jueves, 25 de octubre de 2012

La urgente reforma de la Constitución del 78

(Publicado en el periódico El Día el 25 de octubre de 2012)

"Las últimas consecuencias del espíritu individualista en la economía: la libre concurrencia se ha destruido a sí misma, la dictadura económica se ha adueñado del mercado libre".
(Carta encíclica del Papa Pío XI, 1931).

QUIZÁS crea usted que me he vuelto loco, que defiendo aquí la reivindicación de nuestros hermanos catalanes de enfrentar, al fin, el fenómeno secesionista. No, no es eso, me refiero a algo trascendente. Nuestra carta magna, la del consenso, la que está vigente, afirmo, necesita un profundo trabajo de chapa y pintura para transitar por este apasionante siglo XXI. Un nuevo texto constitucional que honre los valores como guía de la conducta, sí, algo tan básico, pero ahora ausente: los valores como pilares de la convivencia ciudadana.
Fue Alfonso Cavallé quien me abrió los ojos con su conferencia de la pasada semana sobre la conmemoración del doscientos aniversario de la Constitución de Cádiz de 1812, desconocida para mí, confieso. Disfrutamos con una inesperada interpretación humanista. Citó el artículo 13: "El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin último de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen". Fantástico, felicidad y bienestar, dos potentes ideas que debemos defender hoy en día con ahínco cuando la política se entretiene con distracciones mundanas.
Cavallé centró su disertación en el artículo 6: "El amor de la Patria es una de las principales obligaciones de todos los españoles, y asimismo el ser justos y benéficos". Qué maravilla, estas cuestiones en un texto legal: la felicidad, el bienestar, el amor, la justicia y la solidaridad, de las que adolece nuestra constitución postfranquista. El ponente hizo hincapié en la importancia de los deberes, que junto con los derechos son caras de una misma moneda.
Ser justos y benéficos, que alude a la conducta del individuo en todos los ámbitos, en sus relaciones personales, como guía para el legislador o para el gobernante, y también para el empresario. Frente al deber moral de la solidaridad, que sólo es exigible en conciencia, el deber jurídico lo es siempre. Constata la evidencia de que vivimos en sociedad, de que es necesario el compromiso por el bien común y nos protege de los comportamientos egoístas, del individualismo y de las proclamas liberales que vuelven a estar tan de moda. Y solidaridad también en el mundo de la empresa, porque no solo hablamos de capital y beneficios, sino de prestar un servicio a la comunidad. Y en los mercados financieros antes de que desaparezcan fagocitados por ellos mismos.
Reforma urgente, sí, para introducir valores y hacer que trasciendan a la vida pública y a la vida privada de los españoles.

jueves, 18 de octubre de 2012

Luchar contra el fraude no es cuento chino

(Publicado en el periódico El Día el 18 de octubre de 2012)

ENGAÑADOS como chinos por los chinos. Qué escándalo. La coladera sistemática de la aduana española en los puertos, la impunidad en el abuso comercial y laboral, el inexistente control en el movimiento de capitales y cuántas otras cosas. Además, ¿no enferman los chinos?, ¿no muere en España ningún residente chino? Un ejemplo cercano, en Santa Cruz, en el centro, hay un restaurante chino al que nunca entra nadie y no exagero, nadie en años, ¿de qué vive?, ¿cómo consigue pagar el alquiler y a los empleados? De servir arroz tres delicias no es, seguro.
Paraíso del fraude. Porque Spain is different. No es nada nuevo, eso ya lo sabíamos antes de conocer la operación policial que destapa esta red china trenzada para delinquir. Y no solo los chinos, aquí defrauda hasta el Tato. Porque la economía sumergida es el principal problema social en España, el origen de todos los males. El dinero sale del sistema y no paga impuestos; de los que trabajan en ella, muchos cobran subsidio y todos usan los servicios públicos por el ala; sufragar esos gastos genera déficit y ese déficit obliga a emitir deuda pública y a parar las inversiones; ese parón inversor frena la actividad económica, y sube el paro. El círculo vicioso fraude, déficit, deuda, no inversiones y paro. Si pagáramos todos no habría déficit, etcétera.
Un problema social porque en esta trama participan muchos cómplices necesarios. Todos los que saben y callan, por lo que sea, pero callan. Y esos pequeños fraudes cotidianos perpetrados por cientos de miles de personas, a pequeña escala, suman mucho más y perjudican mucho más que esa panda de chinos mafiosos. La lucha contra el fraude debe ser causa nacional. Sorprende que los que gobiernan no hayan llegado a estas simples conclusiones, aunque sea para defenderse de las encuestas que sitúan a los políticos dentro de los principales problemas de los españoles. Ningún partido lleva la lucha contra el fraude entre sus prioridades y ni siquiera Alemania la ha puesto como condición para el rescate; quizás ni se imaginan la magnitud del problema.
El exceso de funcionarios en aquellas áreas que regulan sectores que están paralizados se puede destinar a perseguir la economía sumergida; una sencilla convocatoria de cambio de destino, aunque sea provisional, con algún incentivo, sería más que suficiente. Y poner gente a pensar cómo actúa el defraudador, su modus operandi, en qué punto y cómo sería más eficaz el control fiscal. Y si resulta que las transacciones en efectivo son imposibles de controlar, a lo mejor hay que cambiar de estrategia, dejar de gravar las operaciones comerciales y pensar en otra manera más inteligente de recaudar impuestos o de pagar los servicios públicos. Y.

jueves, 11 de octubre de 2012

Obsolescencia política y oportunidades

(Publicado en el periódico El Día el 11 de octubre de 2012)

A BASE de repetirlo parece que ya nos queda claro. Lo de la crisis, eso de que vivimos inmersos en ella. Según los gurús la cosa va para largo, aunque quién se fía. En cualquier caso, bastante light, pero no me malinterprete: dígale usted a mi abuela que estamos en crisis, qué risa, ella que sufrió la postguerra con las cartillas de racionamiento y la estrechez... todo es relativo. Mas no se deje contagiar, la felicidad de las personas es un valor absoluto, créame y sea feliz.
Todavía no hemos tocado fondo ni en lo público ni en lo privado ni en lo colectivo ni en lo individual. Tantas ideas del pasado, dogmas de fe que nos impiden decidir bien para actuar en este entorno cambiante, porque no sobreviven los más fuertes sino los que evolucionan y se adaptan a las nuevas condiciones. Y esto no lo digo yo, la teoría es de Darwin.
La estructura territorial del Estado por provincias, diseñada en el siglo XIX, se superpone a la autonómica del XX y ambas a la europeísta del XXI. La tecnología -y no la política, ojo- hace inútiles, por redundantes, los municipios pequeños que tenían su sentido para dar servicio cercano al ciudadano. Problemas de obsolescencia. Igual ocurrió con la máquina de vapor, los coches de caballos o la fotografía con película, seguro que usted se acuerda. El arriero se resiste a aprender mecánica y electrónica; en el camino nos encontraremos.
En el mundo de la empresa toca amortizar las inversiones pensadas para el crecimiento exponencial, contabilizar los activos a su valor real y asumir las pérdidas, en su caso, cuanto antes. Y empezar a replantear el negocio desde cero porque los clientes son otros y las relaciones han cambiado, con los bancos, con los proveedores y con los trabajadores. Locales y naves más ilíquidos que nunca, ya solo valen por el dinero que su uso genere, si es que alguien obtiene beneficio. En esta época de incertidumbre triunfará el que ponga a jugar los fondos propios y las nuevas ideas.
Valores. En lo colectivo mantenemos todavía una postura permisiva con el fraude y la economía sumergida. Muchos, con nuestra conducta individual, somos cómplices y encubridores por inacción, por pereza o por vergüenza. Eso sí, estamos todos de acuerdo en que la culpa es de los que no vigilan, no inspeccionan y no sancionan; a mí no me mire. El perfeccionamiento de la conciencia responsable del individuo, una tarea improrrogable. Nada extraño, por cierto, la oposición al cambio es tan humana como la avaricia: qué fácil corremos hacia adelante sin miedo al abismo y cuánto nos cuesta dar un pasito atrás. Un pequeño paso atrás para coger impulso.

jueves, 4 de octubre de 2012

¿Qué hacer con tu vida?

(Publicado en el periódico El Día el 4 de octubre de 2012)

ESO TE PREGUNTARÁS si eres uno de los doscientos ochenta mil parados registrados en Canarias y quieres dejar de serlo. Perdona la puntilla, pero es que hay muchos que se sienten cómodos con el subsidio, con esa perversión del sistema que perjudica al interesado aunque no se percate; alguno me he tropezado. ¿Qué hacer con tu vida?, esa es la pregunta. Ya sabemos lo malo de estar sin trabajo, veamos qué podría tener de positivo.
De entrada te sobra tiempo. Tiempo que te sirve para pensar en la respuesta. Una idea: reconoce tu verdadera vocación, por inconfesable que sea -no es fácil, pero no te engañes-, no es preciso que se la cuentes a nadie. El deseo de alcanzar tu vocación es la mejor motivación para ponerte en marcha, créeme. Repasa si tienes formación suficiente y confiesa tus carencias. Tres tareas si estás en el paro: haz algo de régimen, un poquito de deporte y ponte a estudiar. No te va a costar porque has conseguido enfocarte a esa actividad que te apasiona.
Mientras, hay que ganarse la vida, claro, y tú tienes un plan, e investigas qué es aquello para lo que sí estás preparado que te acerque a tu destino, que te permita palpar el ambiente; y averiguas qué empresas hacen de eso y dónde están; e indagas más y te enteras quién propone las nuevas contrataciones y cuándo sustituyen vacaciones. Y te olvidas el curriculum en casa y tratas de conocer gente y te conviertes en una persona proactiva y amable que pregunta sin molestar, tú solo quieres ayudar. Y, en paralelo, sigues tu plan y te formas.
Quizás eres de esos que descubren tener madera de empresario: esa idea innovadora que te ronda la cabeza desde hace tanto. Y en vez de un empleo te decides a buscar clientes, eres un valiente. Pues muy bien, otra forma de conseguir el sustento, por supuesto, pero ojo, que el camino del emprendedor tiene una mala vuelta atrás, debes ir con pies de plomo: qué vendes, a quién, a qué precio, cuánto hay que vender para que el negocio merezca la pena y cómo te financias, porque una empresa no puede arrancar sin dinero. Y tratar con tus socios, con tus clientes, con tus proveedores, con tus empleados, con tu competencia... un mundo hostil que requiere habilidades que debes entrenar.
De estas cosas hablo en mis libros "Cómo encontrar trabajo" y "Ser empresario", y ya está a punto el tercero, una guía práctica para entrar en política. Sí, en política, para canalizar esa otra vocación, no como salida laboral, sino como dedicación puntual al servicio de la comunidad. Necesitamos gente capaz y centrada que se implique. ¿Te animas?