sábado, 26 de noviembre de 2016

Respetito, si eso

(Publicado en el periódico El Día el 26 de noviembre de 2016)

Valores. Cotizan a la baja, sobre todo en la esfera pública. Qué peligro cuando no se monta un pollo con las conductas que atentan contra las normas -muy básicas y no escritas- necesarias para la convivencia pacífica. No entiendo por qué se tolera esa panda de impresentables que duerme en su escaño, en Cortes, y que no muestra un mínimo respeto, aunque sea impostado. En qué momento se instauró la tolerancia universal. Pues yo no estoy conforme: tolerancia cero a la falta de valores. Conste que se trata de una postura individual, le invito a hacer lo propio, pero no me malentienda, nada de proselitismo, puro egoísmo, mero afán por conservar un país mínimamente vivible. Qué peligro cuando la mentira, la falta de respeto o la connivencia no obtienen condena ni reprobación, cuando se aplaude sin pudor el fraude fiscal o la economía sumergida.

El pueblo. Toda la gente es buena. Una inmensa mayoría que nunca levantará la mano ni se pondrá al frente de nada. Quienes se mueven en la esfera pública son de una pasta especial y se aprovechan de que el resto asume su papel de masa anónima. Al menos debemos exigir que no abusen, aunque no sé cómo. Porque la gente, desde El Ampurdán a Sabinosa, trata con respeto a las personas mayores, quiere a su madre y usa traje en bodas y funerales, aunque sea modesto. Otro peligro acecha: emular la falta de valores, como si fuera aceptable. Protéjase de quien pretende ser "el pueblo", arrogancia indigerible.

Impuestos. Faltan 5.500 millones de euros para cuadrar las cuentas del Estado y cumplir el compromiso europeo. En dinero unos 1,2 billones de pesetas de aquellas; para simplificar, 118 euros por barba. Montoro, cóbrese los míos y déjese de inventar, que acabo pagando más... No me haga caso que los impuestos son cosa seria, no solo por la recaudación en sí misma, sino por sus efectos sobre la economía. ¿Más presión a las empresas o a los trabajadores?, ¿gravar el consumo en general o ciertos productos en particular?, ¿al patrimonio o al ahorro? La política fiscal, ¿es una cuestión ideológica? En teoría sí, aunque en realidad se atiende el criterio de los superexpertos y la intensidad de las fuerzas invisibles que sostienen el equilibrio. En mucha menor medida la voluntad o la osadía del gobierno de turno, "adiosgracias".

Fraude. Poner remedio a la confusión. Porque la omnipotente Agencia Tributaria se ocupa con entusiasmo de luchar contra el fraude fiscal, verdaderos expertos en detectar errores y lanzar complementarias. Pero claro, conocí a una persona que jamás pagó un impuesto y como no existía para la máquina nunca le reclamaron un duro. Vaya. Los responsables de la cosa a nada que llevaran los ojos abiertos (o cerrados) se toparían a diario con tantos que no existen. Una cosa es descubrir quién paga menos y otra muy distinta conseguir que paguen los que no pagan, si eso. La persecución de la economía sumergida como medida eficacísima para aflojar la soga al sufrido contribuyente. Investigar y sancionar, pero con pérdida de derechos, que sí, a lo bruto, sin contemplaciones: que usted maneja dinero negro, pues olvídese de su pensión de jubilación o de la prestación por desempleo, y ya veremos si pasado un tiempo le tramitamos una ayuda por caridad cristiana. ¿Exagero? Puede. Hablamos de valores, y quienes engañan no me hacen ni pizca de gracia.

Reacción. Confieso que me siento mal cuando no reacciono a tiempo ante la falta de valores en mi entorno cercano, me corto por evitar el conflicto, jodida educación. En particular con esta nueva ola de misoginia. Uf.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Lo nuevo que viene de viejo

(Publicado en el periódico El Día el 12 de noviembre de 2016)

Igualdad. De las elecciones presidenciales de los Estados Unidos me sorprende el escaso castigo recibido por la misoginia del candidato vencedor. Su aversión y falta de respeto hacia las mujeres no fue suficiente ni para que su propio partido de conservadores republicanos le apartara de la candidatura ni para que los votantes lo castigaran en las urnas. Nos enfrentamos en occidente a un neomachismo de imprevisibles consecuencias, ya sea por complejo de inferioridad o el presumible contagio de la cultura musulmana (Zurita, no te pases). En España se critica los modelitos de las nuevas ministras y ni se menciona las pintas de sus homónimos masculinos; acoso adolescente, violencia doméstica, techo laboral: el camino hacia la igualdad con tantos obstáculos en pleno siglo XXI es muy inquietante. Permitir tales conductas es de género idiota.

Machismo. Venimos de una sociedad machista, absurda y ridícula. Hombres machistas por comodidad y mujeres machistas por idéntico motivo. No existe conciliación entre la vida laboral y familiar ni horarios escolares racionales ni roles compartidos. La política obvia las cuestiones fundamentales de la vida cotidiana y así nos va. Tanto empeño en controlar la economía y tan poco en facilitar nuestro tránsito por este mundo cruel. Ni la casta ni la nueva casta consideran siquiera adaptar los horarios, socializar el coste de la maternidad, equiparar los derechos de ambos progenitores, en definitiva, considerar la importancia de la demografía, de la calidad de vida y de la igualdad, no como eslogan sino como objetivo a perseguir y a alcanzar. Inadmisible identificar el estado del bienestar con la renta per cápita, la capacidad de consumo o cualquier otro indicador económico; inquietante retroceso.

Populismo. Comparar los movimientos nacionalistas europeos con el show de Trump denota desesperado oportunismo. Nada que ver el Frente Nacional de Marie Le Pen, por ejemplo, con las promesas electorales de un solo individuo. Trump candidato y nuevo líder mundial, nadie sabe cómo, pero ni encabeza una nueva corriente ideológica ni pretende la refundación de la democracia. Dijo lo que la gente quería oír, ahora como nuevo presidente pretenderá hacer lo que dicte su olfato de empresario de éxito y hará lo que le deje el Partido Republicano que controla Congreso y Senado. Él y su verborrea de campaña, nada nuevo, por cierto, -ya sabemos que los políticos mienten-, pero imposible calificar como populista el pretendido regreso a los rancios valores de la América profunda. Peligro tenemos aquí con Podemos y su legión de intelectuales neocomunistas que lideran un partido con muchos seguidores que promete sopa boba universal y demoler el sistema para implantar no sabemos qué. Estemos tranquilos, Trump no hará nada que perjudique a sus empresas, ¿que reniega de la globalización? Pues bienvenido al club, nosotros en la UE, y en Canarias en particular, llevamos décadas poniendo trabas.

Teatro. Las declaraciones de Hernando, el del PSOE, en las que anuncia la negativa a los Presupuestos Generales del Estado, sean como sean, refuerzan la profecía de este oráculo. Teatro, la investidura de Rajoy, para alejar las nuevas elecciones de las fechas navideñas y dar tiempo a los socialistas a pasar la resaca.

Demolición. Y si en vez de mamotreto lo llamamos "aparcamiento subterráneo para dar servicio a la playa y al pueblo de San Andrés construido con dinero público". Procede destapar la manipulación mediática para tirar por el sumidero esos 15 millones. Qué vergüenza. Y una pena que el hormigón no admita ser reciclado para el nuevo edificio que se construirá en ese mismo sitio para ese mismo fin por imperativo del Plan General, norma de obligado cumplimiento. La justicia injusta que paga usted.

(Ilustración robada a Eduardo González)