viernes, 6 de junio de 2014

Fin del reinado

(Publicado en el periódico El Día el 6 de junio de 2014)

Del régimen. Se sacudió el yugo, le lavó la cara a su mentor y de paso a su partido como responsable de la política canaria de los últimos veinte años. Carlos Alonso sentenció "aquí no se puede hablar más que de fracaso", en efecto, por mucho que Ricardo Melchior, después de abdicar, sostuviera que si no hubiera sido por ellos el paro estaría ahora en el treinta y siete por ciento... No se consuela el que no quiere. Y Alonso tiene más razón que un santo: o rectificamos o de qué nos vamos a quejar. Aunque me da que anda algo desenfocado, esto no va de aptitudes ni de capacidades del ciudadano o del empresario, sino de un sistema pervertido que impide el sano y fructífero equilibrio entre la oferta y la demanda: Canarias está intervenida y adolece de seguridad jurídica con tanta burocracia estéril. Una buena estrategia, en cualquier caso, no eludir la realidad, aunque sea a título personal para desmarcarse de tiempos pretéritos y soltar lastre para el futuro.

De la ley. Decía Carlos Slim que un país puede ser como México o como Noruega, que ambos sistemas funcionan, uno con dinero y el compromiso firme del corrompido, y el otro con el estricto cumplimiento de las normas. En Canarias, ya ve usted, entre Pinto y Valdemoro, se hace política en el tribunal y si te pones majadero te demando por la vía penal.

Del petróleo. Todavía no, faltan un par de generaciones, al menos, hasta que inventen algo para impulsar los aviones que nos traen a los turistas, pero llegará, al tiempo. La discusión peregrina sobre su obsolescencia o sus riesgos que aplicada a cualquier otra actividad nos dejaría paralizados. Además, no son posiciones antagónicas: se puede fomentar las energías renovables y tratar de ganar dinero con el crudo. Recordemos el contubernio en la adjudicación de las autorizaciones que impidió que hoy haya más potencia eólica instalada, no sé si usted se acuerda, la manipulación del concurso por parte de los amigos de estos mismos que ahora van de ecologistas en coche oficial. ¿Se da cuenta, señor Alonso, cuál es el problema de Canarias?

Sindical. Cada vez más cerca, sin duda. Menosprecian a sus afiliados y ofenden a los ciudadanos cuando critican la bajada del paro porque dicen que en su mayoría se han firmado contratos temporales... Vaya, aun no se han enterado de que todos los contratos, todos, lo son -pague el empresario o ayude el Fogasa-, incluidos los suyos propios. Temporales, a tiempo parcial o cómo sea, lo importante es trabajar y demostrar al empresario (y a nosotros mismos) que los trabajadores no somos un recurso más sino la pieza clave de su negocio, que entendemos que su inversión, su disposición y sus ideas nos permiten, también a nosotros, disfrutar de bienestar. Triunfan las organizaciones que entienden que la empresa es un ente colaborativo con la misión de atender a sus clientes, a la que todos aportan.

De Juan Carlos I. Tenía que llegar por su lógica jubilación. Un tránsito constitucional que nos comemos con papas, con el cargo hereditario, su anacrónica ley sálica y su millonaria asignación presupuestaria. No creo que el cambio sea significativo, Felipe ejercerá a la perfección, seguro, está entrenado y hará menos el cafre que su padre. Como tenemos pendiente la revisión de la Constitución del setenta y ocho, ya habrá tiempo de discutir sobre la Jefatura del Estado, sobre su papel, su nombramiento y su estatuto. Es una figura necesaria, de acuerdo, pero no tan importante como pueda parecer. ¿Que sea elegido? Pues sí, sería coherente con nuestra convivencia democrática, y quizás con requisitos mínimos para los aspirantes, que hable idiomas, al menos. A lo mejor el Borbón se presenta y por qué no.

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