lunes, 22 de diciembre de 2014

Objetivos para el año nuevo

El nuevo ejercicio está por escribir, eso tiene el futuro. Primero, que no ha ocurrido todavía (vaya) y,
segundo, que podemos influir para que ocurran ciertas cosas y no otras. Formular objetivos permite enfocarnos, actitud de la que derivan múltiples efectos positivos.
La contabilidad se refiere a sucesos pasados, sobre los que ya no se puede hacer nada, solo llevar un registro preciso y analizar qué y por qué. Aunque no solo sirve para liquidar nuestros impuestos sino también y sobre todo, para saber cómo marcha el negocio y poder informar a nuestros socios, a nuestros empleados y al resto de nuestro entorno. Es nuestra presentación: quiénes somos.
Pero no basta con saber qué pasó. Más interesante, desde el punto de vista de la gestión empresarial, sería adivinar qué podría pasar el año próximo, cómo se van a comportar nuestros clientes, dónde va a meter la pata nuestro principal competidor o cuáles serán los nuevos avances que la tecnología va a implementar en nuestro sector. No, lo siento, no sé cómo programar la bola de cristal para profetizar el futuro, no era eso…

La planificación financiera, más terrenal, sin embargo, nos permite dibujar ese escenario. Podremos estimar cuánto vamos a (queremos) vender, cuánto nos va a costar esa venta, qué inversiones debemos realizar para no quedarnos atrás, qué procesos hay que mejorar y qué línea de negocio urge abandonar de una vez por todas. Una formulación exhaustiva de lo que podría ocurrir el próximo ejercicio, si lo hacemos con rigor, deja bastante poca incertidumbre. Las ventas, claro, esas son siempre una incógnita.

Nuestro plan no deja de ser una declaración de voluntades. Pero con ella estamos en disposición de implantar nuestra “gestión por objetivos”,el arma definitiva. La organización sabrá qué nos hemos propuesto y de repente, por arte de magia, todos nos alineamos a conseguirlo. Se llama “motivación por el logro”, el más potente combustible emocional con efectos a largo plazo y sin crear adicción. En cada cierre mensual veremos en qué medida hemos sido capaces de cumplir con los objetivos marcados: cuando lo hayamos conseguido, disfrutaremos del éxito, y cuando no lleguemos, podremos analizar qué hicimos mal para corregirlo.

La “gestión por objetivos” es una herramienta sencilla que funciona. Para que la tenga en cuenta en esta época de reflexión y propósito de enmienda. Ya sabe, “Queridos Reyes Magos… “.

Por cierto, muchas felicidades.

(En el mes de enero está convocado un curso sobre "Sistema del GPS, Gestión por Objetivos" que impartiremos en la Cámara de Comercio de Santa Cruz de Tenerife)

sábado, 6 de diciembre de 2014

La trampa de la pobreza

(Publicado en el periódico El Día el 6 de diciembre de 2014)

Derechas. No entiendo mucho el esfuerzo de los gobiernos por implementar prestaciones para personas sin ingresos en comparación con la tibieza en las medidas para conseguir que tales ayudas no sean necesarias. Porque la ayuda coyuntural por sí sola no es suficiente y menos si se convierte en una forma de vida. Hablan los economistas de la "trampa de la pobreza" porque ese dinero puede llegar a actuar de freno para la toma de ciertas decisiones, como aceptar la movilidad geográfica o dedicar un tiempo al aprendizaje de un nuevo oficio, y además porque tiene el efecto perverso de inducir a la derrota. Cuánta gente desahuciada con cincuenta... tantas veces por ellos mismos. Los efectos del subsidio son más pobreza a pesar de la buena intención. La agricultura subvencionada, por si sirve de ejemplo, que solo representa el uno por ciento del PIB canario a pesar de que aquí comemos tres millones de personas todos los días. Pareciera que el afán esconde intenciones electoralistas de corto plazo, mientras se desmonta la clase media, tal y como la conocemos, a largo.

Izquierdas. El que recibe la prestación debe saber que el subsidio no le mejora la vida a nadie, que está bien como tabla de salvación, pero solo eso. Mejoramos con nuestro esfuerzo y no solo desde el punto de vista económico o social, sino también como personas. Por eso las ayudas deben ir acompañadas de un potente plan de reciclaje, por eso hay que obligar a que los receptores de esas prestaciones salgan de casa, se formen, encuentren un motivo para mirar adelante. Que aprendan inglés para encontrar su oportunidad en el turismo o francés para hacer negocios con nuestros vecinos de África, que pierdan el miedo a la informática, que estudien cualquier nueva profesión con futuro. Inculcar, exigir casi, que inviertan esos euros en ellos... por el bien de la sociedad, de esa sociedad (no del Estado) que es solidaria y está ahí cuando hace falta.

Populismo. El Cabildo de Tenerife, el nuevo Kremlin subtropical, anuncia la contratación de 682 personas sin la ESO para... bueno, las contrata durante seis meses y aplica una nueva forma de discriminación. Considérese todo lo anterior.

Enfoque. Para contrarrestar el estancamiento de la economía está el REF, nuestro régimen especial, tan poco especial y tan poco eficaz de momento a la vista de los resultados. El nuevo REF que se aprueba ahora: más de lo mismo. Nos torean en Madrid, se han pasado por el arco, con alevosía, lo que algún funcionario considera privilegio... pues claro, atontado, de eso se trata, de que con ese privilegio encontremos a alguien que haga negocios en Canarias. Todavía estamos a tiempo, que lo arregle el PP con su mayoría absoluta (sí, Cristina, que lo arregle el PP), que elimine esos límites que impiden que una empresa peninsular pueda acogerse a todas las ventajas de la ZEC (¿a que no lo sabías?), que proponga incentivos (bajada del IRPF, por ejemplo) para el común de los mortales y no solo vinculados a la inversión o a los beneficios, y que admitan, de una vez, la quinta libertad aérea. A ver si al final tenía razón don José Rodríguez, porque a veces no sé qué pintamos en esta familia que no nos quiere.

Espíritus libres. Hacienda y la Seguridad Social tienen vida propia, ¿se gobiernan solas, a su bola, señor Rajoy? Impuestos y contratos que dificultan la economía. Implantan medidas para el control del fraude con una burocracia que lo incentiva, que no simplifica sino enreda. Impóngase, haga política, baje los impuestos y liberalice las relaciones laborales como medida imprescindible para instaurar la cultura del mérito. Si no se atreve, le invitamos a que diseñe para Canarias la prueba piloto, métalo en el REF, está a tiempo.