viernes, 22 de marzo de 2013

Pajaritos preñados

(Publicado en el periódico El Día el 22 de marzo de 2013)

Políticos. Siempre protagonistas. No saben lo que pasa en la calle. De las miserias, sí, dispuestos para la foto y la limosna, pero del drama de un país que no funciona, no, no tienen ni idea. Mas ¿qué podíamos esperar de una caterva de leguleyos que jamás se ha enfrentado ni a buscar trabajo ni mucho menos a tratar de abrir una empresa? Porque el problema no es de grandes leyes sino de pequeñas trabas cotidianas, enormes paradojas, piedritas que entorpecen la actividad económica y empujan a la parroquia al fraude y a una coexistencia sumergida al margen del sistema.

Autónomos. En qué cabeza cabe que el seguro de autónomo se pague por meses completos, cerca de trescientos euros en su versión más austera; y si el trabajo me sale el día veinte y no puede esperar... O a quién se le ocurrió que ese mismo valiente -el que se atreve a salir del mullido colchón de la chapuza sin factura- deba recaudar y liquidar los impuestos indirectos, el IGIC, para entendernos; liquidación que no se puede hacer desde casa con un formulario electrónico y una tarjeta de crédito, sino que requiere el clásico procedimiento de pedir número, hacer cola y rellenar los impresos por triplicado. Para la Administración el tiempo de sus administrados no vale nada, ninguna facilidad para que podamos cumplir nuestras obligaciones. De qué sirven medidas que incentiven el trabajo por cuenta propia con semejante embrollo burocrático y tales compromisos de pago nada más empezar.

El subsidio de desempleo. No está pensado para que el afectado encuentre trabajo antes de finalizar la prestación. Es entendible que un parado no acepte una oportunidad de prueba; se queda colgado si la cosa no funciona o si es solo por unos días o por unos meses. Además, el cobrar por no trabajar fija un umbral que hace poco atractivas casi todas las ofertas de empleo. La mayoría absoluta, seis millones de desempleados y un grave problema de déficit público, debería ser suficiente para que el partido en el gobierno proponga algo distinto; un partido de derechas, por cierto, poco sospechoso de fomentar la sopa boba, al menos en teoría. Y me atrevo a sugerir que el paro funcione como un seguro, que en vez de días, acumule dinero en la cuenta de cada cotizante, que podamos disponer de él cuando la necesidad apriete -con las limitaciones razonables en los pagos mensuales-, que no haga falta ser despedido para cobrar (esta absurda condición nunca la entendí) y que lo que sobre después de una vida de trabajo lo incorporemos a nuestra pensión de jubilación.

Sentido común. Te echamos de menos.

El REF y sus secuelas. Para qué sirve una flamante declaración de buenas intenciones en forma de ley, plagada de ayudas y subvenciones, si en la práctica no se cumple o se demuestra inaplicable. El legislador pretende que tales o cuales supuestos se puedan acoger a la reserva para inversiones, por poner un ejemplo, pero la inspección de Hacienda interpreta que no y punto; sanciona y reclama el impuesto no liquidado con sus intereses de demora; vaya usted después al juzgado. O que Canarias esté exenta del IVA, que obliga a todo el entramado aduanero que dificulta el libre comercio con el mundo globalizado y justifica la existencia del IGIC con su maquinaria recaudatoria... No creo que nadie haya hecho los números para comprobar si al ciudadano (y a la propia Administración) todo este jaleo le sale a cuenta. O la bonificación de las cargas sociales en los nuevos contratos laborales con requisitos que no se dan en este planeta. No tenemos un problema de estrategia política sino de pulir los pequeños detalles y, para eso, solo cabe remangarse y meter los pies en el barro.

lunes, 18 de marzo de 2013

¡¿Qué hago con mi vida?!


La Cámara de Comercio de Santa Cruz de Tenerife me invita, mañana martes, a dar una conferencia en su delegación sur, en Los Cristianos. Trataremos de despejar las dudas, ¿qué hacer?, ¿buscar trabajo o montar una empresa? En ambos casos veremos cómo empezar, que no parece nada sencillo.

Ya hablamos sobre este tema en La Laguna, en el mes de noviembre, con una notable asistencia de público y un animado debate que permitió resolver muchas cuestiones.

Es gratis y hay que inscribirse (pincha aquí).


viernes, 15 de marzo de 2013

Cuando yo sea presidente

(Publicado en el periódico El Día el 15 de marzo de 2013)

Paulino. Estuvo con nosotros en la presentación del Tenerife Network. La sociedad civil -empresarios y directivos- se organiza por su cuenta para colaborar, para buscar sinergias y generar relaciones de confianza. El presidente Rivero fue el invitado, habló y fue sometido al interrogatorio de los miembros del nuevo club, al que sobrevivió con entereza. Confieso que me quedé impresionado con su intervención, con su discurso fluido, plagado de axiomas cuyos principios solo él será capaz de descifrar, en definitiva, se cree y defiende con vehemencia su propia realidad distorsionada. Cuando yo sea presidente, en situación análoga, haré justo lo contrario: en vez de responder, aprovecharé para preguntar qué piensan quienes viven el día a día del mundo de los negocios y cuál es su visión para Canarias.

Preguntas. Le hice dos, con la venia. La primera sobre unas declaraciones suyas del año pasado en las que afirmaba que no quiere "ni subvenciones ni limosnas, sino instrumentos que nos permitan generar actividad económica"; que qué instrumentos barajaba su Gobierno. Soy mala persona, porque ya yo sabía que habían quedado en nada. Rivero capeó con cintura torera, relató las vicisitudes para acceder a la financiación de la UE, para entrar en el reparto de los dos mil no sé cuántos millones para el periodo 2014-2020 y se lamentó de los diferenciales de inversión per cápita por parte de la administración del Estado en las diferentes comunidades autónomas, con Canarias a la cola. Destila resignación, empeñado en buscar de dónde (fondos estructurales) y cómo gastar la asignación que pueda rascar: repartir dinero público como solución a la crisis; que la economía funcione no es su problema, o eso da a entender. Y de instrumentos ni mu.

Reparto. Que aplique la ley. La inversión pública en Canarias está regulada en el REF (una ley nacional, by the way) que la fija en la media y, si no se cumple -que no se cumple-, que reclame la diferencia en el juzgado con sus intereses de demora.

Iron Park. Mi otra pregunta. Tanto esfuerzo inversor para convertir a la isla del meridiano en referente de la autosuficiencia energética y ninguno para paliar la dependencia exterior en todo lo demás. Otro pase de pecho. Que si El Hierro tendrá su "sello de distinción" y que el herreño entiende que el futuro va de agricultura ecológica y de cuidar el parque temático. La guinda, afirmó, es conseguir que todos los coches sean eléctricos. Una isla para enseñar.

Disparates. Porque está convencido de que el problema de Canarias es que somos muchos, que no hay cama para tanta gente y que no defendemos "lo nuestro" con ahínco. No comprende que los territorios que funcionan -nuestras propias islas en sus épocas de bonanza- son aquellos que atraen emprendedores, los que aprovechan el ímpetu, las nuevas ideas y la iniciativa de los inmigrantes que luchan por su futuro. Mire a su alrededor y fíjese cuántos empresarios de éxito vinieron a generar riqueza y empleo. Rivero anunció nuevas tasas a la importación de papas, vinos y agua. Al revés del pepino, en vez de fomentar las bondades de la competencia y el libre mercado, más impuestos, más proteccionismo, más defensa del interés particular de vaya usted a saber quiénes.

El petróleo. No es que Rivero diga no (menos mal), sino que considera que el sistema utilizado para la concesión de la licencia de prospección, que da derecho a la extracción, en su caso, impedirá a la Administración cobrar por ello. Estamos de acuerdo: que Repsol gane dinero pero que pague su diezmo. Pues hable claro, ¿por qué no habla claro?, déjese de pamplinas medioambientales, exija que la explotación no se haga a menos de cincuenta quilómetros y que se regule un canon razonable que resuelva el déficit público.

viernes, 8 de marzo de 2013

Teoría de conjuntos

(Publicado en el periódico El Día el 8 de marzo de 2013)

Los menores de treinta. Entiendo la preocupación del legislador por fomentar el empleo en general y la pretensión de maquillar los datos del paro juvenil, en particular, por escandalosos. La generación perdida y blablablá. Y el gobierno actúa. Y ahora a los menores de treinta se le extiende la alfombra roja al mundo del trabajo: cincuenta euros al mes por darse de alta del autónomo -mientras cualquiera paga doscientos cincuenta- o exención del total de las cuotas de la Seguridad Social para los contratos en prácticas de personas sin titulación y otros cuantos supuestos. Es bonito, pero incluye letra pequeña... Hay que llevar no sé cuántos meses seguidos en el paro, que el nuevo contrato supere no sé qué plazo de duración y llamarte Ernesto. En definitiva, para aclararnos: se pretende incentivar al empresario que elija a una persona menor de treinta, sin estudios terminados, que lleve más de un año sin trabajar y con el compromiso de mantenerla muchos meses en el puesto. Desde el escaño puede que todo esto parezca un chollo.

Los elegidos. Ya no por el bagaje, las capacidades o las habilidades que el aspirante sea capaz de demostrar, sino por la concordancia con las bases de la subvención: la pela es la pela. De entre los que cumplan con el criterio de la bonificación, aquellos que encajen con las funciones a desarrollar. Una nueva línea a añadir al currículo profesional: "Le saldré barato; si me contrata podrá acogerse a las ayudas previstas en la ley". Y yo le recomiendo una segunda: "No fumo".

Los mayores de treinta. Nada que rascar. Esto tienen las subvenciones, todas y sin distinción, que desvirtúan el normal funcionamiento de los procesos de toma de decisiones. Un treinta y dos por ciento de ahorro salarial obnubila a cualquiera, que eso es lo que pagan las empresas en condiciones normales. Respecto al mercado laboral, el legislador, es decir, el poder político, o sea, los que ganaron las elecciones, que se dicen liberales, no podrían hacer nada mejor que mantener los mínimos que impidan el abuso y dejar que las partes se entiendan. Y si las aportaciones sociales son necesarias para mantener el sistema sanitario y las pensiones, pues iguales para todos, sin discriminación por raza ni edad. Para crear empleo parece más lógico quitar presión a las empresas, con una bajada generalizada de las cuotas, y que cada una contrate a quien quiera.

Los políticos. Que confunden cuáles son sus funciones. Sí, todos, y permítame que generalice. Porque ni la constitución ni los ciudadanos pretendemos que las administraciones públicas den respuesta directa a todos nuestros problemas. La confusión es importante: no es lo mismo prestar los servicios públicos y ejecutar inversiones de interés común que tratar de influir en el mundo de los negocios -apostar por un sector o por otro según augure el brujo de la tribu-, que es donde se genera empleo. El intervencionismo de izquierdas o de derechas no da resultado. Las subvenciones, insisto, distorsionan el mercado y producen enormes efectos perversos: eliminarlas de raíz sería una excelente medida de contención del déficit con efectos inmediatos sobre la economía, todas, incluidas las del plátano.

Los mayores de sesenta. Tenga en cuenta que le quedan por delante unas cuantas décadas por vivir y eso es mucho tiempo para dedicarlo a echarle millo a las palomas. No se precipite con la jubilación, prevea cómo quiere vivir y planifique sus finanzas personales. Con el trabajo cumplido el sistema, que paga su pensión, le da la oportunidad de dedicarse a lo que quiera. Quizás, desde la perspectiva de una jubilación inminente, decida usted retomar aquella vocación frustrada o dedicarse a los demás, que siempre reconforta. Importante luchar contra el aburrimiento y no renunciar a disfrutar de la vida.

viernes, 1 de marzo de 2013

Cómo encontrar trabajo

(Publicado en el periódico El Día el 1 de marzo de 2013)

Regale flores. Cuentan que las floristerías de Santa Cruz y La Laguna sufrieron una feroz inspección de trabajo el día de los enamorados. No se ría. Y no sé por qué le parece mal, al fin y al cabo, para eso están, reconozca que tiene su lógica. Evidencia, sin embargo, que la legislación laboral nada tiene que ver con la realidad de la actividad económica, lo absurdo del enredo burocrático, el tener que comunicar con carácter previo y la carga de impuestos que soporta la contratación de personal, que por ahí vendrán las infracciones, en su caso. Si lo que se pretende es recaudar las cuotas de la Seguridad Social, bastaría con liquidarlas al abonar los emolumentos y que aplique el contrato verbal con todas sus consecuencias. Total, dispuestos al fraude, si las dos partes quieren, nada que hacer. Una verdadera reforma laboral debería proponer la fórmula para que al menos una de las partes no quiera, no quiera defraudar, se entiende.

Vaya a pescar. Me cuentan también, aunque me cuesta creerlo, que un empleado le propone al empresario que le arregle los papeles del paro, que está cansado, que no quiere seguir en su puesto; sí, como lo oye, esto fue aquí, en Canarias, y esta semana. La cosa tiene su enjundia porque para cobrar el desempleo no vale la renuncia: deben pactar un despido ficticio. Dos se ponen de acuerdo para que uno reciba dinero público. Pero ¿qué hacer?; ¿qué hace el contratador con una persona que no quiere trabajar?: ¿despedirla?... entonces puede que ya esté justificado. Difícil solución y de complejo encaje moral. Una verdadera reforma laboral, amigos del PP, para prevenir el fraude, debería considerar el subsidio como un seguro de desempleo y que cada uno se lo administre como quiera. Que mi jefe se me sube a las barbas, pues hasta luego Lucas, pero todo legal. En este país renunciamos hace tiempo al treinta y cinco de la Constitución, ese que dice que tenemos el deber de trabajar y el derecho al trabajo.

Tenga cuidado. Porque la calle es territorio comanche. Que lo sepa, camina usted desprotegido frente al tráfico y no solo por carecer de parachoques o del airbag. Ya lo decía el Quijote: "Vaya la piedra contra el cántaro o el cántaro contra la piedra, malo para el cántaro", aunque algunos jueces no lo entiendan así. Tenga cuidado, insisto, porque en caso de accidente, conductor y viandante no son iguales frente a la ley. Algún día el mundo volverá a ser peatonal.

Sea feliz. No se engañe, necesita un plan.

Cuestione su vocación. Me inclino a identificar la no vocación como causa de gran parte del desánimo imperante. Aunque cualquiera esté dispuesto a trabajar "de lo que sea", cosas de la crisis, muy pocos tienen claro de qué, "tampoco hay dónde elegir", pensarán. Grave error porque la vocación debe dirigir nuestra carrera profesional, y ésta, estructurar nuestro proyecto personal: la felicidad requiere metas, logros y un sentido. Desarrollar una profesión -de aprendiz a maestro- no está en los planes. La formación sí, hasta por exceso, pero no es suficiente. No encuentras quien quiera ser panadero, jardinero o cajero de supermercado. Que se forme y que aprenda el oficio, porque cada profesión tiene secretos que hay que descifrar y llegar a dominar, hasta estar orgulloso de ello. A los profesionales se los rifan. Mi propuesta es muy simple: no busque trabajo por dinero, por tan poca cosa, busque trabajo por vocación, le garantizo que le será mucho más fácil encontrarlo. Que sí, que hay escasez de oportunidades, es verdad, y tanta carrera truncada y tantas ilusiones perdidas, que sí, tiene razón. Decida usted: llore y acepte su destino o póngase en marcha y empiece de nuevo, la maravilla del libre albedrío.