jueves, 31 de marzo de 2011

Soberanía alimentaria

(Publicado en El Día el 31 de marzo de 2011)

Una cuestión mercantil. Los agricultores canarios renuncian a la producción de alimentos para el mercado interior. Y no es una opinión: más del ochenta por ciento de las frutas y verduras que se consume en las Islas entra por nuestros puertos atlánticos. Tanto peor ocurre con la carne, la leche, los cereales, las legumbres o el aceite, por citar algunos ejemplos. Magnífica oportunidad de negocio.
Habrá quien diga que no podemos producir de todo en Canarias, que no tenemos las extensiones de territorio ni la masa crítica ni recursos suficientes, ni podríamos competir en precio con los que circulan en el mercado mundial. Y es verdad, cultivar arroz podría parecer un exceso. Mas no hablamos de autoabastecimiento, sino de generar riqueza en un sector estratégico, dejado de la mano...
En lo referente a la agricultura, no se discute (error) por cuestiones de viabilidad o innovación técnica, sino sólo por las de índole económico; y van juntas. Es difícil que despunte una agricultura avanzada en este ecosistema compartido con un quehacer tradicional, rudimentario, bucólico-pastoril, una segunda actividad considerada sostenible en vez de competitiva por los sucesivos gobiernos que hemos padecido.
Nuestra política agrícola se fundamenta en la ley franquista del REF y sus secuelas ultraperiféricas (me cuesta asumir que somos seres ultraperiféricos), legislación perversa que prima a los productos foráneos en detrimento de los cultivos locales. Los grandes importadores -los tapados del poder- reciben dinero por traer de fuera (me cuesta entender la lógica de semejante destino para el dinero público). Quizás haya que animar a los que entren en mayo para que cambien el paso, ayudar a vencer la presión.
Canarias vive de acoger y atender personas, visitantes temporales o nuevos residentes, con una población que sigue en aumento, pese a quien le pese, y que así sea por muchos años. Personas que consumen alimentos -vaya cosa-, una fuente inmensa de clientes ávidos de productos frescos y de calidad... y he ahí el enorme reto que afronta el sector primario.
Aprovechar esta coyuntura parece tarea fácil en un país como el nuestro, de enorme raigambre agrícola y ganadera, con unas condiciones de clima inigualables, en el que se han inmovilizado millones para acondicionar suelos e instalar regadíos; en donde disponemos de una escuela superior de agronomía, de centros de investigación de primer nivel y de muchos profesionales que esperan su momento después de años de rellenar subvenciones.
Qué oportunidad nos presenta el futuro de hacer negocio y de generar empleo. Debemos pensar en ello, modificar con imaginación las normas que sojuzgan la actividad productiva, que distorsionan el mercado y posibilitar las inversiones en agricultura: el primer eslabón de la cadena.

domingo, 27 de marzo de 2011

Inauguraciones

Yo inauguro,
tú inauguras,
él inaugura,
nosotros inauguramos,
vosotros inauguráis,
ellos inauguran.

Impresentable conducta.

jueves, 24 de marzo de 2011

Ansiado cambio de tendencia


El aleteo de una mariposa en el Rin desencadena lluvia bendita en Canarias. Era previsible. Mejora la situación económica en los países europeos emisores de turistas y por lo tanto, mejoran también las cifras de nuestra principal industria. Los negocios que tienen clientes funcionan, así de simple. Recuperamos clientes, vuelven, por fortuna; estarían abatidos con tanta negatividad, cierta o inducida, en un sector tan sensible al estado de ánimo.
Confluyen otros factores coyunturales. Los movimientos sociales en el norte de África, por ejemplo, que eliminan competencia por efecto de la inseguridad. Estas cosas ocurren, por desgracia, lamentamos el sufrimiento de la población y deseamos que acabe cuanto antes, pero debemos aprovechar la oportunidad, sin más consideraciones.
Que sí, que hay quien insiste en la catástrofe para seguir echándole la culpa al gobierno (quítate tú para ponerme yo) y de paso mantener este ambiente de pesadumbre que limita la confianza, que ayuda bien poco a la economía, dicho sea de paso, y que condiciona la felicidad de las personas. Mucha ambición torticera, escaso pragmatismo y nula consideración al interés general. Debemos combatir a quienes se alegran del mal colectivo.
Que sí, que habrá además quien considere esta recuperación como un espejismo, dirán que Canarias no funciona, que la educación es un desastre, que la sanidad pública languidece, que el tejido empresarial está desestructurado, que no hay cohesión social. Y puede que sea cierto, que todavía esté todo por hacer, que continúe el fraude generalizado y que se haya perdido el tiempo. Eso no impide que nos alegremos de que algo vaya mejor. Debemos defendernos de quienes sólo ponen pegas.
Canarias saldrá adelante gracias al turismo, diga lo que diga quien lo diga. Es más, de esto ya se hablaba en 2008 cuando se destapó el escándalo financiero mundial. Ya se comentaba que veríamos la luz en el momento en que Alemania y Reino Unido recuperaran el pulso y justo eso es lo que está pasando. El turismo empujará al resto de la actividad económica.
Con los ingresos cambia el escenario. Comienza un nuevo ciclo, anticipado en Canarias. Los que tienen dinero (el dinero de verdad) verán la oportunidad de hacer negocio. Veremos como bajan los tipos de los depósitos bancarios, como suben los intereses de los préstamos y como crece la inflación. Los chollos actuales animarán la inversión y con ella empezará a salir gente del paro.
Alfombra roja a la inversión: suprimamos la moratoria, simplifiquemos los trámites administrativos y las relaciones laborales, persigamos la economía sumergida. Hay buenas noticias, felicidades. Debemos estar contentos y preparados para la acción.

martes, 22 de marzo de 2011

Internet frente a la prensa escrita


Que en internet está el futuro (presente) de la comunicación no lo duda nadie. Sin embargo, todavía existe incertidumbre respecto al tiempo que tardaremos en llegar a la hegemonía de este nuevo medio, a la debacle definitiva de la prensa en papel... que muchos auguran en breve.
De momento no hay color.
Un ejemplo reciente con mi último artículo publicado en el periódico El Día "La moratoria turística y la política de la presión" y en su página web www.eldia.es.
Pese a que es la web líder de audiencia de la prensa en esta provincia con más de 25.000 visitantes únicos diarios, sólo 1.375 internautas leyeron mi columna, los que entraron directamente y los que fueron dirigidos desde mi Facebook y desde el de algún amigo que compartió el enlace (sumamos el efecto de las redes sociales tan de moda). Ese día, la información más visitada superó apenas los 2.100 lectores. Es decir, que la gente entra a la web mira los titulares con sus resúmenes, pero pincha poco en las noticias.
Por contra, el periódico El Día que se distribuye por toda las islas, tiene una audiencia media de 204.000 lectores diarios, de los cuales sólo un pequeño porcentaje leyó el mencionado artículo (en número más que los de internet, con toda probabilidad), pero muchos miles se percataron que ese sábado en cuestión a alguien con mi nombre le publicaron un comentario con ese título sugerente.
Ni la tele mató la estrella de la radio (video killed the radio star) ni internet acaba con la estrella de la prensa... de momento.

jueves, 17 de marzo de 2011

El miedo

Aunque haya quien lo niegue o quien lo pretenda disimular, somos seres emocionales. Emociones que están alojadas en la parte más profunda del cerebro, controlables, según el caso, pero inevitables. Nos dominan. Habla Coleman de la 'inteligencia emocional' cuando el individuo las consigue dominar.
Aunque no siempre es posible racionalizar. En el mundo de la empresa y las relaciones laborales las emociones juegan un papel principal y no sólo cuando las cosas van mal. Las relaciones entre las personas marcan la diferencia entre un proyecto de éxito y otro condenado a fracasar. Relaciones entre los propios compañeros, con los clientes, con lo proveedores y con la sociedad en su conjunto.
Y resulta básico identificarlas. Para la resolución de problemas es fundamental conocer qué emoción está en juego y acertar con la respuesta.
En una empresa con problemas económicos, por ejemplo, prevalece el miedo como emoción básica, sentimiento que se confunde con la ira. Todas las partes enfadadas, se busca culpables, todos se lamentan de lo que pudo haber sido y no fue... pero en el fondo hay miedo.
Miedo a perder el empleo, miedo a los cambios, miedo a perder el esfuerzo de una vida, miedo a una situación incierta y, por tanto, miedo a la falta de seguridad. El miedo, como el resto de emociones básicas, es mal consejero para resolver problemas cuando las cosas se ponen mal.
Hay situaciones que requieren actuar con la mente fría, en las que se debe intervenir con poca carga emocional.

sábado, 12 de marzo de 2011

La moratoria turística y la política de la presión


(Publicado en EL DÍA del 12/03/2011)
Improvisado debate, nada frecuente en prensa, sobre un tema de alcance. Y es que Ricardo Peytaví, columnista de este periódico, polemiza con mi propuesta de revisar la conveniencia de la moratoria turística; un desacuerdo argumentado. Debo agradecer al director de este medio (El Día) que me permita la réplica.
Sostiene el señor Peytaví que un destino turístico es algo muy delicado, cuestión que según nos relata tienen muy claro en la Florida, tanto que en ese Estado se espera hasta veinte años para conseguir la licencia para un nuevo hotel. Se pregunta si la aprobación de la moratoria en Canarias pudiera ser entendida como egoísmo empresarial -yo no he dicho nada-, y él la defiende como ejercicio de responsabilidad.
El ejemplo norteamericano es bueno. En efecto, podrá ser una de las economías menos intervenidas del planeta, pero también es la cuna del lobby como elemento de gestión política. Los lobbies, esos grupos de personas influyentes, organizados para presionar en favor de determinados intereses. Siempre se pega lo malo. Que le pregunten a los plataneros por el éxito de sus movimientos en la Unión Europea.
Cabe preguntarse quién defiende el interés general.
No soy nada sospechoso de defender el liberalismo puro, mas tampoco entiendo la reserva del mercado para un determinado grupo de actores. Tales prebendas tienen una difícil justificación y entonces se argumenta con dogmas de fe: territorio saturado, superación de la capacidad de carga (demográfica) o "no hay gente para tanta cama" como afirma Peyatví en su amable respuesta. Y nos convencen y la moratoria turística se aplaude como garante del Estado del bienestar.
Quien compra pensión completa por diecinueve euros diarios debe importarle poco qué se va a encontrar; y quien la vende acelera (o busca) su quiebra definitiva. Allá él. Otra cosa es que la Administración permita el fraude y que haya hoteles que lucen varias estrellas cuando están listos para demoler. A eso me refería cuando pedía el fin de la moratoria, un mecanismo que ha demostrado que no mejora la competitividad y además impide que se materialicen inversiones en el único sector económico que evoluciona favorablemente. Y sin inversión no habrá empleo.
Hay suelo urbano apto para el uso turístico y promociones inmobiliarias a medio terminar afectadas por la especulación financiera, sin futuro. El turismo no es una actividad coyuntural en Canarias y considerarla estratégica es poco.
(Las entregas anteriores también están en este blog)


lunes, 7 de marzo de 2011

"¿Moratoria? ¿Qué moratoria?"

Contesta Ricardo Peytaví en El Día de hoy a mi artículo publicado el pasado sábado titulado "Fin a la moratoria". Apela a la responsabilidad, yo también, aunque desde diferente enfoque. Quizás sea este el inicio de un debate necesario. Esto cuenta Peytaví:

"CONFIESA Pablo Zurita lo mucho que le cuesta entender que en Canarias siga vigente la moratoria turística. He leído su artículo publicado el sábado en este periódico para llegar a la conclusión de que no puedo estar más en desacuerdo, eso sí, con una salvedad. Califica el señor Zurita, por lo demás apreciado amigo, a dicha moratoria como una potente intervención en la actividad económica que beneficia a unos y perjudica a otros. Intervención desde luego que sí; potente, más bien no. Y en cuanto a lo de beneficiar a unos y perjudicar a otros, plena coincidencia de opiniones. La moratoria beneficia a la mayoría de la población del Archipiélago y perjudica a unos pocos empresarios, amén de los correspondientes políticos necesarios, que sólo saben ganar dinero poniendo un ladrillo encima de otro aunque apenas quede un metro cuadrado de terreno útil para seguir construyendo. Pero vayamos por partes.
En 1991 asistí a un congreso internacional de empresas de multipropiedad -o timesharing, si alguien se siente más a gusto con la terminología anglosajona- en Orlando, Florida. Esta modalidad de pasar las vacaciones cada año en un lugar diferente, fraudes aparte, se estaba extendiendo entonces por todo el mundo y Estados Unidos no era una excepción. Razón suficiente, además del propio lugar de la convención, para que aquello estuviese lleno de hoteleros gringos. En una conversación de bar tras las sesiones de un día le pregunté a uno de ellos si resultaba fácil, en cuanto a trámites administrativos, construir un hotel en Florida. "Oh, sí, siempre que esperes diecinueve o veinte años por la autorización", fue su respuesta en un español acentuado a medio camino entre Cuba y México. Y eso en el país que presume de tener la economía menos intervenida del planeta. Libertad de empresa sí, pero boberías no. Porque una cosa son las papas con carne o el arroz con leche, y otra la viabilidad de algo tan delicado como un destino turístico. Todo el mundo sabe, y cabe suponer que el señor Zurita también, que el producto más perecedero del mercado no son las manzanas, las peras o los bubangos que se venden en la frutería de la esquina, sino una habitación de hotel. Los bubangos todavía se pueden vender al día siguiente con un poco de suerte; la habitación que se queda desocupada una noche, se ha quedado sin vender para toda la eternidad.
Años después de aquella experiencia en Orlando, ya bien entrado el 2000, asesoré en cuestiones de comunicación a un grupo de hoteleros tinerfeños interesados en que se estableciera una moratoria. Lo consiguieron sólo a medias. ¿Egoísmo empresarial? Alguien puede pensar que sí. Yo lo vi, y lo sigo viendo, como un ejercicio de responsabilidad. Dándole la vuelta al título de una pegadiza canción, ni entonces ni ahora había gente para tanta cama. Ni la habrá -Dios nos libre- incluso contando con que nos llegue ese millón adicional de turistas del que habla Paulino Rivero. Diez años después de aquella iniciativa, y tras una moratoria muy descafeinada, las consecuencias han sido las previsibles: el año pasado se estaban vendiendo estancias con pensión completa en algunos hoteles del Puerto de la Cruz por diecinueve euros diarios. No sé cómo está la cosa este año. Prefiero no preguntar para no alarmar aun más. En cualquier caso, estimado Zurita, tampoco hay mucha moratoria que suprimir."


domingo, 6 de marzo de 2011

"Papas dumping"

Dice Wladimiro Rodríguez Brito en su artículo dominical de esta semana en El Día.

No es nuevo que el profesor denuncie estos temas y razón no le falta. Lo que viene ocurriendo con la agricultura en estas islas atlánticas no tiene perdón.
Sin embargo, es significativo que lo diga él que lleva más de 15 años en política activa como Consejero del Cabildo de Tenerife en el mismo partido que gobierna Canarias también desde hace muchos años. Quiero pensar que es impotencia ante la realidad de un mercado que tiene muy poco de mercado.
Cuando dice "estas líneas no son sólo de reflexión sino que quieren plantear un giro en la política agraria y económica en Canarias para los próximos años" y finalmente lo que propone es subir los aranceles a las papas... en fin. Wladimiro, tiene usted razón en casi todo, como casi siempre, pero habrá que echarle algo más de imaginación.
Mientras el viticultor no entienda que los vinos de cosechas anteriores no deben estar en las tiendas junto a los insuperables caldos del año, mientras la Cooperativa de Benijos comercialice papas de Reino Unido creando la confusión en el consumidor y sin potenciar el valor de lo propio, y mientras no luchemos por implantar un nuevo sistema de regulación, no hay nada que hacer. No sé si leyó mi propuesta para fijar los precios mínimos de venta...

sábado, 5 de marzo de 2011

El fin a la moratoria

(Publicado en el periódico EL DÍA el 05/03/2011)

Resulta difícil de entender que en Canarias siga vigente la moratoria turística y más aun que ninguna fuerza política inste el debate sobre su conveniencia. Puede que esa iniciativa tuviera sentido en aquellas condiciones del entorno o al menos así se justificó; en realidad resulta ser una potente intervención en la actividad económica que beneficia a unos y perjudica a otros.
El legislador entendió razonable, y ahora propongo cuestionar, que en Canarias sólo se permita la construcción y puesta en explotación de hoteles de gran lujo, actividad que requiere una enorme inversión de capital y para la cual no todas las parcelas disponibles son aptas. Pretendería homogeneizar la oferta, apostar por el turismo de calidad, loable acción, aunque no tiene por qué ser garantía de éxito; de hecho, no todos nuestros clientes son iguales ni disfrutan del mismo poder adquisitivo.
Las limitaciones de la moratoria apartan del negocio turístico a muchos empresarios (canarios o no) que pudieran estar dispuestos a realizar inversiones más modestas y ¡qué bien nos vendrían! Pudiera ser también que esta estructura legal persiguiera salvaguardar a los que explotan infraestructuras obsoletas que no podrían competir si aparecieran operadores que oferten camas de nueva planta. O que esta alteración premeditada de las reglas del juego del (sagrado) libre mercado tuviera la finalidad de proteger las inversiones de las grandes cadenas hoteleras para liberarlas de competencia. Como vemos, cabría múltiples conjeturas.
Dicen que no caben más camas turísticas en Canarias, dicen que el territorio no soporta más presión edificatoria… pero, ¿quién lo dice? Destinar suelo a una actividad económica de primer nivel es una decisión inteligente, suelo que además, en la mayoría de los núcleos turísticos, ya está urbanizado. Apuestan por la renovación de la planta alojativa, pero “por qué meterme en líos si el que compite conmigo está igual o peor que yo, cuando esto se venga abajo ya veremos que lo que hacemos”.
La Administración debe asumir su papel inspector, garante de la normativa aplicable, ser estricta y mandar cerrar al que no cumpla, al que cometa fraude, al que pretenda vender un producto turístico que no llega al mínimo exigible. Las leyes no deben frenar sino regular, la Administración no debe prohibir sino exigir.
Y es fácil. Esta comunidad autónoma tiene un parlamento con capacidad de legislar, que lo haga, que acabe con la moratoria. No podemos esperar más, Canarias debe salir de la crisis ya.