lunes, 21 de septiembre de 2015

Enfermedad de Alzheimer

Día mundial para la concienciación sobre esta enfermedad. Salen hoy muchos artículos y referencias al respecto. Porque es terrible, desconocida y da miedo. A mí me da miedo. A quienes la padecen también, estoy seguro, aunque lo más probable es que no sepan de qué se trata y si alguna vez lo supieron, se les olvidará. Tanto da, adquirir esa conciencia, afirmo, por mucho que haya quien diga que así el paciente puede programar el futuro, pero no es verdad.

El Alzheimer es una lucha interna, dolorosa y cruel, que no estás dispuesto a perder, ni piensas rendirte ni vas a confesar que no te acuerdas. Tú estás bien, pero te falla la memoria y entonces rellenas ese hueco, primero con otro recuerdo similar, plausible, después con cualquier cosa, el argumento de una película, la trama de una novela o pura imaginación. Al principio no pasa nada, crees, porque son detalles nimios los que hay que completar, pero no quieres que nadie te descubra.

El neurólogo nos lo explica: es la verborrea consecuencia de querer aparentar normalidad. Pero cuando te enteras ya es tarde, ya han pasado un par de años, porque no puedes arrastrar al especialista a una persona que está bien, que se olvida de pequeños detalles pero que hace una vida normal. Cuando vas al médico, con alguna treta, claro, ya es tarde. Aunque más vale tarde, porque el tratamiento ayuda a superar la enorme frustración y a convivir con la terrorífica evidencia de que no solo no sabes dónde están las llaves, sino que piensas que en nada tampoco sabrás quién eres.

Frustración, enfermedad de la frustración... lees un párrafo y ya no te acuerdas de las primeras líneas, tenías un coche y un buen día tus hijos te lo roban... El tratamiento ayuda a controlar la frustración, no sé cómo, pero ayuda. Y entonces funciona la rutina, los paseos, un helado, ir al fútbol, un día voy con mi hijo y otro día con un sobrino, creo, y lo pasamos bien.

Y cuando se controla la frustración ya solo queda la terrorífica evidencia, pero no nos puede vencer. Y cada día es un día más, a veces un poco mejor y a veces un poco peor. Y entonces llegamos a este punto y nos concentramos en lo único, en que ese día de más, cada día de más, sea un día feliz.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Buen rollito

(Publicado en el periódico El Día el 19 de septiembre de 2015)

Clavijo. Pues claro. No queda otra. No sé cómo proponen que se gobierne quienes objetan de la conducta del presidente, ¿al taponazo? Para guerrita ya tuvimos la de Rivero con el ministro Soria que no sirvió para nada. Una cortina de humo para que los problemas quedaran sin resolver. Pues sí, el "buen rollito" debe estar presente en todas las facetas de la vida: en la política, en el mundo de la empresa y en las relaciones personales. Quien lo practica se obliga a estar de buen humor, a escuchar, a respetar, a no dar nada por supuesto, a obviar prejuicios, denota confianza en uno mismo para entender qué pasa, ayuda a preguntar e impide las falsas expectativas. Muy de Fernando que siempre ejerció aquello del "be water my friend" que promulgaba el maestro Bruce Lee. Ahora incluso va más allá porque el "buen rollito" requiere proactividad y además se contagia a la otra parte, una excelente técnica para negociar.

Montoro. El regalo de los 160 millones del ITE es tan así que parece mentira. No se había visto al PP de Rajoy tan generoso desde que prometió bajar los impuestos. Descubrimos de rebote que una tasa que había desaparecido en el resto de España se sigue recaudando en Canarias, como reliquia fósil, como nuestros bosques de laurisilva, como parte de un REF cuya finalidad última era aligerar la presión fiscal. Pues no entiendo nada. Si esos millones los pagan los empresarios canarios, ¿dónde está la gracia? "Sabléalos y quédatelo tú, y ponte la medalla, total, ya me apañaré yo para quitártelo de cualquier transferencia corriente", le habrá dicho ufano Montoro a Rosa Dávila. Y es que el dinero de los impuestos no viene de París, los niños tampoco y el que parte y reparte, ya se sabe. Montoro intenta el "buen rollito", pone la sonrisilla pero se delata impostada.

Alpidio. A saco. Lo dijo claro: si el PSOE expulsa a los concejales amotinados de La Frontera, él y el resto de afiliados salen detrás. Le faltó decir a dónde iría y si son todos, todos, o solo una parte. "Queremos entrar en las instituciones", afirmó, es decir, que AHI haga hueco. Reacciona AHI e invoca el pacto autonómico, lógico, aunque no sé quién lleva razón. Si era un acuerdo en cascada, ¿qué pasó en El Hierro? En cualquier caso, no creo que estas vicisitudes locales afecten a la estabilidad del Gobierno de Canarias aunque haya tantísimo interés.

Román. Este sí. Que dice que al Congreso se presentaría con el PSOE, al menos por Las Palmas, con "buen rollito". Se especula porqué y yo me atrevo a descifrarlo, "porque en Nueva Canarias somos de izquierdas no como los de Coalición Canaria que son como los del PP", proclama. Y se viene arriba "porque somos tan de izquierdas como el PSOE, pero somos de aquí y Pedro Sánchez no nos manda", sentencia. Y al final irá solo, estoy seguro. Román enreda y sabe que el nacionalismo canario lo tiene difícil para las generales, muy difícil.

Futuro. Ahora bien, el "buen rollito" es solo una herramienta, no puede ser un fin en sí mismo, al menos en el ejercicio de la política. Canarias necesita algo distinto a lo de ahora, por el bien común, incluso para quienes se creen beneficiados por el sistema. No nos podemos permitir mantener la moratoria turística mientras haya tantísimo terreno urbanizado y el negocio turístico no pare de crecer, no se puede mendigar para el REF económico mientras no sea vinculante para los Presupuestos Generales del Estado. Con los pies en el suelo, algo nuevo, ya.

(Foto de www.laprovincia.es)

martes, 15 de septiembre de 2015

Motivos éticos

Compartí experiencias con un colega compañero de profesión en la dirección de empresas. Comentábamos los conflictos que surgen cuando nos topamos con una conducta inadecuada por parte de la propiedad que afecta a la gestión del negocio. Es decir, cuando la empresa, su órgano de gobierno, pretende saltarse algún aspecto de la legislación vigente o inaplica alguna obligación, incluso moral, con alevosía, por decirlo con cautela.

Podría ser no tener en cuenta algún principio de las relaciones laborales, el pago de retribuciones, las cotizaciones, los horarios o cualquier otra cuestión que afecte a los trabajadores de la empresa. Podría ser el escaqueo de alguna obligación tributaria o la inobservancia premeditada de alguna obligación normativa. Incluso una discrecional política comercial que discrimine a unos clientes sobre otros, el empleo de ingeniería contable o el empleo de una trama de sociedades interpuestas para dar opacidad al reparto de beneficios. No solo cuestiones ilegales, que a veces también, sino comportamientos que son difíciles de explicar.

Francisco González, presidente de BBVA, sostiene que cualquier acción que realice una empresa -habla de la que él preside como una declaración de intenciones- debe ser "legal, ética y publicable", debe cumplir las tres condiciones. Una forma de moverse en el mundo empresarial que podría extrapolarse a cualquier sociedad mercantil o actividad profesional. La última de ellas, que sea publicable, una garantía autoimpuesta, en el sentido de exigir ser transparentes.

Coincidíamos en la incompatibilidad de la acción directiva cuando ocurre que la propiedad pretende reiterar esas conductas inapropiadas, no solo por el escaso interés de convertirnos en cómplices de la tropelía, sino también porque el trabajo profesional pierde interés, además de lo difícil que resulta estar alineados con un proyecto contaminado, por no decir imposible.

Coincidíamos también en lo complicado de gestionar una organización insana, porque siempre trascienden esas cuestiones inconfesables. Al final "se sabe" cómo se hacen las cosas y ese estilo acaba impregnando el día a día. Nadie admitiría un sistema de dirección por objetivos o de motivación por el logro en una organización cuyos resultados no fueran totalmente transparentes. En un negocio en el que el dueño mete la mano en la caja sin control, por poner un ejemplo, no hay seguridad de que alguna otra persona también lo haga.

El directivo que se encuentra con estas circunstancias debe intentar provocar los cambios necesarios para normalizar la situación. Si no puede, debe tomar la decisión de abandonar el proyecto, sin más, porque denunciar las irregularidades detectadas no es su responsabilidad y atentaría con el principio de confianza. La discreción es uno de los valores que se exige al directivo, la complicidad, no.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Resistencia al cambio

(Publicado en el periódico El Día el 5 de septiembre de 2015)

Partidos. Me como con papas mis propias palabras; ni Podemos ni Ciudadanos, qué pena. Mi tocayo
Iglesias abre la mano a cualquier espíritu de izquierdas que quiera sumar, sin importar la ideología; qué poco duró la revolución. Y el de Rivera no es un partido político, es solo una campaña de márketing que vende esperanza pero es humo: un sólido politburó, unos afiliados que participan de la pantomima, pagan su cuota y votan "primarias", y patada rápida para quien no vaya al paso. Primero la UPyD de Rosa Díaz y ahora estos dos, con el carisma de sus líderes, nudo y desenlace, que me vienen al pelo para terminar de darle forma a mi tercer libro, "Guía práctica para crear un partido político de éxito", tarea pospuesta "sine die", pero que hubiera estado incompleta sin toda esta historia reciente.

Elecciones. Ahora sí. Las elecciones generales para el 20 de diciembre, palabras mayores, política de verdad, de esa que puede hacer que las cosas cambien para mejor o para peor según decida el pueblo con su incuestionable sabiduría. Rajoy se enfrenta a su reelección con todo el simbolismo posible, en competencia con el Niño Jesús y el Gordo de la lotería.

Falta de atención. Esto es lo que pasa cuando alguien se empeña. Tenaz Ferrusola, la ideóloga catalana detrás del pequeño gran hombre, que trazó su plan del que se cumplen sus hitos. Eso es lo que pasa cuando no se presta atención a las pequeñas concesiones: primero, erradicar el bilingüismo; después, controlar la educación para contar su propia historia y tener paciencia, mucha. Nadie se preocupó en serio mientras los nacionalistas daban mayorías en Madrid. Y aquellos tiempos derivan en este conflicto que, pase lo que pase, producirá una honda fractura y su cicatriz imborrable. Igual que en Europa con la que se nos viene encima después de haber mirado para otro lado en Siria o en el África negra. En este mundo globalizado no se puede pasar, ahora la tragedia y a poner tiritas sin intentar siquiera enfrentar el fondo del problema, no aquí, sino allí.

Esta isla. Ni cien días de gracia ni toda la eternidad. Me arriesgo a que me tachen de mal tinerfeño, otra vez, como hizo el ínclito cuando algo dije sobre la incomprensible política del Cabildo de Tenerife, su intervención en la economía y sus encomiables fracasos sufragados con su dinero de usted; entre otros, un campo de golf, los casinos, las bodegas insulares, las cooperativas agrarias desaparecidas y ahora, por inacción, el turbio asunto de las aguas residuales que van al mar sin depurar. Eso es lo que pasa cuando se procrastina en el ejercicio del gobierno, que queda la herencia, que le explota al heredero. El causante y el heredero, atados por la desidia del primero y los compromisos del segundo, que parece que algo hay, y a eso voy, a ver si trasciende algo nuevo. De momento nos tratan con idéntica condescendencia y no hay necesidad ni de medias verdades con lo del tren del sur, ni de anillos insulares a los que les falta un carril, un puente y no sé cuántos túneles.

Competencia. La competencia es la solución, afirmo, pero qué miedo da. Tenemos una moratoria turística y millones de metros cuadrados urbanizados, listos para edificar, en los que ya no se va a atentar contra el medio ambiente. En los estados de Georgia y Lousiana, después del huracán que acabó con todo, liberalizaron por completo las relaciones laborales y la economía crece por encima del resto. En definitiva, el paro no baja por miedo a la competencia, qué miedo da.