jueves, 23 de febrero de 2012

Europa es el pasado, África es el futuro

(Publicado en el periódico El Día el 23 de febrero de 2012)

NUESTRO régimen económico no funciona. Y no es una opinión, tan solo constato las evidencias: nuestra pérdida de calidad de vida, los datos del paro, con la gigantesca cifra de subsidiados, reales o ficticios, y además ese 60% de demandantes de empleo que no han completado la Educación Primaria. Incalificable fracaso de las instituciones y de las familias: tremenda pérdida de valores de unos padres que se desentienden de la formación elemental de su prole... Cuánto no habrá leído usted ya de todo este naufragio.
Y con este panorama, el presidente Rivero se empeña en buscar el futuro de Canarias en Bruselas y nuestros europarlamentarios -de todo color político- en Estrasburgo, para que no se reduzca la ficha financiera de las ayudas que sostienen nuestro chiringuito ultraperiférico. Me resisto a estar condenado a pedir ayuda por siempre jamás, confieso que me da vergüenza, me toca el amor propio, oiga, no sé a usted; una estrategia que se fundamenta en dar pena, qué quiere que le diga. Porque, además, tal epidemia de incentivos ha demostrado una más que dudosa eficacia: la RIC, el REA, la ZEC, el POSEI, la reducción de impuestos indirectos..., y al final tenemos la cesta de la compra más cara y los salarios más bajos. Ya le digo yo que esto no funciona.
"Felipe González nos engañó con la idea de Europa", escuché, "porque Europa pertenece al pasado, el futuro está en África". Y muy cabal proponía para Canarias ser plataforma para el tráfico de mercancías y de pasajeros, base de operaciones de las grandes corporaciones multinacionales que ven en el continente negro su escenario de crecimiento, ser la referencia tecnológica, el enlace en las telecomunicaciones. Hablaba de poner en valor nuestras excelentes infraestructuras al servicio de toda una sociedad en desarrollo. Y yo añadiría que tal enfoque nos pone en bandeja una inmejorable oportunidad para la gestión financiera -con estabilidad y seguridad jurídica- , para nuestras universidades, para nuestros centros sanitarios y para los de investigación agronómica: mil millones de personas a las que formar, atender y dar de comer.
En definitiva, mi amigo, que es liberal y un tío listo, pide una visión mercantil en la acción política canaria: Europa es la subvención, África es el mercado. El REF actual nos aleja del mercado y nos hace dependientes de un tercero que tenga a bien consignar el aguinaldo. A mí me da que este sistema de ahora ya no da para más, que debemos rectificar, usar la cabeza y pensar, quizás en clave africana, por qué no; nunca es tarde para tender puentes, para el diálogo, aunque primero haya que aprender francés.

jueves, 16 de febrero de 2012

Amigos del PP, que no, que yo no quiero despedir a nadie

(Publicado en el periódico El Día el 16 de febrero de 2012)

VAYA empeño en facilitar el despido. Y está bien, es un paso, y seguro que con buena intención, no lo pongo en duda, y actúan, que es lo que toca, y hacen uso de la mayoría absoluta, como debe ser. Pero eso solo no basta. Hasta el presidente RJ advirtió de que este año subirá el desempleo: "A los niños hay que decirles siempre la verdad", que decía Les Luthiers. Os habéis convertido en esclavos de vuestra propia y enorme responsabilidad, os mueve el deseo de solucionar el problema del paro, claro, pero es inútil legislar en base a axiomas erróneos.
Permítame (discúlpeme) que no llegue a comprender por qué acepta RJ una solución que agrava los síntomas y que tilde de inexactas las premisas sobre las que construye el PP esta fenomenal reforma del despido. No sé si usted se acuerda, pero, con la legislación laboral que ahora se deroga, llegamos a la menor tasa de paro registrada y la creación de varios millones de puestos de trabajo, muchos cubiertos por inmigrantes. ¿No será que el PP confunde su "misión" de procurar las mejores condiciones para la actividad económica con el "objetivo" de reducir el número de parados? El mismo error que el PSOE, por cierto.
Dedicarnos a aquello que no depende de nosotros sale caro, aunque se aprende rápido en el mundo de los negocios. Es una cuestión de enfoque. No me preocupo de captar muchos clientes, sino de dar buen servicio: acertar en lo segundo me conducirá a lo primero; el esfuerzo lo concentro en aquello que sí controlo. Procure legislar para favorecer a las empresas y verá cómo se crea empleo, señor presidente.
"Cabalgo sobre un tigre", repetía un querido empresario, "y si me bajo del tigre, el tigre me come". En este país, la empresa es aventura arriesgada y cuando llega el final, cuando ya el negocio no da más, se convierte en tortura. No solo la apertura, también urge facilitar el cierre cuando el empresario no quiere, no puede o no sabe. Porque una mala caída arrastra a los acreedores, que no cobran; a los competidores, que sufren las consecuencias perversas de la libre competencia cuando el moribundo liquida; a los trabajadores, que mantienen la ilusión de su incobrable -ahora mermada- indemnización por despido, y al propio empresario, que jamás vuelve a levantar cabeza.
Luche sin denuedo contra la morosidad y el fraude, y miéntanos, por favor, una mentirijilla piadosa, díganos que las cosas van a ir mejor para que vuelva la confianza, para que las empresas vendan más y terminen los recortes. Esperábamos ese pequeño embuste. Atrévase.

jueves, 9 de febrero de 2012

Tolerancia cero

(Publicado en el periódico El Día el 9 de febrero de 2012)

NI REFORMA laboral ni reforma financiera ni control del déficit. Que ya está bien, hombre, que ya está bien, que parecemos bobos. Esto es un pacto de Estado en toda regla para no mencionar la soga en casa del ahorcado. Ya me dirá usted para qué sirven todas esas medidas si no atajamos el problema de raíz, si no erradicamos el fraude, si no luchamos contra la economía sumergida de una vez por todas.
Permítame que insista porque, por lo visto, me he quedado solo. A nadie le importa. Somos un pueblo tolerante y así nos va. Y que conste que puedo llegar a entender la alegría del beneficiario de la tropelía, la que fuera, allá cada cual con su conciencia. Ahora bien, me resulta totalmente inadmisible que pretenda hacerme cómplice; que no, que yo no quiero saber el alcance del fraude, por favor, no busque ni mi indulgencia ni mi comprensión. No estoy para reírle la gracia a nadie, no sé usted. Prefiero no enterarme.
Quizás obedezca a nuestra herencia genética, esa risotada del público, en el bar, con las hazañas del parado que cobra subsidio y que trabaja en negro. No sé qué me molesta más, que lo haga o que lo cuente. "Si no fuera por la economía sumergida la gente pasaría hambre" se atreve a afirmar algún politicucho como ofrenda y justificación a sus parroquianos. Lamentable. Y es tal el desparpajo con que se narra el fraude que duele la falta de vergüenza. ¡Qué mal nos han educado! Y qué bueno que siempre haya a quien echarle la culpa. "Yo soy así", dijo Jack el Destripador.
Es tal el nivel de corrupción y tantas las ganas de satisfacer el interés particular de algunos, que el dinero del FROB -previsto para sanear las entidades financieras en dificultades- se ha usado para poner en la calle a miles de prejubilados con jugosísimas indemnizaciones y suntuosas prebendas hasta el día del juicio final. Millonarios que cobran el paro, claro, usted qué se piensa: el ciudadano apoquina por partida doble. Y mientras, el despedido, el pobre, se ríe, se ríe de usted y de mí y se vanagloria de su suerte. Dinero público para la reestructuración, menos personas que cotizan, más que cobran el subsidio, menos ingresos, más déficit público y más recortes..., y entramos en barrena, qué esperaba.
Puestos a buscar responsables por la crisis, canalicemos toda nuestra ira hacia tal caterva de defraudadores y sus cómplices: eliminar esas conductas nos sacará del pozo. Créame, mientras haya fraude el esfuerzo reformista es inútil. ¿A cuántos conoce usted? Yo ya decidí que no les voy a pasar ni una, pero oiga, sin acritud, ¡eh!; mera voluntad de supervivencia.

domingo, 5 de febrero de 2012

¿Eres feliz?


Te invito a reconsiderar tu felicidad. Bueno, sólo si eres de aquellos que (como yo) necesitan trabajar para vivir. Porque no se puede estar sin trabajo ni trabajar en algo o con alguien que no nos proporciona felicidad. Y es que no solo de dinero vive el hombre (ni la mujer).

jueves, 2 de febrero de 2012

Que los turistas paguen las tasas

(Publicado en el periódico El Día el 2 de febrero de 2012)

QUIÉN las iba a pagar si no. Con las tasas aéreas se liquidan los gastos en que se incurre cuando un avión aterriza, descansa y despega de un aeropuerto. Para eso están; ese es el sentido que tiene una tasa, la que sea. Su cuantía debe estar calculada para sufragar el coste del servicio público en cuestión, ya sea la recogida de basura, el uso y disfrute de la piscina municipal o las operaciones aeroportuarias. Una idea bien pensada: que sea el usuario el que pague las prestaciones que recibe. Impecable.
Por tanto, la cuantía de la tasa debe contemplar los costes de la actividad, unos fijos, independientes del número de usuarios, y otros variables. En el caso de los aeropuertos entiendo que no se incluya la amortización de las instalaciones, ya que estas enormes obras de infraestructura se ejecutan con cargo a los impuestos y casi siempre financiadas con ayudas europeas. Cuantos más viajeros menos tendrá que pagar cada uno por la limpieza de los cristales o por mantener encendidas las luces de la pista. El importe de la tasa -equis euros por pasajero- se debe fijar en base a los gastos reales del aeropuerto operativo y a las estimaciones de uso. No hay más.
Cabría analizar qué paga exactamente nuestro apreciado turista por usar cualquiera de nuestros aeropuertos. Ejercicio en el que podríamos cuestionar si la estructura de personal (incluido su convenio laboral) es la más eficiente para las tareas que desempeña, qué cometidos están contratados con terceros y en qué condiciones, los consumos de suministros, etcétera, en definitiva, cada uno de los elementos que hacen confortable y seguro el tránsito de los pasajeros, que de eso se trata.
Cuando se dice que los aeropuertos canarios son rentables dentro del conjunto de los españoles, debemos entender que tienen superávit, que con el cobro de las tasas sobra dinero. Como AENA funciona como un todo, los aeropuertos deficitarios cubren sus pérdidas con los excedentes de los primeros. Principio de solidaridad.
Pero, claro, en Canarias la actividad aérea ligada al turismo forma parte de nuestro negocio principal y lo suyo sería que el turista pagara estrictamente lo que cuesta el servicio, para aprovechar el enorme volumen de usuarios: a mayor número, menor precio unitario; así funcionan las economías de escala; así sí que se puede competir. Quizás haya que cuestionar ese principio de vasos comunicantes y pensar en bonificar las tasas en aquellos otros aeropuertos que no tienen suficiente movimiento y no como se ha planteado hasta ahora.
El contexto actual exige a la acción política canaria un enfoque más mercantil, ahora que la falta de recursos impide ahondar más en la vía de las ayudas directas o las subvenciones. Adelante.