sábado, 28 de noviembre de 2015

Poner corazón

(Publicado en el periódico El Día el 28 de noviembre de 2015)

En la política. Llámelo como quiera. No basta con que ejercientes y aspirantes demuestren agilidad mental, sentido común o carisma. No basta la estrategia. Persisten la desconfianza y la abstención porque no hay corazón. Se nos pretende imponer un Estado racional, el reparto de los presupuestos objetivado con una hoja de cálculo y el análisis de los problemas como cuestiones estadísticas. Nos tratan como números y somos personas. El ejercicio de la política es una tarea de humanidades, no de matemáticas; por tanto, como no es ciencia exacta, el equilibrio, ese intangible, hay que pretenderlo con amplitud de miras y a medio plazo, sometido al escrutinio de la mayoría sin despreciar a las minorías.

En campaña. Un programa electoral son intenciones, el hilo argumental de algo más que una mera receta, algo más que una fórmula magistral, y no valen solo promesas, ya no. Y entonces necesitamos personas, primero los líderes, que parece que se bastaran solos, y después el resto del equipo. ¿Qué dicen quienes integran las listas de los diferentes partidos que optan a representarnos en las Cortes?, ¿qué acuerdos internos han alcanzado para defender los intereses de quienes vivimos en Canarias?, ¿cómo pretenden actuar? No se sabe. No se sabe ni quienes son. Todavía están a tiempo.

En lo público. Por definición, vocación de servicio, dicen, pues eso. La misión de la administración pública, la propia justificación de su existencia, consiste en procurar el bienestar de los ciudadanos en el ámbito de sus competencias, afirmo, en aquellas cuestiones que sobrepasan al individuo por economía de escala o limitación técnica. Aunque cada cual podría barrer la acera delante de su casa, parece razonable que la limpieza viaria se organice con operarios y maquinaria, y que los vecinos dejen la escoba y se limiten a contribuir al erario. Tratar cada uno su propia basura, potabilizar su agua y depurarla después, o alumbrar la calle, son comodidades que provee mal cada individuo por sí mismo. Cada servicio aporta un granito a ese bienestar global: la sensación de vivir en un espacio agradable, sin basura, con agua corriente y luz por las noches. Se entiende muy bien a la inversa: cuando los servicios básicos no se prestan o son deficientes la vida cotidiana se tuerce, no resulta placentero salir a pasear ni convivir con las moscas ni con la sensación de inseguridad.

En el trabajo. Poner corazón en nuestra actividad profesional. Enorme reto individual. Quienes se dedican a lo público lo tienen fácil, aunque quizás no se hayan percatado, porque el fin último de su esfuerzo es muy elevado: procurar ese bienestar del ciudadano del que hablamos. Bien pensado y en analogía, las empresas que funcionan, las que venden sus productos y servicios, son aquellas que aportan bienestar a sus clientes. Lo mismo, qué cosa. Entonces no queda otra: el reto consiste en introducir ese intangible, el corazón, en la vida laboral, pero no de manera altruista, sino por puro egoísmo, entiéndame, en la medida que conseguimos procurar satisfacción como fruto de nuestro trabajo, cobra sentido la energía empleada, objetivo alcanzado, mucho más satisfactorio que el dinero del salario.

En el ámbito privado. Con corazón las exigencias cotidianas se llevan de otra manera, dejan de ser una carga y se convierten en gestos de generosidad. Pruébelo, es una mera cuestión mental. Solo cambia el enfoque. Nuestra misión personal centrada en procurar la felicidad de quienes nos rodean, que todo lo que hagamos persiga ese fin. Tiene truco, solo intentarlo revierte en felicidad propia. Reparo en que no me hizo falta explicar qué es eso de poner corazón, usted lo sabe.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Chantaje

(Publicado en el periódico El Día el 14 de noviembre de 2015)

Catalán. Monotema. Artur Mas ejerce de tonto útil y se sacrifica para satisfacer los intereses de no sabemos quién. Mal que le pese, tiene los días contados, que Esquerra Republicana ya dijo que hará lo que sea por seguir con el "procés" y la CUP por coherencia ideológica exige su cabeza para empezar a hablar. Habrá un nuevo "molt honorable" de consenso justo a tiempo, estoy convencido, porque ninguno de los coaligados se atreverá con un nuevo plebiscito no vaya a ser qué. En realidad, el fin ya está conseguido con el envite, la cortina de humo y ahora atentos con la pandorga. Conseguido, sí, privilegios en la financiación autonómica, un concierto fiscal al estilo del País Vasco o la reducción de condena de los Puyol, se aceptan apuestas.

Solo emociones. Rajoy espera, fiel a su carácter; sabe que Mas juega de farol con la deuda pública catalana calificada como bono basura; las farmacias sin cobrar las recetas del sistema de salud y sin liquidez para las nóminas de los servicios esenciales que presta la Generalitat. Iniciar un viaje sin dinero, como es el caso, evidencia que nunca hubo intención real de independencia; no hay una propuesta sólida, solo sentimientos, solo chantaje, llevado al extremo y con el riesgo de que chiflados de ambos bandos se líen a trompadas en el éxtasis de la representación. Todo vale, pensarán, la Historia dirá si se les fue la mano. Los espectadores poco podemos hacer, aunque este año en casa no se brindará con cava catalán; ejerzo mi derecho al pataleo silencioso.

La salida. No veremos los tanques por la Diagonal ni se empleará el 155 ni acabará nadie en la cárcel, al tiempo. Cruce de amenazas y declaraciones en prensa, más humo, más testosterona y los mismos problemas de los ciudadanos sin respuesta. Después, en algún despacho, empezarán las conversaciones en serio, las demandas y las cesiones, y nunca sabremos en verdad cuánto nos va costar la aventura soberanista. Unos pondrán plazos para lo inevitable y los otros venderán haber defendido la unidad de España. Después vendrá la calma. En nada los medios tendrán que ocuparse de las generales y de los pactos para constituir el nuevo gobierno en minoría.

Copiar. En Canarias no podríamos hacer lo mismo, igual lanzamos el órdago y nos dejan marchar con unos cohetes, un sincero que nos vaya bien y dos palmadas en la espalda.

Pronóstico. Me mojo con tiempo de rectificar. Ganará el PP con Mariano o sin él, porque las personas de edad son más, no están para experimentos y seguir igual ya les va bien; además, los conservadores tienen una base de afiliados enorme y son (obedientes) leales a sus colores. El PSOE, castigado en las encuestas, no bajará tanto como presumen sus adversarios, los del PSOE son del PSOE, como los del Atleti. Rivera demuestra que es un gran líder al frente de un elaborado plan de marketing y da instrucciones a sus cabezas de lista para que no se expongan, un buen proyecto sin personas, y lo acabará pagando. Y Podemos, que se desinfla poco a poco, pierde identidad, transita de la "izquierda revolucionaria" a la "tecnocracia del politburó", y ya no es lo mismo; proclamar "yo voto por Podemos" es un acto de rebeldía, hacerlo exige peaje. Intención no son diputados; que se lo digan a IU o a UPyD, que en circunscripciones pequeñas, que son mayoría, con pocos escaños a repartir, no hay espacio para la sorpresa. Aquí CC luchará por el suyo, lo tiene difícil, aunque no imposible, deberá proponer algo distinto, tener voz para decir algo.


(Foto de lavanguardia.com)

martes, 3 de noviembre de 2015

Contrato psicológico

La motivación es aquello que nos impulsa a reiterar una conducta repetitiva. Porque para hacer algo por primera vez no hace falta nada, somos noveleros por naturaleza. Sin embargo, cuando hay que ir a trabajar todos los días con cierto entusiasmo debemos haber encontrado el motivo... las personas somos así.

Los expertos definen tres tipos de motivación, la extrínseca, condicionada a la obtención de dinero o reconocimiento público, a recibir un premio, en definitiva, la intrínseca, que se refiere al crecimiento personal y la profesionalidad propia, y la trascendente, que incluye todas aquellas cosas que hacemos por amor, sin esperar nada a cambio.

Ir a trabajar sin considerar que sea una condena. Hacerlo porque nos pagan es combustible de escasa potencia, incluido un aumento de sueldo, que interiorizamos muy rápidamente y lo convertimos en un simple "tiempo por dinero", que diría Rafael Mesa. Nada fascinante. En tal estado cualquier pequeña inconveniencia en la empresa se convierte en un fastidio, un cliente insatisfecho, en una molestia, y un jefe malhumorado, en motivo de suicidio.

Las empresas que cuidan a sus empleados saben que la forma de mantener la moral alta es proponer carrera profesional. Todos conocen la ruta y por tanto las posibilidades de mejora laboral. La organización pone especial empeño en fomentar la formación desde las etapas iniciales y en cada una de las metas volantes. Las empresas excelentes no dan órdenes, se limitan a delegar funciones y a evaluar resultados, y transmiten responsabilidades, trabajan la profesionalidad. Ese es el camino, esa es la energía del éxito.

Ejecutar acciones de este tipo crea vínculos entre la empresa y su equipo, orgullo de marca, fidelidad y entrega. Conducta muy apropiada en la relación con los clientes, por ejemplo. Trabajador y empresa se vinculan también con un contrato psicológico, no solo el contrato laboral con las condiciones formales, sino un vínculo más potente mucho más satisfactorio para ambas partes.