domingo, 31 de julio de 2011

La auditoría de Cristina Tavío

(Publicado en el periódico El Día el 31 de julio de 2011)

SE EQUIVOCA. La oposición pide una auditoría porque quiere saber cuánto debe el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife. Y salió trasquilada. Al auditar las cuentas (solo) se verifica que la contabilidad es reflejo fiel de la actividad real que desarrolla una empresa o una administración pública. Y todos confían en la profesionalidad del equipo técnico municipal; seguro que el PP también.
Y está preocupada, lo propio para ejercer la oposición, pero divaga. Quizás pretendía que alguien analizara en qué y cómo se gasta el dinero público en nuestro municipio; en eso estarán todos de acuerdo... menos quienes conocen gastos inconfesables, claro. Es curioso que sea ella quien alce la voz, cuando hace unos meses la intervención municipal destapó la financiación irregular de todos los grupos políticos del consistorio, práctica que su partido calificó de "subterfugio" en rueda de prensa. Asunto, por cierto, que quedó en nada (se taparon unos a otros) y el dinero, que se sepa, no ha sido restituido a las arcas municipales.
Más que una auditoría deberíamos exigir un análisis de gestión: que alguien estudie cómo funcionan las cosas y que proponga cómo mejorarlas. La situación en el ayuntamiento capitalino es grave, grave en lo cotidiano. Y no solo porque se deriven recursos a pagar las comidas pantagruélicas de sus ediles sino por la filosofía de despilfarro con la que se gestionan los servicios municipales desde hace décadas; ni siquiera como acción concreta de una persona, sino fruto de un estilo de gobernar. Y ya llegará el momento de exigir responsabilidades; ahora urge desmontar el tinglado.
Son cuestiones muy terrenales las que lastran los presupuestos en Santa Cruz: electricistas que mantienen el alumbrado público o conductores de los camiones de la basura, por poner un par de ejemplos, que cobran muy por encima de los convenios provinciales; personal de seguridad y emergencias que disfruta de cuarenta y cinco días de vacaciones cuando para el común de los funcionarios (y del resto de trabajadores) son treinta; empleados públicos que reciben suculentos planes de pensiones y premios de jubilación; seguro médico privado y días libres de licencia que no están contemplados en la legislación que regula la función pública... Prebendas conseguidas por presión de sindicalistas irresponsables y gobernantes que pretendieron mantener la paz social (¿a qué precio?).
Del otro lado, del de los ingresos, también queda mucho por hacer. Es un via crucis pagar los impuestos municipales; increíble dados los avances tecnológicos disponibles. O los plazos para obtener una licencia de obras. Está pendiente facilitar de verdad la actividad económica.
Esto no se arreglará en esta legislatura, no importa, pero hay que empezar. Los vecinos debemos exigir al renovado grupo de gobierno (CC-PSOE) que empiece con paso firme, con visión de futuro.

sábado, 30 de julio de 2011

20 de noviembre, ya no queda casi nadie de los de antes y los que hay han cambiao

Jugada maestra. El día 20 que no es de abril, pero la letra de Celtas Cortos viene al pelo. En el 75, en el 20N no hubo colegio, gran sesión de dibujos animados en la televisión pública (la única) para conmemorar sutil acontecimiento.
En este 2011 España se enfrenta a su destino. Izquierdas o derechas y para tal decisión nada mejor que el simbolismo franquista. Este Rubalcaba sabe de lo que habla.
Tiene razón González Jérez en su columna de ayer viernes que identifica el mito de la excelencia de los gobiernos de Aznar, mito con pies de barro, y la sorpresa de los propios electores del PP que verán más de lo mismo en el paupérrimo candidato conservador.
Porque podremos estar hartos del talante de ZP y su demostrada inutilidad para ver algo de luz en el túnel de esta crisis que ahonda sus raíces precisamente en la boyante etapa de las bodas en El Escorial, pero la sensación es que la alternativa es aun peor y mucho más sosa, si cabe.
Este señor con barbas (¿tendrá algo que ocultar?) no tiene capacidad de liderar nada y mucho menos un país ávido de alguien que lo conduzca en la tesis del optimismo, en la reconstrucción de los valores, en el enfoque de lo importante sobre lo "políticamente correcto".
Más de lo mismo.
En cualquier caso nos enfrentamos a un curioso ejercicio sociológico: nuestra España maltratada siempre sometida al poder de nobles y caciques se enfrenta a una dura tesitura.
Sarna con gusto no pica. Aunque después nos arrepintamos todos.

jueves, 28 de julio de 2011

La tesis absurda del proteccionismo nacionalista

(Publicado en el periódico El Día el 28 de julio de 2011)

HICIERON falta noventa y tres millones de pesetas de entonces para que la Río Tinto Company Limited adquiriera en 1873 la propiedad de las minas homónimas de cobre, plata y oro situadas en la provincia de Huelva. Conocidas y explotadas desde la antigüedad, inversores británicos (y un banco alemán) apostaron grandes cantidades de capital por los últimos avances tecnológicos en la que sería la mayor y más moderna explotación minera de su tiempo.
La compañía construyó una línea de ferrocarril y una dársena en el puerto onubense, un hospital, barrios enteros, talleres e industrias en la cuenca minera, a los pies de la sierra de Aracena. Más de diecisiete mil empleos directos. En la ciudad enorme impacto, no solo en la cultura empresarial, sino en todos los ámbitos: fue allí donde el fútbol, el tenis y el turismo de playa se incorporaron a nuestra realidad nacional.
La empresa británica abandonó las minas en 1954 por falta de rentabilidad, después de ochenta años de actividad, y buscó otros caminos, otros continentes y otros minerales con los que retribuir a sus inversores. Así se mueve el capital.
Y deja secuelas: cientos de hectáreas de devastación, inmensos cráteres en un paisaje más propio de la actividad volcánica que de la económica. Mas la multinacional también trajo sus cosas buenas: sacó a todos de la miseria, con unas infraestructuras inimaginables para la época, provocó la inmigración desde otras partes de España (y del Reino Unido) y con ella apareció la iniciativa emprendedora. La Huelva de hoy -cosmopolita, industrial, agrícola, turística y forestal- es consecuencia de ese brillante pasado.
Por analogía pensé en Fyffes, esa otra gran corporación que pasó por Canarias, que pagó aguas, suelo y sorribas: millones de metros de tabaibas y cardones arrasados para los cultivos del plátano. Y en el italiano Mario Novaro, que innovó en la conserva del pescado con la técnica del autoclave en Cantera, en el sur de La Gomera.
Nuestra revolución llegó con las inversiones en turismo. Bendito capital, catapulta a la senda del progreso y al Estado del bienestar. Y también atrajo a mucha gente de fuera, con ideas e iniciativa, para espabilar al nativo. Y se hicieron las cosas bien: el sector público acompañó con grandes obras de carreteras, playas y aeropuertos, y se dispuso servicios y se reguló el desarrollo y se protegió el medio ambiente.
Debemos recordar la importancia de los grandes inversores internacionales, del gran capital, y mimarlos, alegrarnos de que se lleven suculentos beneficios. Hospitalidad interesada, quizás. Centrémonos, pues, en crear las condiciones para que tales inversiones tengan lugar. Urge simplificar el sistema antes de que el negocio se agote.


jueves, 14 de julio de 2011

Grecia (quizás España) en suspensión de pagos

(Publicado en el periódico El Día el 14/07/2011)

LA UNIÓN Europea protege a los bancos alemanes, ¿hasta cuándo? Esperamos con curiosidad el traslado de las pérdidas a sus accionistas por tantas operaciones de préstamo fallidas y a que empiece a caer la bolsa de Frankfurt: baja el telón, fin de la función.
Los gestores públicos griegos han demostrado irresponsabilidad con el dinero dilapidado; los prestamistas alemanes aún más. Hay dos reglas de oro inquebrantables para quien se dedica al negocio bancario: que el prestatario tenga capacidad de pago y que aporte las garantías suficientes. Parece que en este caso no se cumple ninguna. Quien pide dinero y no puede devolverlo se mete en un lío; quien lo presta en tales circunstancias se pone en evidencia.
Del Egeo nos llegan noticias del abono de pensiones a funcionarios fallecidos o de las prejubilaciones de peluqueras por actividad peligrosa; picaresca light si la comparamos con nuestra vergonzosa realidad del PER, del absentismo laboral o de la retribución horaria de cualquier conductor de la basura varias veces superior a la de un ministro. Fenómenos vernáculos incompatibles con la pragmática flema de nuestros socios anglosajones.
Pero ha llegado la hora. Los diferenciales del interés de la deuda española alcanzan niveles de usura y la prima de riesgo raya el absurdo -¿qué empresa dispone de solvencia para asegurar tales emisiones de deuda?- además de resultar incomprensible (especulativa) si tenemos en cuenta la realidad de nuestro déficit público, muy por debajo del estadounidense, por poner un ejemplo paradigmático. Que un país como España se financie con deuda en época de recesión económica es lo propio, y no por ello debe pagar unos intereses desorbitados.
Gana la política liberal: la aclamada regulación del sistema financiero y la refundación del capitalismo las dejamos para otro momento, que ahora nos da la risa; vaya oportunidad perdida.
Al estado griego, instigado por los mercados que ya asoman espuma por la boca, solo le queda instar el concurso de acreedores, la antigua suspensión de pagos. Y como un país soberano no puede llegar a liquidación (bien podríamos imaginar las islas griegas bajo la soberanía del Deutsche Bank), la intervención acabará en convenio, en un acuerdo razonable para pagar lo adeudado. El administrador concursal no lo tendrá fácil, deberá oxigenar el sistema, levantar alfombras y poner a todos a trabajar. Cabría esperar escasa contestación ciudadana. Con media sonrisa confesarán: "Jamás pensamos que la avaricia de otros permitiera semejante despilfarro".
Qué importante resulta tener peso internacional, qué trascendente usar el sentido común, qué necesario anticipar un futuro cierto; qué cosa ajustar los gastos a los ingresos; qué simple luchar por la regulación de los mercados financieros; cuánta lógica en buscar el consenso para el bien común.

(Pablo Zurita Espinosa es Ingeniero Agrónomo e Interim Manager)

viernes, 8 de julio de 2011

Política o futuro, el dilema de Ana Oramas


DE LA INTERVENCIÓN de Ana Oramas en el Congreso de los Diputados de la semana pasada sólo se habló de la amable despedida al presidente ZP. Pobre hombre, designado chivo expiatorio para todo el país y para parte de su partido, con cuyo sacrificio "muchos creen que lavaremos nuestros pecados de ambición desmedida, de locura económica o de falta de previsión", según palabras de la propia diputada por CC en su comparecencia matinal.
El discurso de Oramas fue brillante, mujer de Estado, aprovechó su oportunidad para repartir estopa a tirios y troyanos; espetó a la Cámara contundente que España necesita que le digan a la cara "que para salir de este pozo en el que estamos hace falta un esfuerzo y un sacrificio colectivos". Trasladó responsabilidad de los ciudadanos, que la tenemos, pero no rehuyó la autocrítica: "Los últimos años que hemos vivido nos dejan un país en el que mucha gente no cree en las instituciones, un país en el que los políticos somos considerados como una casta de irresponsables, privilegiados o simplemente incapaces". Chapeau. Quizás, en sus escaños, sus señorías se retorcieron avergonzados...
"Los ciudadanos deberían saber, señor Zapatero y señor Rajoy, que su incapacidad para entenderse le cuesta mucho dinero al contribuyente"; "la política es la síntesis de pensamientos diferentes y la hemos convertido en la antítesis de los discrepantes"; "aquí se puede venir a dos cosas, a hacer política o a hacer futuro y hay momentos en los que hacer las dos cosas es incompatible"; "estamos en bancarrota democrática".
Y en plena exaltación de la improrrogable regeneración de la gran política nacional, Oramas aterrizó sin paracaídas en la cruda realidad de sus votantes y le recordó al presidente que no podía olvidarse de la rehabilitación de Las Chumberas: "¿Dónde está Las Chumberas?".
Si en España -que aspiraba no hace tanto a estar entre los elegidos del G8- un pleno del Congreso y el señor presidente en persona tienen que ocuparse de estos asuntos, muy mal andamos, sin entrar a valorar el problema y con todos mis respetos por la preocupación de los vecinos. Demuestra, sin embargo, cómo considera CC a su socio parlamentario: ¿qué hay de lo mío?
No tenga dudas, señora Oramas, en su intervención apostaba por hacer futuro, perfecto, hágalo, pero no renuncie a hacer política, política de altura, la política de hoy que condiciona lo que ocurra mañana.
En la defensa de los intereses de Canarias, en la defensa de nuestro propio proyecto país, cabría preguntarnos dónde están los otros catorce diputados en Cortes y por qué se trata nuestras cosas con tan escasa vehemencia. Habrá que actuar. En breve podremos cambiar de jugadores.