sábado, 27 de septiembre de 2014

Desenfoque parlamentario

(Publicado en el periódico El Día el 27 de septiembre de 2014)

Prioridades. Esta semana el Parlamento de Canarias tomó en consideración la ley de inversiones estratégicas cuya finalidad es reducir a la mitad los trámites burocráticos. Ha leído usted bien: reducir a la mitad los trámites burocráticos -en la administración regional, insular y local- de determinadas inversiones que el Gobierno considere que son estratégicas para Canarias. No hablan de financiarlas, ni de provocar la colaboración público-privada, ni de vender Canarias como plataforma con incentivos fiscales que las sustente. El arma secreta es reducir los "trámites burocráticos". Y la oposición en cólera se queja porque no se fían de cómo van a ser elegidas las agraciadas, claro: la tentación de la prevaricación, denuncian. Unos y otros han perdido el norte, esto es muy lamentable, dan ganas de llorar... Reconocen que los trámites burocráticos son un problema que impide las inversiones y lo que se les ocurre es darle prioridad a algunas, ay, ¿por qué no a todas?, ¿cualquier inversión no es estratégica en tiempos de crisis?

Resignación. Reconocen también que los trámites burocráticos puede ser reducidos a la mitad cuando una ley así lo disponga. Vaya tomadura de pelo, será a costa de que otros proyectos -los clasificados como no estratégicos- demoren aun más su tramitación administrativa... Admítame la retórica por preguntar si entre los sesenta representantes del pueblo soberano o sus incontables asesores no tendremos a alguien que se le ocurra proponer una ley, o lo que sea, que acabe con los "trámites burocráticos" de una vez por todas, que permita abandonar la concepción decimonónica de la Administración Pública y nos deposite en el siglo XXI. Las directivas comunitarias trasladan la responsabilidad al particular o la empresa que quiere actuar y aquí no nos desprendemos de la autorización previa con todas sus derivadas. Será que cuatro años son pocos para acometer semejante empresa; será que no interesa desmontar el chiringuito; será que la política ya aniquiló todo el talento. Por si fuera poco, Paulino Rivero anuncia nueva subida de impuestos sin contrapartida; al menos podrían fusionar ayuntamientos o acabar con la duplicidad de competencias... o algo.

Indefensos. El Parlamento y su fundamentada obligación de promulgar leyes. Sin ton ni son. Leyes para matizar otras leyes, unas sobre otras, hasta el día del juicio final. Camino de la república independiente con entramado legal propio. Jactancia del abogado que es mayoría entre sus señorías -vaya casualidad- para mantener el enredo como fin en sí mismo. Las leyes que nos complican la vida y dificultan la convivencia pierden su razón de ser. "El desconocimiento de la ley no exime..." y tal, imposible. Imposible que un país funcione cuando el inspector de turno emplea "su criterio" y los juzgados están colapsados. Un punto ciego, otro, otra de esas evidencias que tenemos delante de nuestros ojos y no somos capaces de ver. ¿Quién defiende al ciudadano de la verborrea legislativa que vomita el hemiciclo de Teobaldo Power? ¿La Constitución del 78? Apañados.

Ajustes. En la Constitución, precisamente. Eso defendía el nuevo ministro de Justicia, Rafael Catalá, para dar encaje a la "singularidad catalana" y me parece muy bien. Una modificación de la Carta Magna, rápida y por sorpresa, como en 2011, para sustituir "comunidad autónoma" por "estado federal" y listo, como es una cuestión de orgullo patrio, pues ya está, hala, y el resto lo hablamos en serio. Cuando alguien dice que no es cuestión de dinero, es cuestión de dinero.

Acertar. Decía César González Ruano, prolífico y controvertido periodista del pasado siglo, que él escribía todos los días el mismo artículo y que nadie se daba cuenta, ni siquiera él mismo. Sostenía que si no sabes escribir todos los días el mismo artículo o el mismo libro, es que no eres un verdadero escritor. Vaya reto.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Podemos incumplirá el contrato electoral

(Publicado en el periódico El Día el 13 de septiembre de 2014)

También. Igual que el resto de los partidos de la casta. El fenómeno tenía buena pinta: gente nueva, comprometida, con bastante formación y experiencia profesional en otras cosas, además de cierta garantía de democracia interna como ordena la Constitución del 78... todo en defensa de los ideales que estimen oportunos: marxistas, chavistas o lo que sean, impecable; que viva la libertad de culto. Criticar al adversario político a saco es una estrategia electoral que da buenos resultados, quedó demostrado en las europeas, y evidenciar los fallos del sistema resulta imprescindible para corregirlos, también estamos de acuerdo, ahora bien, utilizar las mismas mañas, mentir sin pudor para conseguir votos, resulta decepcionante a la vez que incoherente. Una pena.

Mienten. Cuando le dicen a la gente desesperada que recibirá 400 euros por barba (o sin ella) por la gracia del nuevo gobierno renovador o que impondrán sueldos máximos o cualquiera de las otras ocurrencias que ellos saben que nunca podrían poner en práctica, ni siquiera en el hipotético caso de que obtuvieran una mayoría suficiente. Mienten porque saben que no van a gobernar y la mentira les saldrá gratis. Además, si consiguieran pactar, que visto lo visto es muy probable, no les faltará tiempo para achacar al socio de turno la culpa del "no podemos" cumplir el compromiso; queda escrito. Mentiras o mentirijillas. Habla Carlos Alonso de huir de la política profesional y de la renovación en CC, bravo, pero me apuesto lo que sea a que no habrá ninguna cara nueva entre los cinco primeros de cualquiera de las listas, ¿qué se juega?

El contrato. La inexistencia de un contrato electoral -ni legal ni moral- es una deuda con el ciudadano pendiente desde la Transición. Desde el "Puedo prometer y prometo" del presidente Suárez, el pobre, que solo hizo lo que pudo, aquel "OTAN no" que Felipe González se comió con papas, hasta el más reciente incumplimiento del PP de Mariano Rajoy que basó su última campaña en bajar los impuestos para hacer después justo lo contrario, con alevosía y a plena luz del día. Prometer hasta meter y después de metido olvidar lo prometido... ¿cómo era aquello? Los programas electorales no tienen valor contractual, obligación ninguna. La corrupción de Pujol nos escandaliza pero toleramos las mentiras de Rajoy. Todos mienten a sus votantes, todos, hasta estos nuevos que son tan progres. ¿No será que con la verdad no se ganan las elecciones? ¿No será que nos dejamos engañar por interés de parte?

Queremos. Así se llamará mi nuevo partido político. Queremos mucho mejor que Podemos porque si uno quiere puede, querer es poder y todo eso, el refranero a mi favor. Queremos ser como los finlandeses con su sistema educativo o como los noruegos para sacarle jugo al petróleo para varias generaciones. En vez de soltar paridas y mentir, queremos copiar el sistema de seguro médico de Singapur, el régimen de los autónomos de Reino Unido o la ensaladilla rusa. Y como está de moda, queremos ser laicos y de izquierdas, una izquierda liberal que permita la actividad económica sin interferencias y que ofrezca servicios públicos de calidad. Y como está de moda, queremos también un régimen asambleario pero con abstención obligatoria para quienes tengan algo que ganar o que peder: si se pregunta sobre educación los maestros no votan, si es sobre pensiones los jubilados no pueden, sobre sanidad, los médicos al margen, y así. Cuento con usted.

Diada. El parlamento de la República de Gambia aprobó por mayoría declarar a los homosexuales como proscritos de la ley con condenas que pueden llegar a la cadena perpetua; todo muy democrático. La democracia es la dictadura de la mayoría y por eso no todo se puede dilucidar por votación.

martes, 2 de septiembre de 2014

Misión o propósito

Sobre el tema "misión" existe en la bibliografía y en el uso del término profundas discrepancias. Es frecuente confundir los objetivos con la misión y no son lo mismo. Las empresas la formulan con su política social corporativa, figura en los planes de calidad, pero muy pocos la comprenden y la comparten... incluida la propiedad y/o el equipo directivo. Cosas del consultor externo que se enrolla con una frase enrevesada al estilo carta a los Reyes Magos. Se habla de aquello que la empresa pretende ser, un referente en tal o cual aspecto, líder en su sector y no sé cuántas cosas más.

Podríamos convenir, como cuestión práctica, denominar misión o propósito de una empresa a su verdadera razón de ser, por tanto, un argumento incontestable dentro de la organización, aquello que alinea al equipo de trabajo, ese valor que los clientes aprecian para seguir siendo clientes y para emitir una recomendación sincera. Aquello que está siempre en el terreno del cliente: la misión de un pintor es que gusten sus cuadros, la de un restaurante que los comensales disfruten la velada, de la comida y de la experiencia personal, y así con cualquier otra actividad. Mi misión como comunicador es que mis comentarios resulten útiles para su empresa.

La misión viene a responder a la pregunta ¿qué puede hacer mi empresa por aquellos que quiero que sean mis clientes? Parece una obviedad pero no lo es, sin duda el primer paso del emprendedor (al que le presta poca atención) y también la primera cuestión que debe revisar un empresario que pretenda provocar un cambio en la marcha de su negocio.

Definir la misión permite evaluar si todo lo que hacemos persigue ese fin último y si no se gasta energía en cosas que no ayudan a cumplirla. Esta manera de entender la "misión" es muy útil para negociar cualquier cambio; con el ejemplo se entiende muy bien: todo el personal del restaurante estará de acuerdo en que deben hacer todo lo posible para que el cliente quede satisfecho y no solo con la comida que ingiere. La misión debe ser formulada de una manera sencilla, a modo de eslogan, siempre presente para trabajadores y clientes.

A diferencia del cumplimiento de objetivos, que no está en nuestra mano (no podemos obligar a un cliente a comprar), perseguir una misión permite trazar un plan, definir y ejecutar acciones concretas. En la medida que el personal del restaurante comprende lo que significa crear una atmósfera propicia y lo consiga, más posibilidades de tener éxito en el negocio. Misión y objetivos están conectados: si acertamos con la misión y nos enfocamos a ella, seremos capaces de alcanzar el objetivo que nos hayamos fijado. Descubra el poder de la misión.