto, al destapar la tropelía, la investigación debería aclarar si el plan fue cosa del político, de alguno de sus funcionarios o de un tercero, qué ganancias satisface el reparto para cada uno y cómo se urdió y ejecutó la apropiación indebida, en su caso. El contribuyente encontrará más eficaz conocer la trama completa y acabar con ella que entalegar al cargo electo. El sacrificio del cabeza de turco no es suficiente para desmontar la corrupción que destruye la convivencia democrática.

Escrúpulos. Este clima de hartazgo popular hacia los políticos en general y la creencia de que todos son corruptos en potencia mantienen alejados a profesionales independientes y a directivos de la empresa privada que mucho podrían aportar a la gestión de lo público. Imposible plantearse en serio un paréntesis en su carrera para trabajar por el bien común si conlleva exponer su propia reputación. Hemos creado un sistema político endogámico que se nutre de la propia administración y de personas que no tienen nada mejor que hacer. Se constata el secuestro. El perfil de todos los protagonistas -incluidos los impulsores de la "nueva política"- confirma esta teoría. Cuando escuche despotricar sobre los jóvenes y su actitud frente a la vida, piense la herencia que recibirán; no sé si serán capaces de descontaminar, pero mantengo la esperanza.

El suelo. También estamos atrapados. Ni la clasificación como rústico o urbano ni la posibilidad de autorizar ciertas actividades y de prohibir otras fueron/son resultado de la aplicación del método científico. Imposible racionalizar un sistema de gestión del suelo que se fundamenta en derechos adquiridos fruto de decisiones políticas del pasado sustentadas sobre vaya usted a saber qué supuestos y/o prebendas. Y es que suelo urbano y urbanizable hay de sobra en Canarias, adquirido en su momento a un precio ficticio para atender unas expectativas de beneficio irreales. Pero los negocios viables -hasta la promoción inmobiliaria- no tienen capacidad para absorber desproporcionados costes de implantación, ni tampoco los propietarios aflorarán las pérdidas. Y entonces la ley en trámite propone permitir actividades complementarias en los suelos agrícolas, más baratos, para posibilitar generar rentas y empleo. No entiendo, a ver si nos aclaramos: el problema territorial ¿es cuestión de disponibilidad, de oportunidad o de precio?

Resignación. Como retroceder derechos cuesta dinero, virgencita déjame como estoy: el 50% espacios naturales, perfecto; residencial e infraestructuras tienen sitio para los próximos 50 años y el resto, el suelo agrícola, déjemelo quieto. Que las expectativas de beneficio tienen parado el suelo apto para la actividad económica, pues liberalizamos el uso y lo gravamos con impuestos. Que deseamos potenciar la actividad agrícola y ganadera, pues damos facilidades en el suelo rústico pero con estricto criterio económico y garantía de reversión. Cualquier propuesta que admita discrecionalidad técnica en este delicado asunto político está condenada al fracaso. No se atreverán pero bastaría con establecer los límites, prever controles y dejar funcionar la lógica de mercado.

Las Teresitas. Nos deberían aclarar qué va a pasar con la playa. Si ahora redactarán el proyecto del nuevo plan, si el dinero de la condena existe y, en su caso, si se podrá usar para acometer las obras. Los usuarios estamos expectantes, impacientes.

sábado, 15 de abril de 2017

Atrapados

Por la pobreza. En Canarias se pasó mucha necesidad. En aquella época de aislamiento y caciquismo, cuando éramos potencia exportadora y salían más plátanos de las Islas que naranjas de Valencia. Ni la condición de puerto franco ni las escalas de los barcos que atravesaban el Atlántico ni el jodido monopolio. Pobres, condenados a emigrar con destino a Cuba o Venezuela. Y llegaron los setenta y el turismo y los retornados con su dinero. Y se ocupó el paisaje isleño con viviendas a borde de camino, al borde del mar, por todas partes. Terrenos agrícolas con casas y calles, malpaíses para el turismo, extracciones de áridos en Güímar y de picón en cada cono volcánico. Hubo connivencia política y complicidad social: vaya herencia, legalizada después por prescripción urbanística. Vértigo en los ochenta del jetfoil y la nueva autonomía hasta que cuatro "locos" asustados se empeñaron en la Ley de Espacios Naturales, en adoptar la evaluación de impacto y en trabajar la ordenación territorial. ¿Llegaron tarde? Puede ser. Sometido al planeamiento, por presiones de toda índole, el suelo urbano dejó de ser un bien escaso: hay calificado para los próximos cien años.

Por el éxito. El turismo como motor de la economía en el cambio de milenio. Hoteles, apartamentos y campos de golf, y más viviendas: nuevo "boom" de la construcción. Hasta que la mano invisible, para proteger el negocio de éxito, propone limitar el acceso de nuevos operadores con la moratoria. Con objetivos muy razonables -fomento de la calidad turística y la rehabilitación-, aunque nada que el funcionamiento normal de la competencia no hubiera conseguido por sí mismo. En definitiva, burocracia añadida que impidió y/o retrasó inversiones antes y después de la crisis hasta superar el 30% de paro. El Constitucional, que suspendió la moratoria, también llegó tarde. Ahora sube la demanda y persisten los problemas en otros destinos: oportunidad inmejorable para crecer.

Por el miedo. Nos aterra cualquier iniciativa que implique mover una piedra. Estamos atrapados, condicionados por todo ese pasado, por la sensación de culpa. Aterrados también los funcionarios en la tramitación administrativa de cualquier actividad, tan garantista que la eterniza. Y la opinión pública que se opone por sistema: en contra de prospectar el petróleo y ahora, que encuentran telurio en el fondo del mar -un mineral necesario para los paneles solares-, hay quien se preocupa por los efectos negativos de su extracción, en su caso, ¡a 1.100 metros de profundidad!, sin evaluar siquiera las implicaciones económicas y sociales del descubrimiento. Miedo también para permitir reconvertir los vergonzosos agujeros de Güímar en una inversión productiva y empleo. ¿Qué mejor destino que el turístico para rentabilizar el dinero de las sentencias y compensar la tropelía?

Santa Cruz. Nadie se percató entonces de la necesaria compatibilidad con el uso portuario. Atrapados sin acceso al mar. Los tiempos cambian y Santa Cruz, con clima e infraestructuras, tendrá también su oportunidad de incorporarse al turismo con camas y oferta de ocio. Urge buscar dinero (y negociar con Costas).

Por incrédulos. El futuro emite señales que nos negamos a interpretar. Y nos conviene. Nuestros hijos no vivirán en Canarias del refino del petróleo ni de la fabricación de bienes de consumo ni del cultivo de la papa. Emplearán una energía más limpia y más barata, las fábricas seguirán en China y con las papas, salvo que sean variedades antiguas, nada que hacer, no podrán competir con las grandes extensiones del continente. En ese contexto, la agricultura canaria resurgirá con garantía de origen, producto exquisito de alta calidad y acceso a los mercados europeos; apostar por la emprendeduría rural con enfoque empresarial, tecnología y exotismo.

(Publicado en el periódico El Día el 15 de abril de 2017)

[Exageré, en 1932 los plátanos eran el segundo producto de exportación española por detrás de las naranjas, un total de 2,5 millones de kilos equivalentes a 84 millones de pesetas de la época]

sábado, 1 de abril de 2017

20 años

No son nada. Qué atrevido Fernando Clavijo y qué bien la política de largo plazo. No solo para la educación -propuso bilingüismo generalizado-, sino también respecto al resto de cuestiones que procuran bienestar a las personas. Envejecemos, la tecnología avanza, la demografía es una ciencia exacta, hay que sembrar para luego recoger y tantas obviedades que se pasan por alto en la gestión de lo público. Llega tarde; sin embargo, en 20 años los dispositivos de traducción simultánea los tendremos implantados en la cabeza. Ya son una realidad, un pequeño audífono en el oído, un invento que ya existe y que puede usted comprar. Por tanto, podemos concluir sin riesgo a equivocarnos que la necesidad generalizada de estudiar idiomas acabará en un suspiro, igual que se dejó de enviar telegramas o de usar película fotográfica y revelado químico. Ay, el progreso.

Pasarán. Y otros 20 más para abandonar el amor ciego por la patria chica. Comprender que la isla, como porción de territorio rodeada de agua, es un mero constructo, simple e interesado, pero muy poco eficaz para procurar igualdad y prosperidad colectivas. Hasta Coalición Canaria en su reciente congreso planteó el equilibrio entre nacionalismo y globalización, dos realidades, una dicotomía, también como entelequia ideológica. No queda otra para seguir adelante. Falta humanismo y sobra terruño.

De penitencia. Antonio Morales, presidente del Cabildo de la Gran Canaria, aviva el insularismo con vigor; un discurso (¿legítimo mensaje electoral?) bien hilado en defensa de "lo suyo" de allí. Si pasara unos días en Tenerife y en las otras islas, quizás consigamos que reivindique también "lo nuestro" de todos, lo de Canarias, soluciones para los problemas de la gente; que una isla, en sí misma, no sufre ni padece, solo nos soporta. Se cuestiona la triple paridad, que ya va bien mientras penamos tinerfeños y canariones con dolor de corazón y propósito de enmienda. A 20 años, para corregir el sistema electoral canario, más proporcionalidad parlamentaria respecto a la población; de acuerdo, pero propongo una salvedad: en las decisiones que afecten a una isla, que sus representantes se inhiban. Nos interesa cómo arreglaría el señor Morales las colas de la TF-5 o el colapso en Las Chafiras, dicho sin sarcasmo ni reproche alguno, con ánimo constructivo.

De lucha. Con escaso resultado. Ni en 20 ni en 30 años los Presupuestos Generales del Estado han incluido las obligaciones del REF. Lo de igualar la inversión media por habitante era muy fácil de calcular, pero no hay voluntad. Erramos la estrategia; ni compensa cumplir con los criterios de déficit ni funciona el pedigüeñismo lastimero. Una contundente declaración de independencia con integración de Canarias en la Unión de Estados Africanos y empezará a llegar financiación para el gasto corriente y unos miles de millones para inversiones. Artur Mas, inhabilitado, golea desde la grada.

De espera. El acceso a la función pública está tasado, sin entrar a valorar su eficacia o la conveniencia de revisarlo; en su caso: se describe el puesto a cubrir, se establece el procedimiento, se convoca y los aspirantes demuestran méritos y conocimientos. Como las necesidades van más rápido que los expedientes administrativos, durante años muchos trabajadores se incorporan al sector público por la vía rápida, en situación de interinidad. Ahora, la regularización que plantea el Gobierno tranquiliza el futuro laboral de cientos de miles de personas, convertidos en víctimas, pero desvirtúa el proceso y elimina garantías, sin depurar responsabilidades, es raro. En un ecosistema político dominado por empleados públicos -faltan empresarios y profesionales- este gesto de generosidad, no sé... Deconstruimos el Estado de Derecho a conveniencia por intereses inconfesables, a cambio de.

(Publicado en el periódico El Día el 1 de abril de 2017)


sábado, 18 de marzo de 2017

Permítame que discrepe


Tercermundistas. La verdad ofende. Incontinencia verbal del godo señor Brufau, presidente de Repsol,  que no le gustó el trato recibido con las prospecciones en Canarias. Y tiene razón, mal que nos pese, porque todo ese asunto nos puso en evidencia. Reconozca que fue un tanto visceral cómo se gestó y se gestionó el conflicto, con argumentos peregrinos en plan “el petróleo es el pasado” y similares, tan inconsistentes, socorrido ecologismo en defensa de "nuestra tierra".Reacción espontánea o manipulación interesada, escrito está hace un par de años. Al final buscaron petróleo pero no había, qué alivio. Y aquí seguimos igual de pobres y ofendidos.

Imposible. En el pasado reciente los empresarios participaban en política, ya no. Defendían el funcionamiento ágil de “las cosas” para los negocios, los propios y los ajenos. Quizás la presunción de abuso los expulsó del sistema. Era importante su intervención, ese espíritu emprendedor, ese enfoque a la búsqueda de riqueza, por puro egoísmo: más trabajo para todos, más proyectos vitales y más felicidad colectiva. En vez de crear condiciones para la actividad económica, la política actual se conforma con repartir dinero público, otra forma de ejercer el poder mucho más bizantina... Y si no te va bien, te jeringas, pide una ayuda y cierra el pico. Es difícil, léase imposible, articular propuestas eficaces para generar empleo o para invocar el progreso si no se tiene cierta ambición ni se domina los fundamentos básicos del mercado ni se liquida impuestos ni se juega uno su propio dinero; la ideología pinta poco. Revertir esta realidad como reto para el futuro cercano.

Fuero histórico. Así estamos con el REF que gira sobre sí mismo, con unos incentivos fiscales únicos en el mundo civilizado pero que no acaban de convencer a quienes toman las decisiones de inversión. Son necesarios pero no suficientes. Les faltará carácter de estatuto permanente o más labor de difusión. Quizás mayor seguridad jurídica o trabajar con menos conceptos y más simples. Lo de los puertos francos en Canarias era una idea muy sencilla, qué pena, hubiera funcionado como un cohete con los trece millones de turistas que nadie imaginó: tándem turismo-comercio, imparable. No puede ser tan difícil revocar una ley franquista para recuperar un fuero histórico. “La UE no lo permitiría”, sentenciarán sin fundamento, ahí tenemos la zona franca para la comercialización de obras de arte autorizada en Luxemburgo.

Indignante. El ministro De la Serna ofrece jubilaciones anticipadas para impedir la huelga de estibadores, es decir, con cincuenta años a cobrar por el ala el 70% de sus estupendos salarios a cargo del erario público. Premio por no trabajar, así es España, tremenda jeta y vaya generosidad con pólvora ajena. En la práctica unos miles que dejan de cotizar, que se jubilan con pensión máxima y más carga para la Seguridad Social que se paga con impuestos y con emisiones de deuda. Mariquita el último. Primero fueron los empleados de las cajas de ahorros pagados por el FROB y ahora esto. El botín es mucho más sustancioso porque los estibadores contestaron que no. Jodida herencia del franquismo (otra), los monopolios y el sindicato vertical: la Transición que nos sale carísima. Cuando empiece la huelga que aclaren bien por qué: seremos rehenes de un derecho pervertido.

Discrepo. Me quedo solo en la defensa de la triple paridad del sistema electoral canario. Pretenden modificarlo para aumentar diputados por Tenerife y Gran Canaria, una corrección por población. No la veo, ahora los partidos están obligados a tener presencia en todas las islas, a hacer región y eso está bien, que se lo curren.

sábado, 4 de marzo de 2017

No es cuestión

(Publicado en el periódico El Día el 4 de marzo de 2017)

Drag Queen. Confieso que si no es por la polémica ni me entero. No sigo los espectáculos del carnaval
chicharrero ni mucho menos los de Las Palmas dicho sin animadversión alguna, solo mero desinterés. Además no soy público objetivo de la gala Drag como tampoco lo son el señor obispo ni las beatas de misa diaria que también se enteraron de rebote. Resulta comprensible el éxito entre el respetable canarión por la calidad del show, el porte y la flexibilidad de los protagonistas, mas no entiendo el revuelo. La irreverencia es la naturaleza misma del carnaval, por tanto, objetivo conseguido en grado superlativo. Que se hable de delito... En fin, España es así, dos extremos que se tocan, aconfesional desde el 78, aprobado en referéndum, solo para lo que interesa. El mal gusto, como todo en este país, pasa a ser asunto de jueces y fiscales hasta que se pronuncie el Tribunal Supremo el día del juicio final.

Guagua fanática. Ya está bien. No está legitimada la Iglesia Católica ni sus ministros ni sus acólitos para condenar este episodio aislado de chabacana representación carnavalera que fue solo solo eso, música, baile y símbolos sacados de contexto, nada más, sin atacar la esencia de la fe ni de sus misterios. Será porque les cuesta mostrar algo de respeto al arte transgresor de un chico que se viste de reinona, rechazo al tanga y las plataformas. Absurdo. Incompresible también que les cueste tanto aceptar las múltiples realidades de la diversidad humana: la homosexualidad o nacer mujer en cuerpo de hombre o viceversa. Suficiente tienen esas personas con el obtuso rechazo social como para que se intente adoctrinar para negar la evidencia. No es mucho pedir algo de indiferencia, más comprensión cristiana y menos fanatismo.

Opine. El verdadero poder del consumidor. Si nos tratan bien o nos tratan mal. Premio y castigo, para que se persevere en lo que gusta o como toque de atención para corregir errores. Sin ofender ni exagerar, con ánimo constructivo. Que las opiniones sean de dominio público y que el sometido a examen pueda responder en las mismas condiciones. No importa que haya quien castigue sin razón o quien se prodigue en alabanzas injustificadas porque el conjunto de opiniones nos permitirá siempre hacernos la idea. El concepto Tryp Advisor, habitual para hoteles y restaurantes, extrapolable a cualquier otro servicio. Me encanta la última iniciativa, Canary Doctor, que permite comentar nuestra experiencia como pacientes en la medicina privada; "uf, habrá médicos que no quieran estar", me espetó un amigo, y tiene razón, los que no estén que expliquen por qué.

Decida. Se imagina, una web para poder hacer lo propio con nuestros políticos, un ranking de cargos públicos o simples aspirantes, concejales, alcaldes, consejeros o candidatos a primarias. No sé yo, no creo que opinar sobre los políticos tenga el menor interés cuando cada cuatro años se les puede mandar a casa con nuestro voto.

Arriesgue. La prestación de servicios públicos es más o menos igual de aburrida gobierne la izquierda o la derecha: nivel básico de la política. El salto de calidad en el bienestar de las personas que viven en un determinado territorio requiere actuaciones singulares, no sólo con dinero público, sino también y sobre todo, al permitir y/o favorecer que el dinero privado se aplique en proyectos que generen empleo, riqueza y todas esas cosas. Por tanto, avanzar exige ideas propias o aceptar iniciativas de terceros, apostar con visión de largo plazo, viajar, copiar lo que funciona en otros lugares y asumir riesgos. El progreso tampoco parece ser cuestión de ideología ni de participación ciudadana.

sábado, 18 de febrero de 2017

Cisma generacional

Pensiones. Propongo revisar las retribuciones actuales de los pensionistas, las prejubilaciones con cargo a la Seguridad Social, el sistema de cotizaciones (que es de facto un impuesto al trabajo), la fórmula de cálculo de la futura pensión y el régimen para acceder a las prestaciones no contributivas. Si las pensiones no son una estafa piramidal, que no lo son, sino un mero reparto de impuestos, urge simplificar el acceso y recaudar de otra manera; apostemos por una pensión básica universal y que cada uno la complemente como le dé la gana.

Ahorrar. Hemos olvidado para qué nos hipotecamos al comprar una casa. "Para vivir dentro", responderá Perogrullo, pues sí, claro, pero también para ahorrar, porque la adquisición de un activo que nunca se depreciaba fue siempre un buen negocio. Ahorrar primero para gastar el dinero en vivir mejor cuando seas viejito. Para vivir mejor o para dejar una herencia, en su caso, que estamos en un país libre. Ocurrió que el activo, pagado o no, no tiene comprador (efecto de la burbuja inmobiliaria), se volvió ilíquido, es decir, no se puede transformar en dinero y pierde toda su eficacia como vehículo de ahorro. Pero mira por dónde, ahora llega una financiera que te dice que si le vendes tu casa te paga una renta mensual mientras sigas vivo, que ellos asumen el riesgo de que no te mueras ni a palos, y de repente tu patrimonio vuelve a ser dinero, estupendo. No entiendo las críticas, sin esta posibilidad de disfrutar en vida, esfuerzo ahorrador en balde y a esperar que las pensiones del sistema público cundan lo suficiente, que no sé yo.

Ciudadanos. Tampoco sé de dónde sacan que un partido liberal representa el centro del espectro político. Liberal en lo económico, se entiende, una filosofía proscrita de la política española tan tendente a darle peso al Estado frente al mercado o las decisiones individuales. No creo que los reclutados en el casting comprendan las tesis de Garicano tan necesarias -dicho sea de paso- para mejorar nuestra convivencia de forma pacífica, a medio plazo un sistema más liberal mejora la calidad de vida del conjunto de la sociedad y permite un reparto más eficaz de la riqueza. Menos impuestos, más mecanismo de oferta y demanda, más iniciativa privada, en definitiva, política de derechas, les guste o no.

Podemos. Cómo somos: nos hablan de lucha de poder, envidias y recelos, y nos lo tragamos todo. Yo no me creo que el enfrentamiento entre Íñigo Errejón y Pablo Iglesias fuera real. No me lo creo. Imposible que esos tipos de cabeza privilegiada se peleen por el poder interno. Ese no es su objetivo, el poder en el partido ya lo tienen, ellos aspiran a gobernar España y han trazado un plan. Presentaron con timidez dos modelos que son la misma cosa, la esencia de ese proyecto político, aglutinador "per se" de un amplio espectro ideológico. No hay puntada sin hilo, la escenificación del desencuentro les da miles de minutos de televisión, demuestra que Podemos apuesta por la democracia interna (impostada, qué más da) y elimina de raíz cualquier (otro) atisbo de disidencia: el amado líder, más líder, como debe ser entre gente de bien. Iglesias, entendido en ciencia política, sabe que un régimen comunista no funciona y también sabe que proponerlo es la vía más rápida: el día en que sea elegido presidente le confesará a Iñaki Gabilondo que todo fue para ganar una apuesta.

PP. En comparación con el único candidato del PP -aclamado por absolutísima mayoría de acólitos obnubilados-, el show de Podemos fue la leche: triunfo incontestable de la nueva política.

sábado, 4 de febrero de 2017

Cobrar por la cara

(Publicado en el periódico El Día el 4 de febrero de 2017)

A vivir. Proponen los sindicatos en Cortes la aprobación de una prestación no contributiva que recibirían quienes la soliciten mientras carezcan de empleo y de recursos económicos: una paga, para entendernos, la famosa renta mínima universal en lenguaje electoral. Resulta inquietante que la iniciativa legislativa (popular) parta de los sindicatos -que eran organizaciones de trabajadores- dispuestos a cargar sobre sus representados los miles de millones que costará el invento.
-Pero ¿qué dices, Zurita?, que pague el Estado.
-Pues eso, alma de cántaro, a ver quién sostiene al Estado.
Los sindicatos cambian de cliente, prefieren la política. Ser trabajador como condición coyuntural nada atractiva, panolis que curran y pagan impuestos, demolición del "deber de trabajar y el derecho al trabajo" del artículo 35 de la Constitución Española. En este siglo XXI el derecho a la paga, déjame vivir y punto.

Detalles. En este país de tan escasa tradición luterana, reconocer el derecho a percibir esa renta mínima requiere que el legislador afine los requisitos básicos que debe cumplir el desafortunado. Primero concretar su carácter universal: a los españoles entre 18 y 65, dicen, pero falta definir si están obligados a residir en España y qué pasa con los extranjeros residentes, sean de la UE o de fuera de ella. En segundo lugar, qué significa con exactitud carecer de empleo y si la ayuda está o no vinculada a la búsqueda activa, cómo se mide y cómo encajan con la prestación eventuales contratos por unos días o por unos meses. Y, por último, qué significa carecer de recursos económicos, si el preceptor de la renta mínima, en su caso, podría ser propietario de terrenos, de una vivienda, de participaciones societarias o de cualquier otro activo, y qué ocurriría si se descubre alguna manifestación de fraude: trabajar en la economía sumergida u obtener rentas no declaradas. En el reino de la picaresca todos estos detalles son cruciales.

Efectos. Esta iniciativa obedece a la voluntad bienintencionada de solucionar una terrible realidad: las miles de familias sin ingresos y las otras tantas por debajo del umbral de la pobreza admisible. No basta pensar en resolver esa foto fija, porque la implantación de un sistema de este tipo condiciona la toma de decisiones de los ciudadanos y, por tanto, determinar su idoneidad y conveniencia precisa de un análisis de los diferentes escenarios a corto y a largo plazo. Habrá quien renuncie a su puesto de trabajo porque no le compensa la diferencia entre salario y prestación y prefiere cobrar la paga, no madrugar y no desplazarse, vacantes que serán cubiertas por emigrantes que no cumplen (de entrada) los requisitos de la ayuda, hasta que consoliden sus derechos... También habrá quien no trabaje y se conforme con esa renta y renuncie al emprendimiento y a mejorar su empleabilidad. Los efectos no deseados, derivados de las políticas de subsidio directo, han sido estudiados por economistas desde hace años y no se deben obviar. Una sociedad que no lucha no tiene futuro.

Por qué no. En el Monopoly, paradigma del cruel libre mercado, la banca te daba 20.000 pesetas al pasar por la casilla de salida en cada vuelta, una particular renta no contributiva capitalista en un juego de mesa cuya esencia es mantener dinero y jugadores en movimiento, qué cosa, nada sospechoso de populista ni comunista ni socialdemócrata. En nuestra sociedad postindustrial, centrada en el bienestar y no en la producción, no parece descabellado que la economía se mueva con un mecanismo análogo.

Entelequia. La renta universal puede funcionar en un sistema ordenado, con sólidos valores y sin espacio para el fraude. Aquí, pues no sé yo.

sábado, 21 de enero de 2017

Atascos


Análisis. Dedicamos miles de horas a discutir asuntos sobre los que nosotros, ciudadanos de a pie, no tenemos información suficiente ni capacitación técnica que nos permita discernir con conocimiento de causa. Nada grave sino fuera que, con todo ese rebumbio, se conforma la "opinión pública", un compendio de creencias, suposiciones y entelequias con muy escaso fundamento. Tampoco tendría mayor importancia si esas voces no fueran escuchadas ni tenidas en cuenta por quienes deben tomar las decisiones, pero lo hacen, por deferencia, por exquisito respeto a sus votantes como-no-podía-ser-de-otra-manera. Se azuza el debate político mediante conjeturas, qué fatalidad, y se pierde el tiempo, no se avanza en resolver los problemas ni se detecta sus causas. El debate, para que fuera productivo, exigiría un exhaustivo análisis técnico, una exposición de alternativas con su valoración económica, sopesados sus efectos y el detalle de pros y contras. Entonces, con sólidos argumentos, que quien corresponda decida, busque las perras y actúe.


Tertulia. Cada aficionado es un entrenador en potencia, propone su alineación y plantea su propia estrategia, combustible para una buena discusión deportiva. Imagínese que la grada eligiera la táctica de juego, quién debe ocupar el medio volante o cómo plantear la defensa, por aclamación o a mano alzada, igual da. Imagínese, bastaría hacer la prueba para acabar con el espectáculo. En analogía, las paridas para tratar los problemas del tráfico o de la sanidad o de la economía -cuestiones trascendentes para preservar nuestra calidad de vida- son en realidad materia de nuestra tertulia futbolera, legítimas, en el ejercicio de nuestra libertad individual, pero no aptas para mucho más.

Acción. La participación ciudadana a todas horas y para todo, tan de moda, se convierte en tertulia futbolera. Los elegidos para gobernar traían un plan, pues que lo cumplan, que estén dispuestos a aguantar la presión. Reivindico la eficacia de las urnas, súmmum de la democracia: que no resuelven, pues andando, pongamos a otros.

Concreción. Salvadas las obviedades, no tengo ni idea de cómo acabar con los atascos que sufrimos en Tenerife, un asunto con absoluta prioridad del que derivan otro montón de problemas. Será un túnel entre La Orotava y Güímar, la olvidada Vía Exterior, un nuevo enlace en Las Chafiras, una autovía entre Los Realejos y Santiago del Teide o la implantación de un carril VAO, ni idea, confieso que no sé cual es la mejor opción. Decida usted que para eso se presentó en la lista, mire a ver, estudie las opciones, decida lo que sea, pero hágalo ya. Y si alguien piensa que cualquiera de esas obras pudiera ser un disparate que haga un "canario conoce tu tierra" y constate cómo se resolvió este asunto en Gran Canaria con sus quilómetros de circunvalación, sus túneles, sus viaductos y sus tres carriles hasta donde hizo falta; ¿que todo eso costó un dinero? Pues claro. ¿Que ahora no hay? Pues que lo pinten.

Intereses. Todo este episodio de las cláusulas suelo es muy lamentable. Qué desfachatez del Tribunal Europeo que llama idiota al común de los consumidores. Las hipotecas, un servicio voluntario, ¡vaya esnobismo hoy en día!, amnesia colectiva, olvidamos que éramos expertos en especular sobre plano: las de tipo fijo, las más caras, y las de tipo variable con suelo o sin él, cada una con su precio. Cambiarán las condiciones, no habrá descuento por compartir el riesgo y subirán los préstamos; qué más da, pensarán quienes reclaman ahora, a los más jóvenes que les den. Error descargar en los bancos nuestra frustración, como piezas básicas del engranaje socializan el acceso al capital, primer escalón hacia la igualdad, conclusión que explica muchas cosas.

(Publicado en el periódico El Día el 21 de enero de 2017)


domingo, 15 de enero de 2017

El turismo y la elección del modelo económico

Siempre hay un pero. Los resultados de la actividad turística en Canarias del pasado año son
impresionantes en número de visitantes (clientes) y volumen de dinero (facturación)... pero, pero. La bonanza se interpreta con matices: sí, pero, ¡cómo nos gusta buscar pegas y encontrarlas!
El mérito de esta situación favorable no es de los operadores que ofrecen servicios adecuados a precios asequibles en un entorno apetecible, no, sino la consecuencia de conflictos de toda índole en los destinos turísticos competidores, vaya. Además, no es que el turismo genere una importantísima cantidad de dinero, que sí, pero, es que ese dinero no tributa en las Islas lo que debiera y que una parte importante se queda en los países emisores. Por si fuera poco, no es que se hayan incorporado no sé cuántas miles de personas al mercado de trabajo como consecuencia de esa pujanza, sino que los contratos laborales son temporales, que hay precariedad laboral y que se crean puestos de escasa capacitación. Y para rematar, nos han convencido de que no es bueno que vengan tantos turistas, que sería mucho mejor que vinieran menos que pagaran más. Incluso están identificados los culpables: nuestra política local -ayuntamientos, cabildos y gobierno autonómico- que son unos rebenques y han decidido un modelo económico indeseable. Herencia de otros tiempos, será, esta creencia, cuando la vida del pueblo estaba en las manos del cacique.
La política no tiene capacidad para dictar un nuevo modelo económico. Los Estados y sus órganos descentralizados pueden -y así lo hacen- establecer condiciones legales que favorezcan o que impidan determinadas actividades y los impuestos que se aplican a cada una de ellas. No es un efecto directo y a veces decisiones bienintencionadas tiene resultados no deseados. Se quiso mejorar la "calidad" de los turistas y se prohibió por ley construir hoteles que no fueran de cinco estrellas (la famosa moratoria, tumbada por el Constitucional, sea dicho de paso), frenazo a la construcción de nuevas plazas aunque hubiera suelo y clientes disponibles, precio que quisieron pagar, pero supuso un incentivo para no rehabilitar la planta hotelera obsoleta al desaparecer la amenaza de nuevos competidores, consecuencia no pretendida.
Casi todas las propuestas en el ámbito de la política económica ya están probadas, se sabe qué ha pasado y por qué, las que escuchamos desde la izquierda o desde la derecha, por eso es tan importante que quienes gestionen lo público tengan una potente preparación técnica. Se basan en incentivos básicos -invertir, subvencionar, prohibir, regular, gravar- para impedir los abusos inherentes a los mecanismos básicos del mercado: equilibrio entre la oferta y la demanda, libertad del consumidor y libertad de competencia. Totalmente de acuerdo, es prioritario impedir los abusos, pero sin renunciar a esas libertades. Lo del modelo, en fin, siempre acaba por imponerlo el mercado.

sábado, 7 de enero de 2017

Gobierno de CC en minoría

(Publicado en el periódico El Día el 7 de enero de 2017)

La teoría. Es lógica la confusión. Difícil distinguir entre las funciones del legislativo y las del ejecutivo. Confusión en las palabras. Quienes gobiernan imaginan un futuro, tratan de responder a preguntas generales del estilo ¿qué hacemos?, ¿qué queremos ofrecer para mejorar el bienestar de los ciudadanos?, ¿con qué prioridad? El Parlamento -o cualquier pleno municipal- conformado por personas de la calle que aportan su punto de vista y procuran (en teoría) alcanzar consensos: gobernar es una tarea compleja, trabajo en equipo, precisa diálogo y, además, no se puede delegar. Tomadas las decisiones toca gestionar, actuar, responder preguntas más concretas: ¿cómo lo hacemos?, ¿quién lo hace?, ¿con qué medios? o ¿cuánto cuesta? Gestionar una administración pública es un trabajo profesional que exige alta cualificación. Mientras que para ser elegido y gobernar solo se requiere prudencia, sentido común y algo de imaginación, para gestionar se necesita experiencia, formación específica y habilidad para dirigir equipos. El gobierno está en el ámbito de la política, mientras que la gestión es una cuestión técnica.

La práctica. Hay confusión. La gestión engancha, es activa, ocupa, exige plena dedicación, va de hacer planes y ponerlos en marcha, establecer control, procurar transparencia. Por el contrario, el ejercicio del gobierno tiene otros plazos y es mucho más aburrido: reflexión, visión, paciencia, capacidad de abstracción y de análisis. Gobernar y gestionar, ambas facetas imprescindibles, juntas pero no revueltas. Por tanto, en Canarias, Gobierno de CC en minoría -lógica confusión en el uso del término, porque el ejecutivo no gobierna, gestiona- mientras no se articule otra mayoría, nada que objetar, un Gobierno atado por mandato parlamentario, el que sea. Que se apliquen sus señorías en estudiar cada partida de gasto e inversión y en pedir las explicaciones de cada euro empleado. Que el presidente nombra a algún consejero con experiencia en la empresa privada, pues muy bien, seguro que aporta algo nuevo a la gestión de lo público.

El resultado. Impredecible. En cualquier caso, con la configuración actual de la cámara regional -obligados a entenderse- la responsabilidad será compartida. Votamos a los diputados, no a un gobierno. A quienes son designados a dedo exijamos menos política. A los sesenta elegidos que ocupan el hemiciclo de Teobaldo Power reclamemos precisión, que se percaten de la gravedad de su misión y de quién ostenta el poder, el poder del pueblo, para usarlo por delegación expresa.

El poder. Equilibrio entre los cuatro poderes del Estado para una democracia sana y próspera. Ni se debe confundir el ejecutivo con el legislativo, como hemos comentado, ni estos deben influir sobre el poder judicial. Y luego la prensa. En la aldea global de la internet, las redes sociales consiguen sustituir a la prensa, un ente etéreo mueve los hilos en la era de la postverdad y goza de impunidad para difundir ficción como realidad con fines inconfesables. Socavado el poder de la prensa, peligro para la democracia, poder que también emana del pueblo, por cierto, pueblo que se vendió por dinero: consumimos información gratis a tutiplén, no debe sorprender que venga adulterada. Aprendizaje con consecuencias, veremos cómo se resuelve; habrá que buscar un prescriptor fiable que contraste la noticia, como sugieren los expertos; volver a poner en valor el trabajo periodístico en la extensión amplia del término.

La maldición. El concepto isla es una abstracción terrible. Una premisa falsa que da lugar al injusto planteamiento del equilibrio basado en el territorio sin tener en cuenta a las personas, a su bienestar, objetivo último de la política. El reto para el futuro cercano obliga a pensar Canarias como un todo y actuar en consecuencia con voluntad y ganas.

domingo, 1 de enero de 2017

2017

La única realidad es que nos hacemos más viejos, circunstancia que no es mala en sentido estricto,
efecto ineludible de la vida. Me gusta el tiempo dividido en hitos, ayuda a enfocar. No fue especialmente memorable este 2016, un año raro, por bisiesto, confabulación astral o por pura casualidad. Ahora empezamos otra vez, primero a reflexionar qué queremos y después nos pondremos a ello, en dos pasos, porque sin análisis previo, sin destino, la cosa no funciona; al que no sabe a dónde va ningún viento le es favorable, que decían los clásicos. Pues eso. Propósitos, claro, los que conforman la ruta. Me quiero aplicar, sobre todo en la toma de decisiones, pensar más con el corazón y menos con la cabeza: no siempre lo que parece mejor resulta lo más conveniente. Allí donde mandan las circunstancias anticipar lo menos posible, buscar la solución en el momento, resignación.
Año nuevo, misma vida, dicta la experiencia. Que sí que algo cambiará, por supuesto, como siempre, pero no debemos esperar la hecatombe, esa que se anuncia de forma recurrente. Ni Trump es lo peor que podría pasar -acuérdese de George W. Bush- ni la UE se va a desmoronar por el Brexit, lo hará, en su caso, por su ineficaz deriva burocrática y proteccionista. Ni los catalanes independentistas se saldrán con la suya, que no tienen cómo pagar la fiesta, ni el Rajoy de ahora será peor que el de antes. Y puede que no, que no se repita elecciones en breve, que se produzca el pretendido pacto de estado PP-PSOE pero encubierto, acuerdo a acuerdo, para que todo siga como está. Inercia, se llama.
Ya nos enteraremos cuál pretendía ser la estrategia del grupo socialista en Canarias. Que hubiera discrepancia, por qué no, pero no entiendo bien los desplantes. A ver. Mientras, el gobierno en minoría funcionará hasta que no se conforme una mayoría alternativa; perdón por la perogrullada, pero no parece que tal posibilidad exista a priori. Se acabó el pacto y el pacto en cascada, aun así veremos muy pocos cambios en la política municipal. Quedan dos años y medio de legislatura, lo que no se mueva ya quedará en el aire... empieza la cuenta atrás. Vaya, la vida que se repite.