sábado, 24 de diciembre de 2016

Los camellos de los Reyes Magos

(Publicado en el periódico El Día el 24 de diciembre de 2016)

Excusa. Me gusta la Navidad, si no existiera habría que inventarla. Y no me refiero a la campaña comercial del Corte Inglés ni tampoco a la interpretación eclesiástica en sentido estricto, sino al concepto en sí mismo. La Navidad como invitación a renacer, reseteo del espíritu: una cuestión necesaria y conveniente. Obligados con la familia, pues muy bien, con los compañeros de trabajo, con el vecino maniático, con la antipática dependienta, pues estupendo, claro que sí, felicidades y tal, durante un par de semanas la felicidad es "trending topic" de nuestra vida cotidiana. Un poco forzado, puede ser, pero qué más da, estupenda terapia colectiva. Una excusa, pues sí una excusa, perfecto, ¿hace cuánto que no cruzas más de dos palabras con tus amigos de toda la vida?, ¿o con tu hermano del que te has alejado por aquel malentendido absurdo? Por si fuera poco, los deseos de felicidad siempre nos vienen de vuelta amplificados: sincronice el receptor, magia potagia.

Renacer. Al menos de espíritu, ¿qué le parece? Y con el año nuevo, la semana próxima, el contador se pone a cero, empezamos otra vez, repetimos, otra oportunidad para lo que sea. Nada mal, ¿eh?, la vida en etapas, hitos que podemos planificar para organizar el futuro, qué bueno, combustible para nuestra natural condición de seres necesitados de proyecto. En definitiva, un poco de desfase, algo de exceso y mucha vida grupal, todo para celebrar nuestro propio renacimiento figurado. Aproveche para desprenderse de lo viejo, incluidos sus allegados especialistas en robar energía.

Regalos. Confieso que a veces sucumbo a la presión. Un mix de austeridad mal entendida, de indecisión y de estrés del último día, porque siempre sostuve que los regalos hay que dejarlos para última hora por si surge una idea mejor, convencido de que no es importante el objeto, sino la idea. Me encantan los regalos, me los tomo como un reto: conseguir eso que sé que te gusta pero que no te atreves. También me encanta recibir regalos, huelga aclarar, portarme bien y el día de Reyes, esa cosilla del día de Reyes, usted ya me entiende: los regalos bien ordenados, envueltos, junto al zapato antes de amanecer.

Santa Cruz. Cómo ha cambiado la cosa: parrandas de villancicos, góspel, teatro callejero y gente, mucha gente, con tenacidad nos libraremos de la maldición del chicharrero (salimos todos o no sale nadie) que se constata la víspera. Para la cabalgata habría que intentar resolver el asunto de los camellos, alcalde, para que se suba don Sergio a ejercer de. Nosotros le chillábamos desde casa de mi abuela, en la calle del Pilar, como posesos, "Melchor, Melchor, no te olvides..." y algún caramelo entraba zumbando por la ventana.

2016. Acaba el bisiesto y nos acordaremos de él. Terrible cuando la palabra del año es la "postverdad", las mentiras, para entendernos, su distribución impune a través de las redes sociales y su enorme influencia en el resultado final del "brexit" y de las elecciones de Estados Unidos. Terrible también cuando la foto del año recoge al asesino del embajador ruso en Turquía junto al cadáver mientras protesta por la injerencia internacional en la guerra de Siria, cuando en realidad la imagen podría ser la de cualquier refugiado de ese espanto de conflicto que no alcanzo a comprender. 2016 con su terrible lógica de Dios. Propongo importar la costumbre de Ecuador, allí un machango de trapo y paja representa al año viejo al que se le pega fuego en la medianoche del 31, fantástico, después enterramos las cenizas y a empezar de nuevo, sin acritud, con ilusión, que 2017 tiene buena pinta.


sábado, 10 de diciembre de 2016

La lógica de Dios

(Publicado en el periódico El Día el 10 de diciembre de 2016)

Frustración. Nos equivocamos de vida. Un viernes tomas consciencia de cómo aguantas situaciones no deseadas y el lunes siguiente la realidad te da un palo que hace temblar los cimientos de lo prioritario, de lo importante y de lo urgente. La realidad parece mentira. Nunca me gustó comprar lotería, "nosotros ya somos ricos", le respondo siempre al vendedor ambulante. En realidad es pánico a la otra, a la lotería inversa, a esa que piensas que nunca te va a tocar, pero toca, sin llevar número, sin posibilidad de reintegro, una enfermedad fulminante, un accidente, un espanto. Ni determinismo que nos ancle a hechos pasados -pregúntele a mi padre que no recuerda qué comió ayer- ni tampoco la divina providencia, por salud mental, por simplificar o por mera conveniencia; convencido del libre albedrío. De nuestra filosofía cristiana, sin profundizar en sus misterios, me quedo con lo que me interesa -el amor al prójimo y tal- mas nunca supe de la doctrina que atribuye al Creador el control absoluto de nuestra mundana existencia. Al contrario, Jesús nos invita a una conducta dada a los demás. Por tanto, no concibo que una infección vírica sea voluntad de Dios ni que tal explicación produzca consuelo.

Enfado. Por impotencia. Me gustaría hacer algo. No sé qué. La vida nos entrena para afrontar problemas, a buscar alternativas, a perseverar y de repente la realidad implacable nos sobrepasa: todo esfuerzo en vano. Nos gustaría que hubiera motivo, un culpable, y si lo encontramos, que pague, que sufra, al menos lo mismo que nosotros. O mandarlo todo al carajo... Cuando desaparece la poesía qué importa un verso. Pero tampoco en la rabia hay consuelo.

Un plan. Esta semana cuesta hacer honor al título de esta columna, seis años después. En la adversidad el futuro es oscuro y alberga horrores, aunque es obvio que lo que está por venir no ha ocurrido todavía y es obvio también que tenemos la posibilidad de decidir qué hacer, cómo y con quién. Resignación la justa. Es una advertencia. Reducir presión es mi intención de aquí en adelante, erradicar de mi vida todo aquello que no sume. Entiéndame, eso no quiere decir que agarre una manta, unas velas y busque una cueva, no: comienza un plan con horarios más estrictos, con menos pérdidas de tiempo, más satisfacciones y menos matraca. Cedo la idea, ahora que se acerca el año nuevo con sus propósitos de enmienda.

El pobre. Confesó el palomo ladrón, fue denunciado y va a juicio. El ministerio fiscal pide condena de prisión. El tribunal advierte que el interfecto puede ser condenado como consecuencia de la denuncia. Los focos apuntan al denunciante, qué cabrón. La apropiación -demostrable o no-, elemento secundario. España en estado puro, "la gente es como es", decía Manolo Medina, vaya falta de valores, reitero yo. Reivindico más calvinismo subtropical, ese que Juanma Bethencourt siempre me atribuye.

El pacto. Lógica política. A mí me gusta el pacto CC-PSOE. Haber planteado un acuerdo en cascada tiene su lógica y que haya excepciones también. Bermúdez no aceptó trabajar con Martín, en el Puerto de la Cruz incompatibilidad manifiesta y otro par de casos imposibles. En toda lógica el PSOE defiende a González Cejas, líder histórico, pero no se romperá el Gobierno de Canarias; al tiempo. No hay alternativa mejor. Ni CC suma con el PP ni Curbelo traicionará a sus camaradas socialistas ni Nueva Canarias se incorporará a un ejecutivo que tiene que resolver urgente el atraso inversor en la isla de Tenerife. Lo lógico sería aparcar las diferencias, atar los 400 millones que promete Montoro e intentar abolir la regla de gasto.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Populismo emocional

Me dice que no, me da las gracias, que sigue con las ñapas y con su paga. Constato la existencia de la renta básica universal y confirmo que el problema de España no es el paro. Ruptura social entre los que trabajan y los que no quieren, los idiotas que madrugan y los que viven a su costa. Fraude social que tiene su guasa aunque se aderece con mucha demagogia o de solidaridad mal entendida.
Dramática realidad desapercibida para la casta y para la nueva casta, carente de experiencia, que no sabe cómo funciona el sistema; otra consecuencia del nuevo régimen, la ausencia de profesionales y empresarios, expulsados de la vida política. Falla el diagnóstico, no es el paro, hablemos de la economía sumergida, del fraude o de la búsqueda obsesiva de la sopa boba. Trabajar en clandestinidad, cobrar subsidio y disfrutar de los servicios públicos. El uso sin contribución genera déficit. El déficit obliga a emitir deuda y a parar las inversiones. Círculo vicioso: fraude, déficit, deuda, no inversiones y paro.
Ahora, para reducir el déficit y cumplir con la UE, el sumiso gobierno popular pretende contener el gasto y subir los impuestos sin considerar siquiera la conveniencia de luchar contra tantísima actividad no declarada que socaba los pilares de la convivencia. Muy grave el desenfoque, un “punto ciego”, que diría Amin Maalouf, una de esas evidencias que tenemos delante de nuestras narices y no somos capaces de detectar.
Mientras, el éxito de Trump confirma la inexistencia de contrato electoral –promesas posibles e imposibles- y el triunfo del populismo como última reivindicación del individuo, centro de una espiral que dejó atrás el patriotismo y después el nacionalismo. Adiós a la universalidad del género humano, demos la bienvenida al verdadero protagonista: somos las nueve cifras del móvil con conexión 3G. El mensaje se particulariza segmentado hasta la unidad y sin atisbo racional, se nos atrapa a través de las emociones, sin escrúpulos, sin disimulo, como en el terrorífico anuncio de la Lotería. Vaya paradoja, la masa anónima devuelve el poder al sujeto. Tremenda paradoja, nuevos tiempos que demandarán viejos valores.