viernes, 28 de diciembre de 2012

Inocentes

(Publicado en el periódico El Día el 28 de diciembre de 2012)

Nosotros. A estas alturas todavía se justifican: "Si los de Bankia cobraron tantísimos millones por hundir una empresa o Urdangarín todavía no está en la cárcel, no voy yo a declarar todo lo que gano, que cada vez es menos; aquí engañamos todos". Y yo le replicaba: "No lo haga por ellos (los políticos), hágalo por usted, que podrá demostrar con números que la actividad funciona, que usted gestiona una empresa solvente; podrá acceder al crédito cuando lo requiera o vender el negocio por lo que vale, llegado el momento". No me entendía, la atracción del lado oscuro es demasiado tentadora. No somos inocentes. Cualquier hijo de vecino confiesa su fechoría con total desparpajo e impunidad, convencido de su pliego de descargo, con la conciencia tranquila. Somos cómplices necesarios y, por tanto, también culpables. Un deseo para 2013: que la apología del fraude sea delito, al menos delito moral, con penas de remordimiento y un par de noches sin dormir. El fraude ya lo es y está en el origen de todos nuestros males.

El Niño Jesús. Observación de mi hija adolescente: "Si contamos los años a partir del nacimiento de Jesús, ¿por qué se celebra en diciembre? La Navidad debería caer el 1 de enero". Lógica aplastante. Sí que es inocente, claro, y ella muy lista. Demuestra la transmutación del hombre y del mensaje, desde el "ama al prójimo como a ti mismo" a tantas verdades a medias y tal caterva de excepciones. Santa, go home y a los Reyes Magos: salud, salud y salud, y lo demás te lo buscas tú.

Rajoy y Paulino. No quieren, no pueden o no saben. Me inclino a pensar que no saben y tampoco preguntan ni están dispuestos a escuchar. Y así Rajoy afirma con contundencia suicida que "no hay alternativas". No habrá dinero, alternativas siempre hay. Demuestra que en el partido en el gobierno nadie se atreve a discrepar (por algo será) y que la oposición sigue en caída libre cuando la sociedad reclama/exige nuevas ideas, solo UPyD aplica cierto sentido común (sería suficiente). No son inocentes los políticos, no. Paulino Rivero parece que (además) no quiere acometer la inaplazable reordenación de la administración pública en Canarias (fusionar ayuntamientos, etcétera) o negociar el diezmo por la extracción del petróleo, en su caso, que nos hará ricos; si no quiere habrá que destapar qué intereses defiende. Petición en post data: a los políticos, valor, valor para acometer las reformas que permitirán preservar el bienestar a largo plazo.

José Bermúdez. El nivel se lo pone cada uno. Con su forma de vestir -cholas o zapatos, camiseta o camisa, según la ocasión- con sus modales, sus opiniones y la manera de expresarlas, educación, prudencia, el saber estar en toda circunstancia. Pero Santa Cruz, las ciudades, en general, no tienen voluntad propia, vaya descubrimiento. Se dejan hacer. Contrasta el esfuerzo en la plaza de San Francisco sin los contenedores de basura (qué pena el césped artificial) con la feria de pueblo en la Alameda (solo falta el perrito piloto) o la inexplicable ocupación de la calle del Pilar, qué necesidad. Un paso "palante", dos pasos "patrás". ¿Inocente? Si tratamos a Santa Cruz como a una putita, con perdón, eso será. Usted es el alcalde, pues eso.

2012. Año de la queja, adiós y gracias.

2013. Cuanta más presunta negatividad, mayores dosis de optimismo. A todo se acostumbra uno: al molinillo del café en el bar o al extractor de humos en la cocina. Solo cuando cesan percibimos el alivio. No se olvide y no se deje engañar: el futuro aun no existe, se forja con la concatenación de nuestro comportamiento. Dos propósitos para el año nuevo: decir que no (sin acritud) y no reír la gracia al fraude.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Política infame y pasividad en la brega

(Publicado en el periódico El Día el 21/12/2012)

UNANIMIDAD. La crisis que alinea a los no creyentes. No hay colectivo sumiso; desgañite general contra los recortes que proponen los representantes de lo público para el próximo ejercicio. Una queja piramidal que proyecta en su vértice las culpas a Merkel y a sus bancos acreedores. Respira Rajoy, que tiene quien decide y quien expíe sus pecados. Acertó Paulino Rivero al elegir su socio en Canarias con vía libre para imputar al PP. Hasta Melchior, que interpreta la felonía, todo por el pueblo, por su pueblo. Ah, y los alcaldes que reclaman lo suyo para seguir en lo mismo. En la base, al otro lado de la cama, los funcionarios que se resisten a los trabajos forzados y los sindicatos que justifican su existencia por obligación estatutaria. Espectadores; la mayoría resignada que paga impuestos espera que acaben el despilfarro y, los parados, desesperados, esa llamada de la esperanza. Y mientras, desde su cueva, se descojonan, con perdón, los listos que nadan en la economía sumergida y se recochinean en el fraude; se ríen impunes de Merkel, de Paulino, de usted, de mí y de su propia madre.
Sin ideas. Porque los pataleantes solo exigen que su partida esté en el presupuesto sin verificar siquiera si habrá dinero para sufragarla. Me da que no entienden el funcionamiento de lo público, el obligado equilibrio entre ingresos y gastos, la recaudación de impuestos que permite pagar los servicios, así de simple y, si no alcanza, se recurre al endeudamiento, ahora limitado por mandato europeo, by the way. Y como esto está montado así, y son las transacciones comerciales las que tributan, el dinero debe circular; de ahí la importancia de controlar los excesos y de evitar la salida de capitales del sistema. En vez de recortar sin ton ni son o de reivindicar continuidad en el derroche, parecería más inteligente demandar medidas de eficiencia en lo público y que fomenten la actividad económica, incremento que consiga bajar el paro, más liquidación de impuestos, etcétera. Quiero pensar que este desatino, este círculo vicioso de queja nacional, es consecuencia de una mano negra que actúa de mala fe, porque no puedo creer que este razonamiento no desvele a nuestros gobernantes como faro que guíe su conducta en pro del interés general. Será que los alemanes, ante la imposibilidad de devaluar la moneda, pretenden una depreciación sin piedad de la economía española; añorarán el ibérico de bellota a precio de frankfurter.
Liberalizar. Como mecanismo para que la economía funcione; está probado. La Historia nos muestra el éxito de la libre competencia para generar riqueza. En lo económico, libertad; en lo social, amparo e igualdad de oportunidades. Urge desmontar nuestro tinglado ultraperiférico, que ha demostrado incapacidad para adaptarse a este entorno cambiante y que nos condujo, paso a paso, a esta desazón en forma de treinta y tanto por ciento de paro. Puedo imaginar -como optimista convencido- a las hordas de manifestantes, a las puertas del Parlamento de Canarias, que obligan a sus señorías a derogar la maraña de legislación urbanística y medioambiental, incluida la moratoria turística, que, amparada en un noble fin, no impidió la especulación y ahora imposibilita cualquier inversión razonable. Y romper con las trabas aduaneras (los DUA inexplicables), que disuaden el comercio electrónico y la participación desde las Islas en el nuevo mundo globalizado, y otros tantos pequeños detalles. Deconstruir para reconstruir. Veremos la enorme presión ciudadana para hacer reconsiderar cualquier intervención de lo público en la economía de mercado, reservada a lo privado, y para suprimir las subvenciones (herramientas de clientelismo) que tanto distorsionan la toma de decisiones en las empresas. La Administración, que se concentre en la prestación de servicios, en perseguir el fraude y en hacer cumplir las reglas del juego. Estamos preparados para competir.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Todos protestan y nadie razona

(Publicado en el periódico El Día el 13 de diciembre de 2012)

"A Dios rogando y con el mazo dando"
(Refrán español)

EL PRESIDENTE del Cabildo de Tenerife quiere acabar sus hospitales comarcales, el de El Hierro que se garantice el transporte marítimo, médicos y enfermeros que no se privatice la sanidad, los políticos poder pagar la paga extra a sus funcionarios, los jueces mantener su dignidad, los morosos no abandonar su casa, los empleados de Iberia no perder el avión y los bomberos... bueno, los bomberos siempre se quejan, es su estado natural. Un repaso a la actualidad nos ofrece el más florido abanico de protestas de todas clases. Demandas que persiguen que sea otro el que resuelva el conflicto, porque su reivindicación, la de cada cual, es la más importante y merece ser atendida: "¿Qué hay de lo mío?, una razón de peso.
Otros ya han dejado la calle, por aburrimiento, será; aquellos que luchaban por la revolución española y pretendían el cambio de modelo. Se quejaban también, pero de otra manera, porque en su discurso había alternativas, un tanto disparatadas o utópicas quizás, pero alternativas al fin y al cabo. Entiendo mucho más razonable luchar para intentar cambiar las cosas que no funcionan, a que cada uno patalee por lo suyo: la recurrente dicotomía entre el interés general y el interés particular, insisto.
Porque nuestra primera institución insular podría prescindir de su Consejería de Acción Exterior, por ejemplo, por carecer de esa competencia como administración local. O vender sus participaciones en tantas empresas de tan variopintos sectores económicos, por idéntico motivo. Suficiente para liberar el dinero necesario para acabar y poner en servicio los hospitales del norte y del sur, como parece ser su prioridad. Pero no, es más fácil exigírselo al señor Rivero y de paso leña al mono que es de goma.
La protesta como instrumento del individuo en democracia, estamos de acuerdo. Pero si se abusa nos deja indiferentes. Hartos de la misma película, con los mismos protagonistas que se echan la culpa los unos a los otros y viceversa. Ya está bien. Y mientras, esperaremos pacientes a que se paren a razonar, al debate responsable sobre el fondo de los asuntos y a que se diseñe el calendario con las reformas inaplazables, antes que nos las imponga la UE de mala manera.
Y entre todas las reformas, hay una que no requiere consenso: que médicos y enfermeros, políticos y jueces, ciudadanos, morosos o no, empleados o desempleados, que usted y yo, seamos todos intolerantes con el fraude. Si lo piensa un poco, el fraude está en el origen de casi todos los problemas y es muy fácil de combatir: basta dejar de justificarlo, decir que no y actuar en conciencia. Nuestra sociedad atesora valores, toca usarlos.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Contra la economía sumergida

Al final el Gobierno de Canarias reacciona y le da la importancia que tiene para el futuro de las Islas la lucha contra la economía sumergida:

Es uno de los temas que machaco en este blog y en mis artículos de prensa. Hay más de veinte entradas y catorce publicaciones en periódicos:

jueves, 6 de diciembre de 2012

De vuelta con la moratoria turística

(Publicado en el periódico El Día el 6 de diciembre de 2012)

EL ANTEPROYECTO de ley espera su turno. No se cuestiona si conviene prorrogarla o no -que parece que sí-, sino cuáles deben ser las medidas que permitan mejorar la calidad de la oferta turística y renovar la planta hotelera sin incrementar el número de camas. De una primera lectura se desprende la voluntad del legislador de invertir la proporción entre plazas hoteleras y extrahoteleras en la provincia oriental, mantener las limitaciones a los nuevos proyectos para que sean de cinco estrellas y potenciar la policía turística como garante de la normativa; pues muy bien. Aunque me cuesta aceptarlo sin más, sin preguntarnos si una ley debe encorsetar, léase dirigir, todo un sector económico y por qué son estos y no otros los criterios a tener en cuenta.
A mi impertinencia el promotor de la idea podría responder que interesa porque nos ha ido bien; una afirmación incontestable si fuera verdad, claro, si no existiera la terrorífica estadística que correlaciona el número de turistas y el de parados (a más turistas, más parados) o que estos últimos sean ya un tercio de la población activa.
Desde la buena fe me da que esto de la moratoria es un "punto ciego", otro dogma del que nunca sabremos por qué. La intervención en las reglas del mercado de bienes o servicios, el que sea y sin excepciones, produce siempre efectos que se pagan caros; pregunte a su economista de cabecera. Entiendo las ganas de participar más, pensar que desde la administración se puede y se debe tomar la iniciativa, y no solo acondicionar y mantener el espacio público o apoyar la marca del destino: la política es tan, tan aburrida. Cualquier gobierno, respecto a la actividad económica en sí misma, que se limite a perseguir el fraude y la corrupción; una tarea enorme, por cierto, y que sigue pendiente.
Desde la mala fe veo una maniobra de los que ya están en el negocio para neutralizar competidores. No hay suelo turístico para nuevos proyectos y no hay posibilidad para imaginar algo distinto a las cinco estrellas. Para rehabilitar la infraestructura obsoleta, además de incentivos, bastaría liberalizar la competencia: adaptarse o morir, ya lo dijo Darwin. Y digo yo: ¿no tenemos miles de viviendas desocupadas, promociones a medias y enormes bolsas de suelo residencial -cuando aquello no se hablaba de la capacidad de carga, no debe de ser tan importante-, no está Internet con sus grandes posibilidades de contratación directa y de segmentación del cliente? Pues no sé qué impide utilizar suelo residencial para el uso turístico (son usos reversibles y compatibles) y de paso canalizar inversiones y crear muchos puestos de trabajo. No es una pregunta retórica.

Otros artículos de este blog sobre la moratoria turística:
 - El fin a la moratoria del 05/03/2011
 - La moratoria turística y la política de la presión, del 12/03/2011